A tomar un café, a ver una película. 
A tu casa, a la mía. 
A la parada del bus o a la librería.
A visitar a tus padres o a tus demonios.
A buscar calor o a combatir el frío.
Hasta a la fiesta de tu tío.

Para no sentir tu ausencia.
Para escapar dentro de tu presencia.
Para que no me importen las horas.
Para confundir el futuro con el ahora.
Para que mis pesadillas se vayan.

Que quiero suspirar.
Que quiero reír.
Que quiero de tus brazos nunca salir.
Que la soledad me estorba

Por favor. 
Por las razones que quieras. 
Por las que te exponga. 
Por las que viajan entre el silencio de nuestras sonrisas 
y la complicidad de nuestras miradas.

Llévame... Y no me sueltes.



El grito. Resonaba una y otra vez, descansaba sólo para volver con más fuerza. Jarek… estaba ganándole tiempo, sacrificándose por él. El grito, era de dolor, desesperación… pero sonaba demasiado cerca. Jarek estaba fuera de la habitación, en el piso inferior ¿Cómo era posible escucharlo con tanta claridad? A menos que no fuera Jarek… sino él quien gritaba.


Remigras se levantó del suelo con una sonrisa en el rostro.
-Mis disculpas, cazador. No pude hacer una buena actuación ni cuando era humano. Debías tomar eso por voluntad propia y no se me ocurrió otra manera. Claro, ayuda tener a la desesperación como audiencia- Remigras hablaba para él solo.
Jared estaba frente a él gritando tan fuerte que opacaba otros sonidos. Hasta el de los gritos de su hermano en el piso inferior. Remigras podía escucharlo dando pelea allá abajo pero nada iba a cambiar lo que pasaría.

Cuando iba a ordenar a sus creaciones que lo mataran se le ocurrió una idea mejor. Poética. Del capullo humano en el que su nueva creación se estaba gestando saldría algo hambriento, y él tenía el bocado perfecto. Le avisarían cuando atraparan a Jarek, lo traerían y él lo ofrecería como una bienvenida a su creación.
Jared seguía gritando pero se mantenía de pie, cada vena de su cuerpo se comenzaba a hacer visible a través de su piel, y al mismo momento a tomar una tonalidad negruzca para luego volver a desaparecer. Remigras podía sentir la energía siendo liberada dentro del cuerpo humano, adaptándolo, convirtiéndolo. Haciendo de él un hogar. La emoción hacía erupción dentro de él. Ya quería tocarlo, analizarlo, medir el alcance de su poder. Lo que fuese a salir de allí sería hermoso. Hermoso y poderoso.

Los gritos cesaron, y con ellos todos los sonidos. Remigras estaba a la expectativa y Jared cayó de rodillas en el suelo con la mirada vacía, la cara enrojecida y húmeda por las lágrimas y los gritos. Remigras había dado dos pasos hacia él cuando de la nada tinieblas envolvieron a Jared, dejándolo dentro de un capullo de total oscuridad. El capullo no era sólido, más bien una cortina de humo muy espeso entre el demonio y el cazador. Remigras se veía tentado a pasarla y tomar su nueva creación pero sus fallidos experimentos le habían enseñado acerca de la paciencia.

La puerta de la habitación se abrió y las criaturas entraron llevando a Jared inconsciente. Por lo irreconocible de su cara, había puesto resistencia hasta agotar las pocas fuerzas que le quedaban. Ese espíritu de lucha hacía su victoria aún más dulce. Remigras se acercó al bulto sangriento que el cazador ahora era, dudaba que le quedara mucha sangre dentro de su cuerpo. Puso la mano en su hombro y hundió su pulgar en la herida de bala. Jarek despertó gritando.
-¡Bien! Estás despier…- Remigras fue lanzado al otro lado de la habitación.

Lo primero que Jarek vio fue a Remigras siendo lanzado por los aires. Detrás de él estaba Jared con la cabeza baja y una especie de neblina negra a sus espaldas que parecía querer envolverlo. Jarek se retorció tratando de soltarse del agarre de sus captores pero estaba demasiado débil. Trató nuevamente cuando escuchó el gruñido de las criaturas pero volvió a fallar, su hermano seguía parado inmóvil frente a él. Jarek quería gritarle que corriera pero por más que intentaba no encontraba la fuerza para abrir la boca o emitir un sonido. Las primera dos fueron por él, lo que pasó le dio las fuerzas para ahogar un grito. En un parpadeo Jared pasó a estar detrás de las criaturas y, como si estuviesen hechas de agua, las atravesó con sus manos. Eso fue suficiente para que todas las demás fuesen por él, incluso las que sujetaban a Jarek. Cuando cayó al suelo sintió dolor en todo el cuerpo, y agradeció por eso. El dolor significaba que aún estaba vivo, y si estaba vivo podía sacar fuerzas para matar a lo que sea se estuviese pasando por su hermano, encontrar al verdadero y salir de allí. Pero primero necesitaba levantarse.

Cuando Remigras trató de levantarse se dio cuenta que su brazo derecho estaba destruido. La mano se había ido hacia atrás y los huesos estaban afuera, formando junto a la piel una extraña “v”. Remigras sonrió. Ese nivel de fuerza eran buenas noticias. Con sus dientes se rompió la otra muñeca y bañó de sangre su brazo destruido mientras hablaba en lengua demoniaca. La sangre comenzó arder y donde las llamas tocaban las heridas éstas eran sanadas. Mientras esperaba podía escuchar a Jared luchando, mejor dicho, descuartizando a sus otras invenciones. Y aún no alcanzaba sus poderes. Todo estaba yendo bien, y hubiese soltado una carcajada si tuviese a Jared en sus dominios y no en una pocilga del mundo humano. Cuando las llamas se extinguieron, su brazo estaba como nuevo, con él quitó todos los escombros de su camino y los lanzaba hacia atrás. Llegó donde estaba Jared despedazando y gruñendo de ira. Con sus poderes lo ató al suelo, que no hizo nada para bajar la ira.
-Calma Jared. Ya tendrás mucho tiempo y muñecos para jugar y drenar tu energía, que por lo visto tienes más de la que pensaba- Jared estaba cubierto de sangre y viseras e inmóvil en el suelo seguía tratando de atacar. Las criaturas que quedaban se reunían detrás de Remigras. Eso le causó risa. Jared le había infundido miedo a seres cuyos sentimientos habían sido removidos.

El hombro comenzó a escocerle a Remigras. Un pedazo de hueso estaba enterrado en su piel.
-¡Jarek!- saludó -Qué bueno que estás con vida. Hay alguien aquí que quiere saludarte- Remigras levantó a Jared del suelo pero no lo dejó ir. Jarek se mantenía de pie usando la poca fuerza que había logrado acumular, Jared era la marioneta de Remigras. Cuando Jarek vio a los ojos de su hermano lo supo, era él. No importaba que estuviesen cubiertos de negro, ese era su hermano. Ese maldito le había hecho algo, pero seguía siendo su hermano. Apretó su mano izquierda, empapándola de su sangre. Sólo le quedaba una jugada.

Remigras hizo una seña con su mano libre y lo que quedaba de sus criaturas fueron tras Jarek. A medida que avanzaban, la presión en el brazo que estaba controlando a Jared aumentaba. Remigras miró extrañado a ambos hermanos ¿Podía ser? El creciente esfuerzo para inmovilizar a Jared le decía que sí. Pero era imposible, ya Jared no debía saber quién era su hermano. Para cuando Remigras iba a desaparecer para llevarse a Jared, era demasiado tarde. Sus criaturas estaban sobre Jarek y Jared estaba iracundo. La neblina negra salió de su cuerpo y lo envolvió. Remigras sintió el momento exacto en que su agarre fue anulado, Jared salió en una furiosa estampida con la neblina negra tras el como una especie de capa, de protección.

Las criaturas no lo vieron venir y para Jarek era difícil hacerlo. Su hermano estaba convertido en una iracunda bestia de ojos negros que rasgaba carne como si fuese nada. Jarek estaba listo para hacer su jugada cuando algo extraño pasó con Jared. Se quedó inmóvil y comenzó a toser. Las pocas criaturas restantes comenzaron a atacar a Jared. Uno de ellos tomó un pedazo de madera de los escombros de la masacre y lo clavo justo en el pecho.
-¡NO!- Jarek y Remigras gritaron al unísono y se vieron a los ojos desde distintos extremos. Jarek supo lo que significaría que el demonio pusiese las manos encima de su hermano. Aprovechó el momento en que Remigras acababa con sus criaturas restantes en un ataque de ira para tomar ventaja. Una parte de la pared de la casa voló en pedazos, el lugar donde Remigras había dirigido su ataque a Jarek, que cayó de rodillas y se deslizó hacia su hermano. Jarek le mostró el dedo medio y luego la palma de la mano, en ella el hechizo que le quedaba con una perforación hecha con el hueso con el que Jarek le había atacado. Remigras abrió los ojos sorprendido y corrió hacia ellos pero no fue lo suficientemente rápido. Jarek apoyó su mano en el pecho de su hermano y una intensa luz blanca llenó todo el cuarto.

Cuando la luz se extinguió Remigras estaba solo en lo que quedaba de la habitación, con parte de su cuerpo quemado por el hechizo. Su gritó llegó a cada esquina de la casa.


Maximilian estaba escribiendo en su estudio cuando sintió el hechizo de transporte ser activado. Sus ojos se nublaron mientras veía donde aparecían Jared y Jarek. Había establecido el hechizo para que no los llevara a la casa pero sin especificar a donde. Cuando supo dónde estaban se transportó hasta allí sin dejar rastros de energía que pudiesen ser leídos por otros sacerdotes.

Apareció en un pequeño parque a unas cuadras de la casa, la energía moribunda del hechizo le decía a donde ir. El sol estaba por salir, debía llevarlos a la casa sin levantar sospechas. Cuando llegó a donde lo guiaba la energía sólo encontró a Jarek, inconsciente. Tenía la ropa rasgada y estaba cubierto de sangre y heridas. No quedaba mucha fuerza vital en él. Maximilian se agachó para tomarlo y entonces escuchó un gruñido tras él. Se volteó listo a atacar pero la sorpresa lo dejó inmóvil.

Jared estaba frente a él, con ojos cubiertos de negro, un pedazo de madera ensangrentado en la mano y un hoyo en su pecho. Sin que Maximilian hiciera algo, cayó a los pies del sacerdote.

-Demonio- susurró. Y los tres desaparecieron.


Jared entró dando tumbos a la habitación, era la única que no estaba cerrada de las que había encontrado. Jarek gruñó del dolor y comenzó a retorcerse para deshacerse de su agarre.
-¡Jarek! Quédate quieto
-La puerta ¡La puerta, coño!- Jared lo dejó ir pero se mantuvo muy cerca. El color en la cara de su hermano comenzaba a desvanecerse. Jarek llevó su mano derecha a la herida en su hombro y la empapó de su sangre, luego la juntó con la puerta, que hizo un sonido parecido a la puerta de un avión sellándose. Jarek retiró la mano para llevársela al pecho. No gritaba de dolor porque sabía que estaba siendo observado. Jared se acercó y pasó su brazo por los hombros de Jarek.
-Voy a matar a Maximilian
-Cállate y ayúdame a llegar a la otra puerta
-¿Cuál otra puerta?- Jarek señaló hacia el fondo de la habitación. Tenía razón, había otra puerta, pero no parecía dar hacia el pasillo sino a otra habitación. Jared admiró a su hermano, aún herido tenía sus sentidos en alerta. Jared lo ayudó a llegar y Jarek repitió el proceso, pero en lugar de ver como su hermano se tragaba el dolor, Jared lo acercó y empujó su cara contra su pecho. Jarek mordió la ropa pero eventualmente dejó salir un grito.

Lo que Max le había dado a Jarek eran hechizos simples, el que acababa de usar era de protección y básicamente selló la habitación. Ni la fuerza física más grande iba a poder romper esas puertas, estaban a salvo. Pero eso venía a un precio. Como Jarek no era un sacerdote, necesitaba su sangre para activar el hechizo, y al hacerlo éste se llevaba una parte de su energía vital. Al no tener el entrenamiento apropiado, eso era extremadamente doloroso. Y en el estado en que estaba, ese no era un lujo que podía darse.

Con cuidado, Jared sentó a su hermano en el piso y lo recostó de la pared, desgarró parte de la camisa para dejar la herida al descubierto. Tuvo mucho control de su cara para no expresar todo el miedo que lo asaltó al verla. Las armas de Jarek tenían una increíble potencia, hacían un desastre al disparar a un enemigo lejano. Un disparo a quemarropa se veía horrible. No tenía que preocuparse por la bala ya que estaba dentro de Loredas en ese momento pero había varias cosas para ocupar su lugar. La sangre seguía saliendo y el hueso estaba perfectamente visible.
-No debiste hacerlo, Jarek
-Te iban a llevar. Es todo lo que importa- Jarek hablaba con el rostro volteado hacia el lado opuesto de la herida.
Tenía miedo. Jared lo sabía porque el de él lo estaba devorando por dentro. Si un médico o Max no veían a Jarek… Jared negó con la cabeza. No, iban a salir de esa maldita casa.

Jared se rasgó su camisa y con eso hizo lo que pudo para vendar la herida de su hermano. Jarek se aferró a su antebrazo mientras él apretaba, incrementando la fuerza de agarre a medida que el nudo se hacía más apretado. Cuando terminó, Jarek intentó levantarse. Jared lo mantuvo en su sitio.

-¿A dónde crees que vas?
- Estar aquí no te garantizara la vida, salir de aquí, sí
-¿A qué te refieres? ¿Por qué…- Jared se quedó callado. Las intenciones de su hermano lo golpearon y el silencio que reinaba en la habitación no hacía nada para negárselo. –Jarek…
-Hay algo aquí que te quiere. Ese demonio, Loredas, me agarró a mí por error, es a ti a quien quiere, y estoy seguro que no es el único demonio aquí
-No me importa. Estamos seguros aquí, ya pensaremos en algo. Podemos…- Jarek tomó con fuerza a su hermano de los hombros.
-Tengo un hueco enorme en el hombro y quedarme aquí es morir desangrado frente a ti sin que puedas hacer nada. Tengo que asegurarme que vas a salir de aquí

Jared no podía sostenerle la mirada a su hermano, comenzó a buscar por toda la habitación por una ventana, algún punto que sirviera para anular el estúpido plan de Jarek, pero no había nada. Sólo un hueco en el techo que dejaba entrar luz de luna pero demasiado alto para que fuese humanamente alcanzable. Jared volvió a devolver la mirada hacia su hermano pero todo lo que pudo ver fue algo yendo hacia él antes de que la oscuridad cubriese todo.

Jarek atrapó el cuerpo de su hermano con su lado sano. Con cuidado lo dejó en el suelo, recostado de la pared. Jarek se miró su mano izquierda y el símbolo que llevaba. Esa era una salida fácil. Un hechizo de transporte. Los sacaría de ahí en un respiro pero no podía controlar dónde caerían. Si lo hacían en la casa, todo el clan les daría la espalda por tomar la salida de los cobardes, especialmente siendo los únicos sobrevivientes. No se vería bien para ellos, fácilmente podían ser acusados de abandonar a sus compañeros. No iba a arriesgar a su hermano a eso, si iba a vivir, que lo hiciera sin acusaciones o dudas. Jarek se inclinó y dejó un beso en la frente de su hermano, el nudo en su garganta se hizo más denso.

-Te amo, imbécil. Cuida de Karen por mí- Jarek salió por la puerta lateral, deshizo el hechizo y volvió a cerrar la puerta. Mientras fuese cuidadoso y nadie lo viera saliendo de allí, su hermano estaría a salvo. Todas las criaturas estaban reunidas en la puerta del pasillo. Llevaba sólo un revolver, sostener algo con el otro brazo era inútil, podía sentir como los nervios comenzaban a morir y su brazo se convertía en un inútil pedazo de carne y huesos colgante. Había miles de posibilidades pasando por su cabeza, pero esa…esa tenía que ser la que le asegurara a Jared escapar. Tenía que serlo.

Jarek abrió la puerta de la habitación conjunta hacia el pasillo y se adentró en los pasillos, tomó un pedazo de escombro del suelo y lo lanzó al piso inferior mientras bajaba por las escaleras. Cuando llegó al centro del recibidor vio hacia arriba y ya estaba rodeado. Todas esas cuencas vacías apuntaban en su dirección. Jarek se aferró a su arma y para sí mismo hizo algo que no había hecho desde que su gemelo había necesitado cirugía en la cabeza: Rezó.


Remigras se sujetaba la mano que el hechizo protector le había quemado al tratar de abrir la puerta de la habitación donde se habían resguardado los hermanos. Estaba tan cerca… y los cazadores seguían poniendo piedras en su camino. Afortunadamente para él, sabía la distribución de esa casa. En la habitación contigua había una puerta que conectaba a esa.
-Quédense aquí- ordenó a sus creaciones –si algo se mueve fuera de esta puerta, atrápenlo pero no lo maten. No quiero más errores- Las criaturas no dieron ningún tipo de respuesta y él no la necesitaba. Sabía que obedecerían, y la lengua era lo primero que les había quitado comenzando sus experimentos de transformación. Los gritos era la parte que menos disfrutaba de sus experimentos, le hacían perder concentración.

Frente a la puerta, Remigras agitó su mano para abrirla con sus poderes pero nada pasó. Lo intentó nuevamente, esta vez con un poco más de fuerza, pero fue lo mismo. La puerta absorbía sus poderes. Estiró la mano para abrirla pero volvió a ser quemado antes de siquiera tocarla. Remigras maldijo y lanzó un ataque completo que tampoco hizo algo para abrirla. Antes de que intentara algo más radical, la puerta se abrió. Si el cazador no hubiese estado mirando a un lado al salir, se hubiesen encontrado cara a cara. Remigras aprovechó los preciados segundos y se ocultó. El cazador pasó a su lado sin percatarse de su presencia y a Remigras nada le indicaba que era el hermano que quería. Su contacto dentro de los cazadores le había provisto de una muestra de sangre de Jared que ahora estaba dentro de Remigras y con ella podía diferenciar a los gemelos. Sólo tuvo que poner un pie dentro de la habitación para que sus adentros le dijeran que el inconsciente apoyado en la pared era Jared. Estaba completamente a su merced y su protector lo dejaba para disfrutarlo.

No más piedras en el camino. No más espera. Remigras cerró la puerta con una sonrisa.


Fue un grito que hizo eco en su cabeza y un dolor que lo atravesó con la velocidad de un rayo. Jared despertó abruptamente y comenzó a buscar desesperadamente por su hermano, barrió la habitación con los ojos dos veces. No estaba. En ninguna de las dos inspecciones se dio cuenta de quien lo miraba desde debajo de la ventana. No lo hizo hasta que lo escucho saludar.
-Hola Jared- Jared respondió instintivamente a la voz que no era de su hermano. Buscó por sus armas pero no tenía ninguna. Nada de pistolas o cuchillos. El extraño rio, se levantó del suelo y se acercó. Cuando la luz iluminó su rostro, toda la atención fue hacia los ojos completamente negros. Jared se levantó y buscó en el cuarto de nuevo, esta vez por algo que usar. El demonio sacó un cuchillo que Jared reconoció como suyo. Y para su sorpresa se lo entregó.
-Sólo quiero hablar, cazador. Necesito tu ayuda- Despacio, prestando atención a cada movimiento, Jared se inclinó a tomar el cuchillo.
-¿Qué quieres?-
-Ya te lo dije, ayuda. Al igual que tu hermano allá abajo- Eso lo alarmó. Lo había hecho, había ido. Maldito Jarek.
-Tengo que ayudarlo-
-¡No puedes!- El demonio lo tomó del hombro para detenerlo. Jared empuño el cuchillo con fuerza y atacó. El demonio retiró la mano a tiempo. –No duraras si sales. Tanto tú como tu hermano serán descuartizados por esas cosas. Son demasiadas-
-Me las he visto peores- el demonio se interpuso entre él y la puerta. Estaba prohibido pero Jared comenzaba a considerar matarlo. O al menos cortar algunos músculos de su cuerpo humano. –Esta es la única advertencia que te daré: Quítate. Necesito ayudar a mi hermano-
-Lo que harás será lo contrario si sales. Tu…- el golpeteo repetido de un objeto cayendo desde la ropa del demonio lo interrumpió. Jared se movió más rápido que él y lo tomó. Era pequeño y transparente, dentro había algo negro, una sustancia muy viscosa. Cuando Jared acercó el recipiente para ver mejor su contenido, éste comenzó a desprender un leve brillo que fue del violeta al rojo y viceversa.
-¿Qué es esto?- el demonio hizo el intento de tomar el envase pero Jared fue más rápido. Se dio cuenta de otra cosa -¿Qué pasa con tus poderes?- por la forma en que el demonio se retrajo en sí mismo, Jared había hecho la pregunta importante. Y no hacía falta que él respondiera.
-No los tienes…eres un demonio rastrero- El demonio se lanzó sobre él pero se detuvo tan pronto como lo intentó. -No soy un demonio rastrero. Alguien me quito mis poderes, y he trabajado muy duro para tratar de tenerlos de vuelta así que dame eso- Jared arrugó su entrecejo y miró el envase en su mano.
-¿Estos son tus poderes?-
-Una solución temporal. Se desvanecen con el tiempo, necesita más trabajo. Por eso quiero que me lo devuelvas- el demonio hizo otro intento de tomar el envase y volvió a fallar. Jared no escuchaba lo que el demonio decía, pero su voz hacía eco en su cabeza. Los enemigos eran demasiados, su hermano estaba herido, él no tenía nada para enfrentarlo que un cuchillo… pero quizás no tenía que hacerlo sólo con eso.
-¡NO!- el grito trajo su mente de vuelta la habitación –Sé lo que estás pensando, cazador. ¡Eso es mío!- esta vez el demonio se lanzó sin ningún refreno y casi toma desprevenido a Jared, que en un par de movimientos lo lanzó al suelo. -Dijiste que necesitabas mi ayuda ¿para qué?-
-Salir de aquí. Loredas me ha tenido encerrado. Pero no puedes tomar eso, es mio ¡MIO! Me ha costado mucho conseguir esos poderes temporales y no vas…- Un grito lo interrumpió, era lejano pero aún audible donde ellos estaban.

Jared abrió el envase e ingirió su contenido.

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Jared sentía que le faltaba el aliento, que por su nariz entraba aire en forma de ásperas piedras, y cada vez que llegaba a él el sonido de los huesos del cuerpo de Janina rompiéndose, la sensación se hacía peor. No se podía mover, su posición era perfecta para detectar cualquier cosa que Loredas intentara o que amenazara a su hermano o compañeros cazadores. Jared y Tomás no se dieron cuenta de lo que acababa de ocurrir, estaban tratando de acertar un golpe a Loredas, sin éxito. Armán estaba parado a varios metros del capullo negro que se hacía más pequeño a cada minuto. Sus pistolas colgaban débilmente de sus manos y sus hombros estaban caídos. Jared lo comprendió en ese momento, no luego de que Armán soltará un grito de ira y tristeza, no después que se uniera a los demás en pelea contra Loredas y la tomara para sí mismo o ver las lágrimas en sus ojos luego de levantarse tras recibir un golpe en la nuca del demonio: Armán quería a Janina.

Jared contuvo las lágrimas que querían salir. Su vista se nublaría y podría perderse algo. Armán usaba todo lo que tenía con él y lo que podía conseguir a la mano, pero nada lo ayudaba. Las balas no llegaban a su objetivo, los cuchillos iban directamente al suelo, al igual que todo lo que le arrojaba. Loredas se limitaba a saltar por las paredes, desaparecer y reaparecer, a no dejar de sonreír. No tenía que atacar, lo que estaba haciendo funcionaba de maravillas. La ira de Armán aumentaba y esa sería su perdición. -¡AYUDENLO!- le grito Jared a Tomás y Jarek, que se habían quedado quietos viendo la explosión de rabia de Armán. Ambos asintieron y se unieron. Jared seguía contando en silencio.

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Loredas desapareció antes de que Tomás pudiese tomarlo del cuello, reapareció detrás de él y lo golpeó en las costillas con una patada. Tomás gritó pero en lugar de caer se volteó con pistola en mano. Le apuntaba a Armán que venía cargando en su dirección. El golpe de la caída más el peso de Armán sobre él lo hizo gritar aún más fuerte. Jarek tenía sus pistolas en alto tratando de apuntar en algún sitio en el cual Loredas fuese a aparecer pero el demonio era demasiado rápido.

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El sonido de la detonación lo asustó, con el corazón latiendo salvajemente Jared buscó por su hermano. Muchos escenarios pasaron por su cabeza en segundos, donde Loredas lo desarmaba y hería. Pero Jarek estaba bien, al igual que Tomás y Armán. Loredas estaba a unos metros de su hermano, boca abajo y quejándose. Jared sonrió. Jarek disparó hasta que se acabaron las balas y Loredas no escapó a ninguna.

-¿Jared?- llamó su hermano. Jared se acercó y sacó sus cuchillos.
-Su poder de premonición no es permanente. Necesita activarlo y se desgasta luego de un minuto. Luego de eso…- Jared maniobró uno de sus cuchillos en la mano antes de lanzarlo hacia Loredas. El cuchillo se enterró en la espalda. El demonio gritó. Armán se lanzó a atacar pero Tomás lo derribó. Armán comenzó a gritar amenazas pero Tomás lo mantuvo contra el suelo. Loredas dejó de quejarse y comenzó a reír.
-No deberían estar tan pendientes de mi- El demonio levantó la cabeza y alzó la mirada. Jared y Jarek lo imitaron.

Atentos a cada movimiento estaban cientos y cientos de criaturas como las que estaban muertas a unos metros de ellos. Algunos con más pústulas que otros o más aspecto animal que humano, pero definitivamente eran de la misma especie y todos llevaban un collar de metal. Jared dejó salir una bocanada de aire involuntariamente y todos los ojos de las criaturas se centraron en él. Poco a poco los gemelos bajaron las miradas. Si antes creían que eran demasiados, ahora estaban seguros que no saldrían con vida de ese lugar si se les echaban encima. Tomás y Armán parecían haberse dado cuenta porque ellos también dejaron de forcejear. El único que se movía era Loredas que, riéndose, se puso de pie y poco a poco se sacó las balas y el cuchillo.

-No necesito poderes para estar dos pasos delante de ustedes, cazadores. Pero por si acaso…
Los ojos de Loredas comenzaron a brillar. Jarek dio un paso adelante para detenerlo pero Jared lo tomó del hombro. Las criaturas caerían sobre ellos al mínimo movimiento para atacar a Loredas.
Una ráfaga de disparos resonó por todo el salón. Los gemelos sacaron sus armas. Todo pareció andar en cámara lenta: Loredas cayó de rodillas con sus ojos volviendo a la normalidad, lo que daba pasó a ver a Armán con el arma en alto con el dolor aún latente en su mirada y Tomás tratando inútilmente de detenerlo. Finalmente, los gemelos miraron hacia arriba y se vieron cara a cara con la horda que acabaría con sus vidas.

-No, no, no ¡NO!- Todo alrededor de Remigras salió volando. Loredas se había desviado del plan, ese maldito ambicioso. Hasta tuvo que usar sus poderes para eliminar a la sacerdotisa, y ahora eso le daba más trabas a su plan. Jared estaba rodeado y a menos que interviniera, no iba a salir vivo. Luego de que todo terminara, iba a consumir a Loredas hasta el último gramo de su alma. Remigras ennegreció sus ojos y se conectó con todas sus criaturas, lo bueno de haber experimentado con mente de colmena. Todas hacían lo que él decía.
Las dirigió a todas hacia los dos cazadores sin importancia. Ambos dieron pelea pero no fue suficiente contra tantos. Entre cuatro desmembraron a uno y el otro murió con su propia espada enterrada en su cráneo. Ahora a los otros dos. La idea era dejar a Jared con vida así que el gemelo era prescindible. Cuando la horda fue por él se vio repelida por una gran sacudida de fuerza, las criaturas, todas, cayeron al suelo. Remigras gruñó.

Loredas estaba de pie pero su aspecto era el esperado tras recibir tantas balas de madera al mismo tiempo. Su piel estaba pasando al color gris y un líquido color negro estaba comenzando a filtrarse por ella. Antes de que Jared o la horda pudieran detenerlo, Loredas tomó por el cuello a Jarek.
-¿Lo quieres?- Loredas comenzó a reír. -¡VEN POR ÉL! No es que vaya a arrancarle la columna vertebral o algo por el estilo- Tanto Jared como la horda se detuvieron. Jared notó eso pero no le prestó atención. Su corazón estaba latiendo en sus oídos y su mente estaba trabajando a todo lo que podía para dar con una forma de quitar a su hermano de las manos del demonio moribundo. Sus manos comenzaron a temblar y sudar. No era la primera vez que se encontraban en una situación así pero se sentía como si lo fuese. Quizás eran las criaturas que tenía a sus espaldas.

Remigras sonrió.

Tomaste al gemelo equivocado

Loredas gruñó mientras los experimentos de Remigras tomaban al otro cazador.
-¡JARED!- el otro se removió en su brazo, Loredas apretó más fuerte alrededor de su cuello. Si no iba a tener ventaja sobre Remigras, iba por lo menos a tener un nuevo cuerpo cuando el moribundo que tenía colapsara.

Jared trató de luchar contra las criaturas pero en un momento lo desarmaron y retuvieron. Su agarre se sentía como una garra mecánica, era imposible moverse. Jared miró a su gemelo a los ojos mientras lo arrastraban. Ese era el final, y lo recibiría con las dos personas que más amaba. Cerró los ojos para evocar la imagen de Alexander. Su sonrisa, lo feliz que era recibir un amanecer en su cama. Jared susurró un te amo y abrió los ojos. Y fue de nuevo como si el tiempo corriera más lento.

Jarek tomó su revólver y lo pegó a su hombro. Disparó. El chillido de Loredas fue señal de que la bala llegó a él. Jarek se liberó del demonio y comenzó a disparar hacia las criaturas. Cuando una bala derribó a su principal captor, Jared aprovechó para tomar alguna de sus armas de los otros. Un juego de cuchillos y un revolver. Mientras corría hacia su hermano, que caía al suelo aun disparando el revólver vacío, fue arrojando cuchillos a aquellas criaturas que se levantaban del suelo e iban tras él. Luego comenzó a disparar. Cuando llegó donde Jarek, rápidamente lo levantó, lo apoyó de su cuerpo y siguió corriendo.

Las criaturas caídas se levantaron, del piso superior cayeron nuevas. Todas siguiendo el rastro de sangre detrás de los hermanos.


Los cazadores entraron con las armas en alto, esperando una emboscada del otro lado, pero el lugar estaba vacío. Destruido, con un intenso olor a humedad y abandono. La luz de la luna se filtraba por los pequeños agujeros en el techo, que no hacia mucho por la oscuridad reinante y a una de las escaleras que llevaba a los pisos superiores le faltaba la mitad, lo que quedaba de los muebles estaba repartido por todo el recibidor y en un par de ocasiones las ratas salieron de un escondite para entrar en otro. Janina se abrió paso entre los cazadores y se posicionó delante de ellos, cerró los ojos y echó la cabeza para atrás. Segundo después se volteó hacia sus compañeros.
-El lugar está desierto y nuestro amigo en la planta superior-
-¿Cómo puedes saber eso?- preguntó Jarek
-Janina no sólo es una sacerdotisa, también es una rastreadora. Cualquier fuente de energía dentro de su perímetro de búsqueda será detectada por ella. Nos será útil con un demonio tan escurridizo- Respondió Tomás.
-Entonces hice bien en traer a mis amigos- Los cazadores no tuvieron tiempo de buscar de donde venía la voz del demonio, fueron asaltados de la nada y lanzados al suelo. Sólo podían cubrirse mientras los golpes caían, y cada uno dolía como si fuese un mazo.
Jared fue el primer en contraatacar. Sacó una navaja de su manga y lanzó una estocada que aterrizó en un buen sitio porque escuchó un chirrido y los golpes pararon el tiempo suficiente para que se pusiera de pie. Estaban rodeados por decenas y decenas de cosas que nunca había visto. Tenían forma humana pero su piel estaba al rojo vivo, con pústulas, vestían ropas rasgadas y las cuencas de sus ojos estaban vacias. Todos llevaban un collar de metal.
Jared desenfundó sus pistolas. Sin importar qué fueran, pocas cosas se levantaban luego de ser golpeadas por balas de madera bendecidas, pero antes de que pudiese disparar algo cargó contra él desde su espalda. Jared maldijo. Descuidar la espalda era un error de novatos. Aprovechó la fuerza de la caída para apoyarse del suelo y empujar hacia atrás, su atacante cayó. Jared  rápidamente tomó las armas del suelo y comenzó a disparar. Había tres y uno no había terminado de sacarse su navaja cuando recibió el disparo. Cuando vio que no se movían, Jared fue a ayudar a los demás. Había demasiados para él solo derrotarlos pero con quitarle los que tenían los demás encima bastaba.


Remigras estaba en una esquina, a cubierto por la oscuridad reinante en la casa. Jared atacaba de una manera rápida y eficaz, siempre a matar. Remigras estaba emocionado, como no lo había estado en mucho tiempo. Cuando su experimento se uniera a semejante espécimen…las posibilidades eran infinitas. Lo único fuera de lugar en su plan eran las criaturas.
Loredas las había soltado demasiado pronto y tres de ellas estaban bloqueando a Jarek de ir a rescatar a sus compañeros. La más grande de las tres se lanzó a atacar. Jarek aprovechó para lanzar un puñetazo, que acertó, y seguido de eso clavarle uno de sus cuchillos en la parte superior del cráneo. Antes de que las otras dos atacaran, Remigras las eliminó todas con chasquido de sus dedos. Con sus poderes, bajó a Loredas hasta el salón. Se arrastró por la oscuridad y tomó a Loredas por la espalda, se acercó a su oído para susurrar
-No arruines mis planes, Loredas- y con eso desapareció. La amenaza en la voz de Remigras envió una ola de miedo por todo su ser.


Jared aún trataba de encontrar explicación a la repentina caída de las criaturas. Todas estaban muertas, o al menos así parecían.
-¿Jared?-
-¡¿Jarek?!- Jared fue donde su hermano a ayudar. Jarek se estaba quejando
-Uno de esos malditos me mordió- Jarek no tenía que decirlo. Su gemelo lo estaba viendo, justo en el antebrazo estaban las impresiones de la mordida y la sangre. Con el cuchillo que tenía en la mano, Jared cortó parte de su camisa y la usó para tapar la herida. Janina se acercó. Lucía terrible, su cabello estaba hecho un desastre y tenía rasguños tanto en la cara como en los brazos.
-Déjame ver eso- Jared levantó su cuchillo y lo puso entre la mano de Janina y el brazo de Jarek.
-No lo toques- Tomás y Armán se acercaron con sus armas en alto.
-¿Qué ocurre, Jared?- Pregunto Tomás.
-No dejaré que alguien que falló al decirnos que este sitio estaba vacío toque a mi hermano. Ustedes deberían redefinir su categoría de sacerdotes estrella- Jared sostuvo su dura mirada con Janina hasta que Jarek lo tomó del hombro.
-Ya. Déjalo. Ayúdame a levantarme- Jared lo tomó del brazo sano. De pie, Jarek se acercó a una de las criaturas
-¿Alguien tiene idea de lo que son?- Los otros cazadores miraron a los caidos a su alrededor y todos negaron con la cabeza.
-Parecieran humanos, pero…- Janina se agachó para tocar a una de las criaturas, pero terminó rodando por el suelo hasta pegar contra los restos de un mueble. Los cazadores desenfundaron sus armas y se cubrieron las espaldas.
-¿Janina?- llamó Armán.
-Estoy bien-
-Por ahora- La puerta y ventanas de la casa se cerraron y la temperatura bajó de golpe. De la oscuridad emergió el demonio con una sonrisa. –Espero mis amigos los hayan hecho sentir bienvenidos- Los cazadores abrieron fuego pero el demonio desapareció. Era inútil, un demonio en tanta oscuridad era imposible de atrapar. Cuando reapareció lo hizo frente a Tomás, pero antes de que el cazador pudiera hacer algo, lo desarmó, lo tomó del brazo y lo lanzó al otro extremo del salón. Volvió a desparecer y su voz resonó por toda la casa.

-Podría matarlos, cazadores. Quiero que lo sepan en cada fibra de su ser antes de que lo haga. Voy a…- lo siguiente que se escuchó fue un estruendo, un rayo de luz de luna creció en intensidad hasta iluminar todo el salón. De nuevo se escuchó el estruendo pero esta vez los cazadores pudieron ver de dónde venía. Era el demonio, yendo a toda velocidad contra una pared y chocando con ella como si fuese un muñeco de trapo. Tomás, que ya se había incorporado y unido al grupo, junto a los demás miraron en dirección de donde el demonio había venido. De la intensa luz salió Janina. Su cabello flotando en todas las direcciones, sus puños emitiendo un brillo plateado de luz de luna y una intensa mirada que decía que se había cansado de los juegos del demonio.


Tomás y Armán sonrieron y se movieron hacia atrás.
-Les recomiendo que nos acompañen, muchachos. Esto acaba de pasar de nuestro nivel- Ambos obedecieron pero no sin apartar la vista. Habían visto a Karena hacer muchas cosas como sacerdotisa, pero nunca algo como eso. Janina parecía una mezcla entre una guerrera elfo y un mensajero de la luna. El demonio se levantó con su sonrisa pedante.
-Al fin. Entretenimiento. Loredas es mi nombre, sacerdotisa. Quiero que lo escuches en tu mente cuando te arranque el corazón- Loredas se lanzó al ataque, al igual que Janina. Su velocidad era increíble, los cazadores apenas podían mantener el paso de la pelea. El primer golpe lo acertó Janina. Loredas salió disparado contra el techo y al bajar Janina lo estaba esperando con otro golpe que Loredas logró evitar al lanzarle una especie de niebla negra en la cara a la sacerdotisa. Janina retrocedió mientras se la quitaba de la cara. Loredas aprovechó para acertarle un buen número de golpes y, con su poder, lanzarla contra el techo. Janina utilizó el suyo para atacar desde arriba. Los que no acertaban dejaban en el suelo una marca parecida a la de una bola de demolición. Janina era poderosa. Loredas parecía sorprendido por ese hecho, especialmente cuando uno de los ataque le pasó muy cerca y, a pesar de que no lo alcanzó, la onda de impacto sí lo hizo.


Jarek miraba asombrado mientras su gemelo lo hacía inquieto. Jared miró por encima de su hombro, Tomás y Armán estaban tan concentrados como su hermano. Era un espectáculo, no lo podía negar, pero algo no estaba bien. Janina había golpeado varias veces a ese demonio cuando ninguno de ellos pudo siquiera rozarlo ¿Dónde estaban los poderes de precognición? ¿Los estaba Janina suprimiendo? ¿Por qué estaban su hermano y él allí si ella podía con el demonio? Jared se aferró a su cuchillo.
-Está cansada- dijo Armán. Todos miraron a Janina. Era cierto, cuando se detenía trataba de tomar aire. Los poderes de los sacerdotes no eran para atacar, la fuerza vital de Janina se estaba yendo.
-¡Janina! ¡Cuidado!- pero fue demasiado tarde para la advertencia de Armán. Del suelo emergieron unos tentáculos negros que tomaron a Janina de los tobillos, las muñecas y el cuello. Jarek, Tomás y Armán fueron a ayudar pero chocaron contra algo invisible que no los dejaba avanzar.
-En un momento lidiare con ustedes, cazadores- Loredas tenía la mano en alto en dirección a ellos. Lo que sea que los estaba frenando era obra suya. Armán dio varios pasos atrás y desenfundó su pistola. Tomás y Jarek se quitaron segundos antes de que comenzara a disparar. Jared no prestaba atención a eso sino a Remigras. Caminó hacia Janina que trataba en vano de librarse de los agarres. Entonces pasó. Los ojos de Remigras cambiaron de humano a demonio, la negrura abarcó todo y entonces comenzaron a brillar. Levemente, pero Jared había visto suficiente tiempo en los ojos de los demonios para conocer alguna diferencia. Loredas dio un salto atrás segundos antes de que las ataduras de Janina desaparecieran en una explosión de luz, que de haber alcanzado a Loredas le habría hecho daño. La precognición había regresado. Janina levantó su mano hacia los cazadores y el muro invisible desapareció, y ella cayó desmayada. Armán fue corriendo hacia ella mientras Tomás y Jarek fueron tras de Loredas. Jared contaba silenciosamente mientras atestiguaba lo que ocurría.

Su hermano y Tomás siendo aventajados por Loredas.

Y Armán no pudiendo llegar a tiempo donde Janina y sólo observar mientras nuevos tentáculos se aferraban a su cuerpo, se convertían en una especie de capullo y presionaban hasta que la sangre comenzó a filtrarse.