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Jared estaba acostado, viendo al techo con las manos detrás de su cabeza. Alex dormía acurrucado a su lado con su brazo asegurando su cintura, como si inconscientemente le prohibiera volver a irse de su lado. Eso no iba a pasar. Lo miró y sonrió, él estaba agotado. Escapar de la casa sin que nadie lo viera luego de darse cuenta que había pasado un mes desde su misión fue una hazaña, pero era lo que Alex merecía. Si alguien debía verlo de pie por primera vez era él, su familia podía esperar, ya tendrían tiempo suficiente para verlo, admirarlo o lo que quisieran.

Jared miró por la ventana, la luna estaba escondida esa noche, como sus recuerdos. Desde que se despertó había tratado de recordar todo lo que había ocurrido, cómo había terminado en la casa cuando lo último que recordaba era haber tomado lo que estaba en el frasco del demonio rastrero. No lograba recordar nada, en ese espacio mental sólo había un gran vacío que en las horas que llevaba despierto amenazaba con volverlo loco. Alex se acomodó subiendo su brazo de la cintura al pecho y apretándolo. Jared sonrió y dejó de pensar en trivialidades cuando tenía lo más importante a su lado. Se colocó de lado, pasó su brazo por el torso de Alex y recostó su frente con la de él. Había dormido por demasiado tiempo pero por Alex podía estar cansado unas cuantas horas.


Jarek estaba sentado en la misma silla donde había esperado a que su hermano despertara, tenía la mirada fija en la cama en un intento de acallar las voces de aquellos que lo acompañaban en la habitación. Había un equipo de rastreadores siendo coordinados por su abuelo, sus padres discutían en silencio en una esquina junto a Pandora mientras que Desirée observaba todo en analítico silencio desde la entrada. De todos ellos Desirée era la que podía ser de más ayuda, y aun así no lograría encontrar a Jared. Su hermano era hábil es demasiadas cosas, pero no tantas como en desaparecer. Hasta donde él sabía, Jared podía estar aterrizando en cualquier país del mundo con una nueva identidad y nadie jamás lo sabría, pero sabía que ese no era el caso. Jared jamás le haría eso. Si se tuvo que ir tendría sus razones pero sabía que tenía que volver a él, a su familia, a su hogar.

-Muy bien. Suficiente. Ustedes- señaló a los rastreadores –Fuera de aquí, su inutilidad no es necesaria- Jarek se levantó y se les quedó viendo hasta que se fueron. Desirée sonrió y cerró la puerta. –Todos sabemos que la espera es la mejor opción aquí. Bajemos a desayunar y esperar a que llame o regrese- Sus padres se veían horrorizados y su abuelo lleno de ira. Sus hermanas se miraban la una a la otra y luego a él, ella sí entendían.

-Tú hermano está desaparecido…- Jarek le hizo una seña a su mamá para que se callara.

-Jared se fue de aquí por sus propios medios. Es la única manera que hubiese desaparecido sin rastro. Tómense un momento para razones y verán que tengo razón. No fue atacado o secuestrado, él se fue. De todos en esta casa yo soy el que tiene más probabilidades de encontrarlo, y dudo que pueda hacerlo. Lo mejor es esperar

Su abuelo tomó la lámpara de la mesa de noche de Jared y la arrojó a la pared. Antes de que comenzara a gritar el teléfono de Jarek sonó. Sin dejar de sostener la mirada de su abuelo, Jarek atendió.
-Te voy a matar- su hermano rio al otro lado.
-Está bien, esperare a que estés solo- le dijo. La ventaja de tener una conexión como la que ellos tenían era que podían leerse por cosas tan simples como lo que decían o el tono de voz que utilizaban.

Jarek salió del cuarto bajo la mirada de todos y cuando se aseguró que no lo seguían o que alguien más estaba escuchando, le habló a su hermano.

-¡Maldita sea, Jared! Dime una razón lo suficientemente buena para el susto que me diste- esta vez no hubieron risas.

-Necesitaba descansar, hermano- Jarek comenzó a respirar de manera sonora.

-Sabes a lo que me refiero, Jarek

-Mira, cualquiera que sea su nombre ¿No pudiste esperar un día siquiera para ir a verla? Somos tu familia, Jared- Jared estaba sentado en la cama de Alex con la espalda contra la ventana. La asunción de su hermano le provocó una sensación incomoda en el pecho.

-No se trata de eso, Jarek- Alex le dio una sonrisa desde la cocina que el trato de corresponder pero no pudo. Quería gritárselo a su hermano y que él lo regara por toda la familia y el clan. Soy gay, Jarek. No es ella, es él. Es Alex, y lo amo pero las palabras se quedaban atascadas en el puño de hierro que tenía en la garganta –Mi mente está en blanco, hermano. Desde que nos despedimos no sé qué ocurrió. No tienes idea lo mucho que sonreí cuando vi tus cosas al lado de mi cama. Tienes que llenar ese espacio por mi antes de que los hurgadores me pongan las manos encima- Jarek entonces se dio cuenta que su hermano tomó la mejor decisión al irse de la casa. Tenía la imagen de Jared con ojos negros presente cuando respondió.

-Supongo que tienes razón- Jared se extrañó. Normalmente tomaba unos diez minutos de discusión antes de que su hermano hiciera ese tipo de afirmaciones. Eso y su tono de voz. -¿Dónde estás? Iré por ti y hablaremos en el camino de regreso

-No Jarek, aún no. Yo te llamaré cuando lo necesite

-Pero…

-Cuídate, hermano- Jared colgó y en segundos desarmó su teléfono para extraer cualquier cosa que le dijera a Jarek donde estaba. Si iba a hacer las cosas bien, entonces sería a su manera.

Jarek apretó su teléfono con fuerza para no lanzarlo contra la pared o el suelo. Ese discurso que le había dado a su familia de esperar era para ellos. Su verdad era que cada instante que no veía a Jared sano y salvo con sus propios ojos era un momento de ira y frustración.


Alex dejó lo que estaba haciendo en la cocina y se acercó a la cama. Jared estaba viendo con demasiada atención sus sabanas.
-Oye- le dijo cuando llegó a él. Jared alzó la cabeza y él se acercó a besarlo, luego de unos segundos se separaron y él apoyó su frente en la de Jared. -¿Todo bien?- Jared asintió.

-Es mi hermano, preocupado por mí- Jared le sonrió y tomó la cara de Alex en sus manos –Te amo- le dijo. Sentía que no lo había dicho lo suficiente, que lo dijera millones de veces no lo sería.

-Debiste pasar cosas muy difíciles ¿no?- eso confundió a Jared.

-¿Por qué lo dices?- Alex se sentó en la cama.

-Es la octava vez que dices que me amas y aún no es mediodía. Normalmente me lo demuestras, no me lo repites sin cesar. No me estoy quejando, no tienes idea lo feliz que me hace escucharte decirlo. Pero si eso es un síntoma de lo que te haya pasado, preferiría que te desahogaras a que te guardes algo que puede estarte lastimando. Por muy bonito que suene- Jared se sorprendió de las habilidades de observación de su novio.

-Deberías ser cazador

-¡Jared!- reclamó Alex –No estoy bromeando- Jared suspiró. Usualmente le contaba a Alex todo al regresar de sus misiones pero esta vez se sentía diferente, así que se decidió por lo más cercano a la verdad.

-Por primera vez estuve seguro que iba a morir, Alex. Y tú eras todo en lo que podía pensar. Supongo que en caso de que vuelva a ocurrir, no quiero que quede duda. Te amo- Alex se mordió la lengua y sonrió. Jared se guardaba algo, podía presentirlo, pero dejó el tema. Ya él se lo diría cuando se sintiera cómodo. Se levantó de la cama y empujó a Jared cuando trato de hacer lo mismo.

-Te vas a quedar allí mientras yo bajó a buscar unas cosas para terminar el almuerzo- Jared trató de decir algo pero Alex le tapó la boca con la mano –Ya dije- Jared puso su mano en el pecho de Alex y comenzó a bajar. Cuando llegó a la ropa interior alzó las cejas repetidas veces. Alex soltó una carcajada y se alejó –Buen intento- Jared hizo un puchero y Alex se dio media vuelta para salir. Jared seguía sonriendo cuando Alex salió del apartamento.


-¡Jared despierta! ¡Despierta! ¡Estás sangrando!

Jared se levantó de la cama abruptamente ¿Cuándo se había quedado dormido?

-Tu nariz- le dijo Alex. Jared se tocó la nariz y la sintió húmeda. Cuando se vio, la tenía manchada de sangre. Jared se fue al baño a lavarse con Alex detrás

-¿Estás bien?- le preguntó Alex cuando terminó de lavarse. Jared asintió. Alex depositó un beso en el hombro. –Debiste seguir descansando, no limpiar mi casa- Jared lo miró confundido.

-¿Yo qué?- Alex le sonrió

-No te hagas el tonto- Alex salió del baño para darle visibilidad a Jared. Era cierto, todo estaba en orden, no había rastros del caos con el que se había encontrado la noche anterior. Jared no quería preocupar a Alex así que se dio la vuelta con una sonrisa.

-Sorpresa- Alex le sonrió y se acercó a darle un beso

-Voy a terminar de cocinar. Acuéstate ¿sí?- Jared asintió pero se metió de nuevo al baño, cerró la puerta y se miró en el espejo

¿Qué estaba pasando?

La puerta de la habitación se volvió a abrir, Jarek apretó sus ojos y dientes ¿No podían dejarlos en paz? Dos semanas habían pasado desde que despertó y todo el mundo lo seguía viendo y tratando como un moribundo. Su hermano descansaba en su cama, cuando pudo respirar por sí mismo y la inflamación en su cerebro despareció Jarek no descansó hasta que lo movieran a su propio cuarto. Suficiente había estado en ese hueco depresivo que todos llamaban enfermería.

-No deberías sostener su mano, el doctor dijo que…
-No estoy tomando su mano- respondió Jarek cortante –él tiene la mía- depositó un beso en la mano de su gemelo y se volvió hacia Karena -¿Qué quieres?

-Ver cómo estabas- dijo Karena
-Estoy bien- respondió Jarek sin emoción alguna y devolvió su mirada a su hermano.
-Jarek, no puedes seguir así. Aún estás recuperándote, te ves exhausto de pasar cada hora aquí, tu mano necesita descanso, tú necesitas descanso. Jared no quisiera que estuvieses así- Jarek comenzó a temblar. Se aferraba a la mano de su hermano como a su último gramo de paciencia.
-¿Desde cuándo eres una experta en mi hermano gemelo?- La mirada que le dio no estaba vacía esta vez sino llena de rabia –Él está tratando de volver a nosotros, sacarse del hoyo en el que está metido ¿Y yo no debo estar aquí porque, según tú, mi hermano no querría que estuviese aquí esperando por él? No me voy a cansar de estar aquí para él.
-Eso no fue lo que quise…
-Fuera-
-Jarek, no. Yo…
-¡FUERA DE AQUÍ!- Ambos se sorprendieron con el grito. Jarek nunca le había gritado antes y Karena estaba muy nerviosa por la manera en que sus palabras fueron tomadas. Se dio la vuelta y salió con lágrimas en los ojos. Jarek volvió a fijarse en su hermano y darle un beso en la mano.

Karena cerró la puerta y se secó las lágrimas. Sin darse cuenta casi choca con Desirée, la hermana mayor de los gemelos.
-Lo siento- Desirée la miraba con seriedad pero una sonrisa se asomó en sus labios.
-Para ser el amor de la vida de mi hermano, no lo conoces muy bien- Karena se quedó en silencio. Ella y Desirée no se llevaban mal, porque no tenían una relación como tal. Ella era admirada por todos en el clan, cazadores y sacerdotes por igual, Karena la veía como todos, la mejor de todos los cazadores, el orgullo de cazadoras y sacerdotisas, y seguramente, algún día, la líder de todos. Eso no dejaba mucho espacio para verla simplemente como la hermana de su novio.
-Es mi culpa, dije cosas que no debía- Desirée soltó una carcajada.
-Pudiste haber recitado un discurso de la Madre Teresa ahí dentro y aun así te hubiese gritado. Es la razón por la que todos entramos sólo lo necesario y mantenemos el habla al mínimo. Esos dos no piensan cuando se trata del otro, ha sido así desde siempre. Mis padres y Pandora dicen que es especial, yo digo que es enfermo. Sólo recuerda: Nada es más importante para Jarek que Jared. Nada. Tenlo en mente y nada de esto se repetirá- Desirée le dio una palmada en el hombro a Karena y siguió caminando. Para cuando Karena llegó a su habitación las lágrimas ya estaban de nuevo bajando por su cara, Desirée tenía razón, siempre había tratado de pasar por alto eso pero era la verdad. Nunca había aspirado a competir por el cariño de Jarek, se decía que no tenía por qué, pero la verdad era que no tenía la más mínima oportunidad, el mundo de Jarek era su gemelo. Y nada más.
Karena hizo un puño y lo lanzó contra la pared.

Jarek ya no podía estar en silencio. Le había gritado a Karena y no se había levantado a perseguirla y disculparse, pero su hermano… tenía que estar con él. Jarek entendía que Jared probablemente no sabía que él estaba a su lado, que su semblante era el de alguien que estaba descansando, pero en su mente la idea de que si se iba de su lado todo eso cambiaría y lo decepcionaría, o el semblante cambiaría al de alguien con dolor. Su hermano y él pocas veces se habían visto en esa situación. La última vez fue siendo niños, Jared se había quedado en casa mientras que él se había ido con su padre en un viaje al bosque. A Jared lo atacó un repentino dolor de cabeza mientras que él era hospitalizado por haberse golpeado la cabeza contra el tronco de un árbol. Estuvo inconsciente por un par de días. Al despertar, lo primero que vio fue a su hermano y su sonrisa de alivio. Cuando Jared le contó de su dolor de cabeza sólo confirmó que entre ellos dos había algo especial, luego del incidente ambos juraron estar allí para el otro y cuidarse como lo que eran: Lo más importante de sus respectivos mundos.

Con cuidado Jarek dejó la mano de su hermano en la cama, se levantó y depositó un beso en su frente.
-Tengo que disculparme, Jared. No tardaré. Lo prometo- Jarek le dio un último vistazo desde la puerta y salió. Todos los cazadores con los que se cruzó trataron de no quedarse en su camino o murmuraron entre ellos. La versión de los hechos que Maximilian había plantado en la mente del hurgador era ya de conocimiento público. Ellos dos habían sido víctimas de la traición de unos cobardes que ahora eran la mayor mancha en la reputación de la hermandad, una mancha que su abuelo se aseguraría que nunca saliera.

Encontró a Karena viendo por su ventana. Cerró la puerta de la habitación y se recostó de ella.
-Siento mucho lo que dije- Karena quería decir algo muy hiriente y al mismo tiempo lanzarse a sus brazos. Decidió quedarse donde estaba, en silencio –Sé que no hay manera alguna de justificar mi reacción, pero es mi hermano, Karen. Verlo en esa cama me enferma, no hay nada que pueda hacer para cambiar su condición… y no termino de aceptarlo- había verdadero dolor en su voz, y fue demasiado para ella. Salió corriendo a sus brazos y ambos se aferraron fuertemente del otro.
-Háblame de nuevo así y volveré líquido todos tus órganos- Jarek soltó una carcajada, la tomó de la barbilla y acercó sus labios a los de ella.
-Prometido- Jarek no la besaba desde que se había ido, y se sentía de maravilla. Era por unos minutos olvidar todo y entregarse a ella. Las mentiras, preocupaciones y el peso de su vida, todo eso se iba, ella le daba paz. Y estaba necesitándola.
-Te amo- susurró Karena al separarse. Acomodó su cabeza debajo de la barbilla de Jarek y se recostó de su cuerpo.
-Y yo a ti- Ambos se quedaron en silencio por unos minutos. Los dedos de Jarek corrían por la espalda de Karena y ella con los ojos cerrados trataba de estar más cerca de su cuerpo. Su olor invadía sus sentidos y no podía tener suficiente. Era una completa adicta a él.
-¿Quieres venir conmigo?- Aún en ese momento Jarek tenía presente a su hermano. Karena sacudió la cabeza.
-Tengo que hacer unas cosas con las sacerdotisas. Ve, cuida de él- Jarek tomó su barbilla por segunda vez, para mirarle a los ojos por unos segundos.
-De verdad siento mucho lo que hice- Karena sonrió y acunó su cara en sus manos.
-Ve- Se dieron un corto beso y Jarek salió.

El camino de regreso se le hizo más corto, aun cuando pasó por la cocina recolectando varias cosas para comer con su hermano, o lo más cercano que podían ya que Jared estaba siendo mantenido con suero por una vía.
-Jared, volv…- la barra de pan y los acompañantes cayeron al suelo haciendo un desastre a sus pies. Durante un minuto que se hizo eterno, Jarek contempló la cama de su hermano, vacía, había una gran mancha a un lado donde la vía arrojaba suero sin saber que nadie estaba recibiéndolo. Jarek tragó grueso y su corazón comenzó a latir rápido y pesado.
-¿Jared?- Jarek volteó hacia la puerta del baño esperando que su hermano saliera pero nunca pasó. Dio media vuelta, abrió la puerta y la cerró tras él.
-¡JARED!


Alexander se ajustó más la chaqueta. Hacía un frio verdaderamente molesto esa noche, otra de las cosas que la hacía una de las peores que había tenido. Los clientes habían estado insoportables, su jefe aún más, trabajó con el único de sus compañeros que odiaba y lo odiaba y Ricardo no aceptó sus disculpas, y peor que eso, le ordenó un trago sólo para lanzárselo en la cara en frente de todo el mundo, pero nada de eso llegaba a la mitad de por qué se sentía tan miserable, de por qué sentía ese vacío en su pecho aun cuando su corazón estaba latiendo fuerte, ese que a veces se extendía por todo su cuerpo y no le daba esperanzas de que algo fuese a mejorar y que no importaba lo bueno que le ocurriera, no parecía ser suficiente para hacerlo desaparecer. Resumiendo: Eso que lo estaba haciendo verdaderamente miserable sin una salida a la vista. Sus ojos comenzaron a arder y lanzó una maldición silenciosa, desde hace unos días no era más que un montón de sentimientos desbordados. Sólo quería estar en su casa, abrazar su almohada hasta que el sueño lo venciera, que ese día terminara y que al amanecer tuviese la motivación suficiente para levantarse o pasar medio día sin llorar al pensar en Jared.

Alexander cerró la puerta del pasillo y se dirigió hacia su apartamento. Todas sus cosas cayeron al suelo haciendo un gran escándalo, el contenido de su mochila se esparció por el suelo, sus llaves, su teléfono, incluso la chaqueta que se acababa de quitar. Sus lagrimales comenzaron a trabajar y su mente no tenía la concentración para hacerlos parar. Él estaba parado justo fuera de su puerta, vestía unos jeans y una franela blanca arrugada y puesta al revés. Parecía que se había vestido en un apuro. También estaba llorando y detrás de esas lágrimas sus ojos gritaban disculpas. Él pasó por encima de sus cosas, que en ese momento no le podían importar menos, y corrió. Era corta la distancia entre ellos pero quería cubrirla en el menor tiempo.

Sentirlo entrar en sus brazos de alguna manera no fue suficiente. Entonces lo alzó mientras lo apretaba contra su cuerpo, él enterró una mano en su cabello y con la otra recorrió su espalda.
-Estás aquí- susurró Alexander tan pronto como pudo articular palabra.
-Te amo- respondió Jared. Y en esa frase Alex pudo identificar la desesperación y la tristeza, de alguna manera sabía que él no era el único que se había sentido abandonado y en la nada. Alexander lo bajó y lo besó. Corto, suave, pacientemente, enviando el mensaje de que todo quedaba atrás y que lo importante es que estaban juntos de nuevo. Ambos sonrieron al separarse y se acariciaron las caras.


Les tomó un buen rato entrar al apartamento.


Era la décima vez que Alexander limpiaba la barra en la última media hora. Miró el reloj, vio cuanto le quedaba por trabajar y suspiró, aunque eso no era lo que quería. Gritar era lo que quería, la molesta sensación en su pecho no se iba de ninguna manera. Una semana había pasado desde que Jared se había ido y no tenía noticias de él, lo último era lo que hacía todo peor. Ser una parte oculta en la vida de Jared tenía pocas ventajas, una de ellas era que no importaba lo que estuviese haciendo o lo difícil de su misión, de una forma u otra él conseguía la manera de enviarle un mensaje, algo que le hiciera saber que estaba vivo. Una vez un indigente tocó a su puerta para entregarle una nota que decía “Odio lo mal que cantas”, eso le arrancó una sonrisa. Jared había estado fuera casi por un mes y esa nota había sido toda su compañía. Actualmente estaba en su cuarto, en una pequeña caja con otras notas que Jared le había hecho llegar desde sus misiones.

El reloj de su muñeca sonó, avisándole que era su descanso. Se quitó el paño de su hombro y se lo entregó a su compañero. Iba hacia la puerta trasera cuando alguien lo tomó del brazo. Alexander volteó e hizo girar sus ojos.

-Hola Alex
-Ricardo- el hombre de aproximadamente su misma estatura, ojos negros y cabello café hizo un puchero. Alex se soltó y salió por la puerta. Ricardo lo siguió.
-Sabes que no me molesta que me llames por la versión corta- Alexander lo ignoró, encendió un cigarrillo y se lo llevó a la boca. No fumaba pero hacía frio y no dejaba de pensar en Jared -¿Qué le pasó a tu novio? Hace tiempo que no lo veo- Alexander no respondió. Ricardo era un cliente habitual, casualmente sólo iba cuando Jared estaba detrás de la barra y desde siempre lo había estado rondando. No era un mal tipo pero Alex no estaba interesado –No me digas que hay problemas en el paraíso- El único defecto que podía encontrarle Alex era que era muy directo. Demasiado a veces.

-No es tu problema…Ricky- Alex hizo énfasis burlón en el nombre. Lo escuchó dar un par de pasos en su dirección, cuando volteó casi lo tenía encima. El olor a licor le abrumó el olfato.
-Está muy mal eso. Yo no te descuidaría, Alex. Nunca- Alexander quiso reírse a carcajadas en su cara. Si tan solo supiera la razón por la que Jared no estaba con él.
-Déjame en paz, Ricardo. Estoy en mi descanso. Ve a molestar a otro- Normalmente las cosas no tenían que llegar a eso pero el alcohol estaba de por medio. Lo que Alexander no se esperó fue que lo tomara de la cintura y lo besara. Eso lo paralizó por unos segundos. Cuando reaccionó fue un rodillazo a la ingle y un puñetazo en la cara.
-¡Pero bueno ¿qué te pasa?!- Alex se pasó la mano por la boca en un intento de sacarse el sabor a alcohol, junto al del cigarrillo estaba haciendo algo muy asqueroso a sus papilas gustativas. Alex fue a la puerta, la abrió y se volteó hacia Ricardo que aún estaba intentando levantarse del suelo –Lo digo en serio, Ricardo ¡Déjame en paz!- entró para excusarse con su jefe e irse. Era un trabajador dedicado, por lo que su jefe no tuvo problemas en darle permiso.

Camino a casa le entraron ganas de devolverse a buscar a Ricardo y disculparse. No debió haber reaccionado de una manera tan violenta pero por alguna razón sus palabras tocaron un nervio y ese beso sólo hizo que perdiera el control.
Jared no lo había dejado o abandonado, él estaba bien hasta que alguien le demostrara lo contrario. Alex se enjuagó la lágrima de su mejilla, sacó las llaves de su apartamento y entró a su casa. El lugar era un desastre, había estado así desde el tercer día de ausencia de Jared. En su desespero Alex había volteado todo el lugar en busca de alguna nota escondida, pero nada. Siempre se decía que iba a arreglarlo todo pero una vez que comenzaba recordaba por qué lo había hecho y los ánimos se le iban. Esa noche no era diferente. Fue directamente a la cama, se quedó viendo al techo por unos segundos y luego a la luna por su ventana, tomó la almohada a su lado, la de Jared, la puso sobre su cara y por fin se sacó el grito de su garganta.

Maximilian golpeó el escritorio con ambas manos. Roden le dio una mirada silenciosa. A muy pocas personas les estaba permitido eso, él tenía suerte de estar en ese grupo.
-No puedo creer que de verdad estés de acuerdo con esto, Roden. El estado de los muchachos no es el mejor, deberías saberlo mejor que…
-Jarek tienen varias costillas rotas, un desgarre en el brazo derecho que sólo se curara si lo único que sostiene por los próximos meses es el viento, luego de dos semanas de haber llegado, aún no despierta. Jared también tiene costillas rotas, su corazón sufrió una rasgadura debido a lo que sea que lo penetró en el pecho y se detuvo tres veces durante la operación. Su cerebro está inflamado y sus posibilidades de despertar son menores que las de su hermano, está conectado a un respirador artificial y básicamente es una casa de cristal en medio de un tiroteo- A eso le siguió un gran silencio. 

Todos en la habitación tragaron grueso, Roden puso toda su fuerza en no dejar que la lágrima saliera –Conozco a la perfección el estado de mis nietos, Maximilian. Pero yo también quiero saber qué les pasó y por qué fueron los únicos que regresaron. Aunque eso te lo debería preguntar a ti ya que fuiste quien los encontró.
-Ya te lo dije, Roden- Maximilian gruñó pero trató de disimular. Si no se trataran de sus nietos, Roden ya hubiese hecho lo imposible para sacarle la verdad. Él no estaba en todos los grupos selectos de Roden, en el de mentirle, por ejemplo.
-Puedes entender mi inseguridad cuando con tan graves heridas los gemelos hayan podido manejar hasta aquí.
-Sí, la camioneta destrozada, incrustada en una pared es prueba de ello. Yo los saqué… ¿sabes qué? Has lo que quieras, son tus nietos. Deja que estos barbaros metan sus narices en sus cabezas porque no puedes esperar a que estén mejor y te lo digan ellos mismo. Eso sí, cualquier daño mental que sufran queda en tus manos y en tu consciencia- Maximilian salió sin mirar atrás o cerrar la puerta tras él. Los barbaros de los que hablaba eran los Hurgadores, sacerdotes especializados en trabajar la mente, usualmente su único propósito era el de interrogar a criaturas que los cazadores habían atrapado o a los cazadores luego de sus misiones dependiendo el grado de importancia. La verdad era que la mente de los gemelos no corría peligro, ese tipo de intromisión nunca era detectada por el cerebro. Pero si ellos se enteraban de lo que había ocurrido, especialmente que ambos gemelos habían muerto… arruinaría todo.

Los hurgadores hicieron desalojar la habitación de los gemelos. Jonás, el jefe del grupo fue quien quedó con ellos, o al menos todo el mundo lo creía. Maximilian estaba con él pero ni él ni nadie se podían dar cuenta o sentirlo. Sabía que luego del número que armó en la oficina de Roden, esté tendría gente monitoreándolo. Maximilian proyectaba su energía y fuerza vital a su habitación, por lo que para cualquiera que estuviese buscando él estaba allí.

Jonás tomó una cantidad de aire por la nariz y puso sus manos a los lados de la cabeza de Jarek. Iba a comenzar. Maximilian hizo lo mismo detrás de Jonás. Unos hilos de luz salían de las manos de Jonás y entraban a la cabeza de Jarek. Los de Maximilian también lograron entrar a la cabeza de Jonás. Mientras Jonás sacaba la información del cerebro de Jarek Maximilian la iba sobrescribiendo a una versión que él ya había trabajado. Para cuando terminara, Jonás declararía que todos entraron a la casa y que luego de que la sacerdotisa fue asesinada, los otros cazadores abandonaron a Jarek y Jared con todas las criaturas. Ambos lucharon hasta que se hicieron con una salida y condujeron hasta la casa. Jarek llamó a Maximilian por ayuda y en ese momento fue que su auto chocó dejando a ambos inconscientes.

Cuando ambos terminaron, Jonás salió de la habitación sin la menor sospecha de lo que acababa de pasar. Maximilian se paró al lado de Jarek y le quitó un mechón de cabello de la cara. Le dolía ver a ambos en esas condiciones, cuando pensaba en ellos le venía a la mente la imagen de los dos pequeños peleando por un juguete o porque no tenían por qué pelear, cosa que la verdad no había cambiado mucho.
-De verdad lamento todo esto, amigo mío. Si tan sólo hubiese otra manera- Maximilian puso sus dedos en la frente de Jarek. Sería tan fácil…quitarle esos terribles recuerdos. La punta de los dedos de Maximilian comenzó a calentarse, pero antes de que pudiera tocar la piel una mano le tomó la muñeca e hizo un débil apretón.

-Max- Maximilian pasó de contener un grito a sonreír. Jarek era la única persona que podía “verlo” cuando era invisible a los ojos. Entre las cosas que le había enseñado estaba a reconocer su energía.
-Mocoso- Los ojos de Jarek eran una delgada línea, sus ojos estaban acostumbrándose a la luz. Cuando abrió la boca para hablar, Max lo calló. Por sus labios resecos sabía lo que quería –Nadie puede saber que estuve aquí- Maximilian hizo caer algo de la mesa al lado de la cama, algo que tumbaría Jarek. El ruido atrajo a Alma y sus hijas que comenzaron a gritar de la emoción al verlo despierto, Maximilian les pasó por el lado y salió de la habitación. Camino a su cuarto pudo ver al líder de la hermandad entrando a la oficina de Roden.


Lo más probable era que no saliera vivo de allí.


Las puertas de la casa se abrieron violentamente y una ráfaga de viento arrastró hojas por todo el suelo. Maximilian entró con paso apresurado y desbordando poder. No tenía tiempo para las impresiones o los gritos ahogados de la gente. Jared y Jarek iban flotando detrás de él. Ambos con sus heridas completamente abiertas y la sangre goteando por donde pasaban. Subió las escaleras y en su camino se encontró un joven sacerdote. Lo tomó por el cuello de su túnica y lo arrastró consigo. Frente a él estaban las personas que quería evitar, toda la familia Ross. Alma Ross y su hija menor, Pandora, se llevaron las manos a la boca para tapar sus gritos. Sebastián y su hija Desirée endurecieron sus miradas mientras sujetaban a esposa y hermana. Roden le tomó el pasó a Maximilian.

-¿Qué pasó?-
-No tengo tiempo para esto, Ross. Ten a los médicos listos- Maximilian entró a una habitación y empujó al joven sacerdote por delante. La puerta se cerró en la cara de Roden y él comenzó a gritar órdenes. En pocos minutos había un escuadrón médico a la espera fuera de la habitación. –Ocho pentagramas, ya- le ordenó Maximilian al sacerdote. Al joven le tomó unos segundos darse cuenta de lo que pedía.

-Pero maestro, eso es…-
-¡YA!- el joven se estremeció y comenzó a trabajar mientras Maximilian despojaba a los gemelos de sus ropas. Nadie en esa casa usaba los ocho pentagramas. Ni siquiera él. Pero había que hacer una excepción.
-¡Por Dios! Eso es… ellos están…- Maximilian volteó asustado. El sacerdote ya había terminado y veía con tristeza los sellos en sus pechos. –Maestro…usted…- Maximilian se transportó hasta quedar frente a él. El sacerdote lo miró con miedo y Maximilian puso su pulgar derecho en su frente. El sacerdote puso sus ojos en blanco y comenzó a temblar. Del dedo de Maximilian salía una pequeña nube de humo. Cuando despegó el dedo el sacerdote volvió en si aunque su mirada estaba perdida.
-Terminaste tu tarea. Sal de aquí, este no es sitio para un joven sacerdote. Que nadie entre- el chico asintió y fue hacia la puerta. Cuando la abrió Maximilian escuchó el murmullo de los presentes y el sacerdote diciendo que nadie podía entrar. Cuando la puerta se cerró, Maximilian se despojó de la parte superior de su túnica. Las marcas en su piel comenzaron a reaccionar a los pentagramas. Se sentó en el círculo de los ocho pentagramas y miró hacia los cadáveres de Jared y Jarek. Ambos estaban muertos. El sello que asustó al sacerdote era uno prohibido, del libro negro. Las almas de Jared y Jarek estaban aprisionadas, no podían salir de sus cuerpos muertos. Y así era como Maximilian las necesitaba. Esa no era uns tarea de sanación, sino una de resurrección.

Las marcas en la piel de Maximilian correspondían a los chakras, los centros de energía del cuerpo. En seres humanos normales eran siete y se encargaban de administrar la energía espiritual, pero en su caso eran ocho y se añadían a su energía espiritual existente. Ese era el secreto de su ilimitado poder.

Haces de luz salieron de los pentágonos y se dirigieron a cada una de las marcas, se pegaron a ellas como sanguijuelas. Cuando Maximilian empezó a moldear su poder las sanguijuelas de luz comenzaron a extraerle energía. Normalmente los sacerdotes necesitaban de los conjuros para moldear su poder, él no, cosa que hacía más fácil esa operación ya que nadie debía enterarse de eso. Mientras terminaba Maximilian repasó de nuevo todo en su cabeza, eso no era lo que debía haber ocurrido, algo había cambiado, la muerte de los gemelos no estaba por ningún lado, pero allí estaba, frente a sus cadáveres. Maximilian miró hacia Jared. Su alma no era la única que estaba atrapada, toda esa oscuridad estaba allí con ella, ese inmenso poder.
-Tienes un duro camino frente a ti, hijo mío. Lamento mucho que te esté tocando esto

Cuando todo estuvo listo, Maximilian extendió sus manos hacia los cuerpos de los gemelos. Más haces de luz salieron, esta vez de sus manos, y fueron lanzados hacia los cuerpos. Los rodearon y se concentraron en sus heridas. Maximilian comenzó a recitar un hechizo de sanación para cualquiera que estuviese escuchando al otro lado de la puerta, se levantó y caminó hacia los cuerpos. Estaba funcionando. Las heridas pequeñas ya estaban sanadas y las mayores estaban cerrando, lamentablemente las internas eran otra historia. Para eso era el equipo médico afuera de la habitación. Todo lo que Maximilian podía hacer era cerrar sus cuerpos y devolverles la vida, más de ahí era jugar con el diseño de las cosas.

A medida que la sanación finalizaba, Maximilian podía sentir las almas acoplándose poco a poco a los cuerpos, en el caso de Jared, su poder también estaba dejando de luchar. Sólo faltaba el paso final. Extendió sus manos hacia el suelo y los pentagramas se trasladaron hasta debajo de donde estaban los cuerpos, formaron un solo y enorme pentagrama, Maximilian juntó las palmas y concentró toda su energía. Cuando sintió que la cristalería de la habitación comenzaba a vibrar supo que era suficiente, alzó las manos, hizo puños y los dejó caer con toda su fuerza en el pecho de los gemelos. Ambos despertaron abruptamente y buscando por aire.
Ambos comenzaron a toser y expulsar la poca sangre que les quedaba dentro. Toda la luz desapareció, también el pentagrama. Maximilian puso su pulgar en un costado de Jared, le tapó la boca e imprimó un sello en una de sus costillas. La mano ahogó el débil grito. Imprimir un sello dolía como una quemada con un hierro a fuego vivo. Eso mantendría a la oscuridad en Jared fuera de los radares de los sacerdotes en la casa. Con sus poderes abrió la puerta de la habitación mientras se subía la túnica.

El equipo médico entró y se puso a trabajar, Maximilian salió y cerró la puerta. Toda la familia Ross tenía la mirada fija en él, hasta esa pequeña despreciable de Karena. Maximilian siguió su camino, el efecto del acto que acababa de realizar estaba llegando. Su energía era ilimitada pero la resistencia de su cuerpo no lo era. Para él ya estaba llegando el tiempo en que era un juguete de cuerda con un reactor nuclear dentro. Podía sentir la sangre salir de su nariz, orejas y ojos. Caminar era demasiado lento, se transportó hasta su recamara y al llegar fue corriendo al baño a vomitar todo lo que había comido ese día y el anterior.


Remigras recibió una ráfaga de golpes que no hicieron daño físico pero seguro le darían un buen dolor de cabeza cuando regresara a su cuerpo.
-¡¿QUÉ OCURRIÓ?!- preguntó su cómplice –Que llegasen moribundos a la casa no era parte del plan.
-Tampoco que uno de ellos usara un hechizo
-Tu estúpido plan falló- Remigras soltó una carcajada.
-Al contrario, fue un éxito. La semilla está ahí, creciendo, haciéndose fuerte. Pronto…
-¡ME SABE A MIERDA EL PRONTO! Tengo un…lo que sea que le hiciste bajo el mismo techo que mi clan. Se acabó, a partir de aquí me encargo yo- Remigras iba a decir algo pero su cómplice desapareció.


Deseaba que Jared le arrancara el corazón.



El grito. Resonaba una y otra vez, descansaba sólo para volver con más fuerza. Jarek… estaba ganándole tiempo, sacrificándose por él. El grito, era de dolor, desesperación… pero sonaba demasiado cerca. Jarek estaba fuera de la habitación, en el piso inferior ¿Cómo era posible escucharlo con tanta claridad? A menos que no fuera Jarek… sino él quien gritaba.


Remigras se levantó del suelo con una sonrisa en el rostro.
-Mis disculpas, cazador. No pude hacer una buena actuación ni cuando era humano. Debías tomar eso por voluntad propia y no se me ocurrió otra manera. Claro, ayuda tener a la desesperación como audiencia- Remigras hablaba para él solo.
Jared estaba frente a él gritando tan fuerte que opacaba otros sonidos. Hasta el de los gritos de su hermano en el piso inferior. Remigras podía escucharlo dando pelea allá abajo pero nada iba a cambiar lo que pasaría.

Cuando iba a ordenar a sus creaciones que lo mataran se le ocurrió una idea mejor. Poética. Del capullo humano en el que su nueva creación se estaba gestando saldría algo hambriento, y él tenía el bocado perfecto. Le avisarían cuando atraparan a Jarek, lo traerían y él lo ofrecería como una bienvenida a su creación.
Jared seguía gritando pero se mantenía de pie, cada vena de su cuerpo se comenzaba a hacer visible a través de su piel, y al mismo momento a tomar una tonalidad negruzca para luego volver a desaparecer. Remigras podía sentir la energía siendo liberada dentro del cuerpo humano, adaptándolo, convirtiéndolo. Haciendo de él un hogar. La emoción hacía erupción dentro de él. Ya quería tocarlo, analizarlo, medir el alcance de su poder. Lo que fuese a salir de allí sería hermoso. Hermoso y poderoso.

Los gritos cesaron, y con ellos todos los sonidos. Remigras estaba a la expectativa y Jared cayó de rodillas en el suelo con la mirada vacía, la cara enrojecida y húmeda por las lágrimas y los gritos. Remigras había dado dos pasos hacia él cuando de la nada tinieblas envolvieron a Jared, dejándolo dentro de un capullo de total oscuridad. El capullo no era sólido, más bien una cortina de humo muy espeso entre el demonio y el cazador. Remigras se veía tentado a pasarla y tomar su nueva creación pero sus fallidos experimentos le habían enseñado acerca de la paciencia.

La puerta de la habitación se abrió y las criaturas entraron llevando a Jared inconsciente. Por lo irreconocible de su cara, había puesto resistencia hasta agotar las pocas fuerzas que le quedaban. Ese espíritu de lucha hacía su victoria aún más dulce. Remigras se acercó al bulto sangriento que el cazador ahora era, dudaba que le quedara mucha sangre dentro de su cuerpo. Puso la mano en su hombro y hundió su pulgar en la herida de bala. Jarek despertó gritando.
-¡Bien! Estás despier…- Remigras fue lanzado al otro lado de la habitación.

Lo primero que Jarek vio fue a Remigras siendo lanzado por los aires. Detrás de él estaba Jared con la cabeza baja y una especie de neblina negra a sus espaldas que parecía querer envolverlo. Jarek se retorció tratando de soltarse del agarre de sus captores pero estaba demasiado débil. Trató nuevamente cuando escuchó el gruñido de las criaturas pero volvió a fallar, su hermano seguía parado inmóvil frente a él. Jarek quería gritarle que corriera pero por más que intentaba no encontraba la fuerza para abrir la boca o emitir un sonido. Las primera dos fueron por él, lo que pasó le dio las fuerzas para ahogar un grito. En un parpadeo Jared pasó a estar detrás de las criaturas y, como si estuviesen hechas de agua, las atravesó con sus manos. Eso fue suficiente para que todas las demás fuesen por él, incluso las que sujetaban a Jarek. Cuando cayó al suelo sintió dolor en todo el cuerpo, y agradeció por eso. El dolor significaba que aún estaba vivo, y si estaba vivo podía sacar fuerzas para matar a lo que sea se estuviese pasando por su hermano, encontrar al verdadero y salir de allí. Pero primero necesitaba levantarse.

Cuando Remigras trató de levantarse se dio cuenta que su brazo derecho estaba destruido. La mano se había ido hacia atrás y los huesos estaban afuera, formando junto a la piel una extraña “v”. Remigras sonrió. Ese nivel de fuerza eran buenas noticias. Con sus dientes se rompió la otra muñeca y bañó de sangre su brazo destruido mientras hablaba en lengua demoniaca. La sangre comenzó arder y donde las llamas tocaban las heridas éstas eran sanadas. Mientras esperaba podía escuchar a Jared luchando, mejor dicho, descuartizando a sus otras invenciones. Y aún no alcanzaba sus poderes. Todo estaba yendo bien, y hubiese soltado una carcajada si tuviese a Jared en sus dominios y no en una pocilga del mundo humano. Cuando las llamas se extinguieron, su brazo estaba como nuevo, con él quitó todos los escombros de su camino y los lanzaba hacia atrás. Llegó donde estaba Jared despedazando y gruñendo de ira. Con sus poderes lo ató al suelo, que no hizo nada para bajar la ira.
-Calma Jared. Ya tendrás mucho tiempo y muñecos para jugar y drenar tu energía, que por lo visto tienes más de la que pensaba- Jared estaba cubierto de sangre y viseras e inmóvil en el suelo seguía tratando de atacar. Las criaturas que quedaban se reunían detrás de Remigras. Eso le causó risa. Jared le había infundido miedo a seres cuyos sentimientos habían sido removidos.

El hombro comenzó a escocerle a Remigras. Un pedazo de hueso estaba enterrado en su piel.
-¡Jarek!- saludó -Qué bueno que estás con vida. Hay alguien aquí que quiere saludarte- Remigras levantó a Jared del suelo pero no lo dejó ir. Jarek se mantenía de pie usando la poca fuerza que había logrado acumular, Jared era la marioneta de Remigras. Cuando Jarek vio a los ojos de su hermano lo supo, era él. No importaba que estuviesen cubiertos de negro, ese era su hermano. Ese maldito le había hecho algo, pero seguía siendo su hermano. Apretó su mano izquierda, empapándola de su sangre. Sólo le quedaba una jugada.

Remigras hizo una seña con su mano libre y lo que quedaba de sus criaturas fueron tras Jarek. A medida que avanzaban, la presión en el brazo que estaba controlando a Jared aumentaba. Remigras miró extrañado a ambos hermanos ¿Podía ser? El creciente esfuerzo para inmovilizar a Jared le decía que sí. Pero era imposible, ya Jared no debía saber quién era su hermano. Para cuando Remigras iba a desaparecer para llevarse a Jared, era demasiado tarde. Sus criaturas estaban sobre Jarek y Jared estaba iracundo. La neblina negra salió de su cuerpo y lo envolvió. Remigras sintió el momento exacto en que su agarre fue anulado, Jared salió en una furiosa estampida con la neblina negra tras el como una especie de capa, de protección.

Las criaturas no lo vieron venir y para Jarek era difícil hacerlo. Su hermano estaba convertido en una iracunda bestia de ojos negros que rasgaba carne como si fuese nada. Jarek estaba listo para hacer su jugada cuando algo extraño pasó con Jared. Se quedó inmóvil y comenzó a toser. Las pocas criaturas restantes comenzaron a atacar a Jared. Uno de ellos tomó un pedazo de madera de los escombros de la masacre y lo clavo justo en el pecho.
-¡NO!- Jarek y Remigras gritaron al unísono y se vieron a los ojos desde distintos extremos. Jarek supo lo que significaría que el demonio pusiese las manos encima de su hermano. Aprovechó el momento en que Remigras acababa con sus criaturas restantes en un ataque de ira para tomar ventaja. Una parte de la pared de la casa voló en pedazos, el lugar donde Remigras había dirigido su ataque a Jarek, que cayó de rodillas y se deslizó hacia su hermano. Jarek le mostró el dedo medio y luego la palma de la mano, en ella el hechizo que le quedaba con una perforación hecha con el hueso con el que Jarek le había atacado. Remigras abrió los ojos sorprendido y corrió hacia ellos pero no fue lo suficientemente rápido. Jarek apoyó su mano en el pecho de su hermano y una intensa luz blanca llenó todo el cuarto.

Cuando la luz se extinguió Remigras estaba solo en lo que quedaba de la habitación, con parte de su cuerpo quemado por el hechizo. Su gritó llegó a cada esquina de la casa.


Maximilian estaba escribiendo en su estudio cuando sintió el hechizo de transporte ser activado. Sus ojos se nublaron mientras veía donde aparecían Jared y Jarek. Había establecido el hechizo para que no los llevara a la casa pero sin especificar a donde. Cuando supo dónde estaban se transportó hasta allí sin dejar rastros de energía que pudiesen ser leídos por otros sacerdotes.

Apareció en un pequeño parque a unas cuadras de la casa, la energía moribunda del hechizo le decía a donde ir. El sol estaba por salir, debía llevarlos a la casa sin levantar sospechas. Cuando llegó a donde lo guiaba la energía sólo encontró a Jarek, inconsciente. Tenía la ropa rasgada y estaba cubierto de sangre y heridas. No quedaba mucha fuerza vital en él. Maximilian se agachó para tomarlo y entonces escuchó un gruñido tras él. Se volteó listo a atacar pero la sorpresa lo dejó inmóvil.

Jared estaba frente a él, con ojos cubiertos de negro, un pedazo de madera ensangrentado en la mano y un hoyo en su pecho. Sin que Maximilian hiciera algo, cayó a los pies del sacerdote.

-Demonio- susurró. Y los tres desaparecieron.


Jared entró dando tumbos a la habitación, era la única que no estaba cerrada de las que había encontrado. Jarek gruñó del dolor y comenzó a retorcerse para deshacerse de su agarre.
-¡Jarek! Quédate quieto
-La puerta ¡La puerta, coño!- Jared lo dejó ir pero se mantuvo muy cerca. El color en la cara de su hermano comenzaba a desvanecerse. Jarek llevó su mano derecha a la herida en su hombro y la empapó de su sangre, luego la juntó con la puerta, que hizo un sonido parecido a la puerta de un avión sellándose. Jarek retiró la mano para llevársela al pecho. No gritaba de dolor porque sabía que estaba siendo observado. Jared se acercó y pasó su brazo por los hombros de Jarek.
-Voy a matar a Maximilian
-Cállate y ayúdame a llegar a la otra puerta
-¿Cuál otra puerta?- Jarek señaló hacia el fondo de la habitación. Tenía razón, había otra puerta, pero no parecía dar hacia el pasillo sino a otra habitación. Jared admiró a su hermano, aún herido tenía sus sentidos en alerta. Jared lo ayudó a llegar y Jarek repitió el proceso, pero en lugar de ver como su hermano se tragaba el dolor, Jared lo acercó y empujó su cara contra su pecho. Jarek mordió la ropa pero eventualmente dejó salir un grito.

Lo que Max le había dado a Jarek eran hechizos simples, el que acababa de usar era de protección y básicamente selló la habitación. Ni la fuerza física más grande iba a poder romper esas puertas, estaban a salvo. Pero eso venía a un precio. Como Jarek no era un sacerdote, necesitaba su sangre para activar el hechizo, y al hacerlo éste se llevaba una parte de su energía vital. Al no tener el entrenamiento apropiado, eso era extremadamente doloroso. Y en el estado en que estaba, ese no era un lujo que podía darse.

Con cuidado, Jared sentó a su hermano en el piso y lo recostó de la pared, desgarró parte de la camisa para dejar la herida al descubierto. Tuvo mucho control de su cara para no expresar todo el miedo que lo asaltó al verla. Las armas de Jarek tenían una increíble potencia, hacían un desastre al disparar a un enemigo lejano. Un disparo a quemarropa se veía horrible. No tenía que preocuparse por la bala ya que estaba dentro de Loredas en ese momento pero había varias cosas para ocupar su lugar. La sangre seguía saliendo y el hueso estaba perfectamente visible.
-No debiste hacerlo, Jarek
-Te iban a llevar. Es todo lo que importa- Jarek hablaba con el rostro volteado hacia el lado opuesto de la herida.
Tenía miedo. Jared lo sabía porque el de él lo estaba devorando por dentro. Si un médico o Max no veían a Jarek… Jared negó con la cabeza. No, iban a salir de esa maldita casa.

Jared se rasgó su camisa y con eso hizo lo que pudo para vendar la herida de su hermano. Jarek se aferró a su antebrazo mientras él apretaba, incrementando la fuerza de agarre a medida que el nudo se hacía más apretado. Cuando terminó, Jarek intentó levantarse. Jared lo mantuvo en su sitio.

-¿A dónde crees que vas?
- Estar aquí no te garantizara la vida, salir de aquí, sí
-¿A qué te refieres? ¿Por qué…- Jared se quedó callado. Las intenciones de su hermano lo golpearon y el silencio que reinaba en la habitación no hacía nada para negárselo. –Jarek…
-Hay algo aquí que te quiere. Ese demonio, Loredas, me agarró a mí por error, es a ti a quien quiere, y estoy seguro que no es el único demonio aquí
-No me importa. Estamos seguros aquí, ya pensaremos en algo. Podemos…- Jarek tomó con fuerza a su hermano de los hombros.
-Tengo un hueco enorme en el hombro y quedarme aquí es morir desangrado frente a ti sin que puedas hacer nada. Tengo que asegurarme que vas a salir de aquí

Jared no podía sostenerle la mirada a su hermano, comenzó a buscar por toda la habitación por una ventana, algún punto que sirviera para anular el estúpido plan de Jarek, pero no había nada. Sólo un hueco en el techo que dejaba entrar luz de luna pero demasiado alto para que fuese humanamente alcanzable. Jared volvió a devolver la mirada hacia su hermano pero todo lo que pudo ver fue algo yendo hacia él antes de que la oscuridad cubriese todo.

Jarek atrapó el cuerpo de su hermano con su lado sano. Con cuidado lo dejó en el suelo, recostado de la pared. Jarek se miró su mano izquierda y el símbolo que llevaba. Esa era una salida fácil. Un hechizo de transporte. Los sacaría de ahí en un respiro pero no podía controlar dónde caerían. Si lo hacían en la casa, todo el clan les daría la espalda por tomar la salida de los cobardes, especialmente siendo los únicos sobrevivientes. No se vería bien para ellos, fácilmente podían ser acusados de abandonar a sus compañeros. No iba a arriesgar a su hermano a eso, si iba a vivir, que lo hiciera sin acusaciones o dudas. Jarek se inclinó y dejó un beso en la frente de su hermano, el nudo en su garganta se hizo más denso.

-Te amo, imbécil. Cuida de Karen por mí- Jarek salió por la puerta lateral, deshizo el hechizo y volvió a cerrar la puerta. Mientras fuese cuidadoso y nadie lo viera saliendo de allí, su hermano estaría a salvo. Todas las criaturas estaban reunidas en la puerta del pasillo. Llevaba sólo un revolver, sostener algo con el otro brazo era inútil, podía sentir como los nervios comenzaban a morir y su brazo se convertía en un inútil pedazo de carne y huesos colgante. Había miles de posibilidades pasando por su cabeza, pero esa…esa tenía que ser la que le asegurara a Jared escapar. Tenía que serlo.

Jarek abrió la puerta de la habitación conjunta hacia el pasillo y se adentró en los pasillos, tomó un pedazo de escombro del suelo y lo lanzó al piso inferior mientras bajaba por las escaleras. Cuando llegó al centro del recibidor vio hacia arriba y ya estaba rodeado. Todas esas cuencas vacías apuntaban en su dirección. Jarek se aferró a su arma y para sí mismo hizo algo que no había hecho desde que su gemelo había necesitado cirugía en la cabeza: Rezó.


Remigras se sujetaba la mano que el hechizo protector le había quemado al tratar de abrir la puerta de la habitación donde se habían resguardado los hermanos. Estaba tan cerca… y los cazadores seguían poniendo piedras en su camino. Afortunadamente para él, sabía la distribución de esa casa. En la habitación contigua había una puerta que conectaba a esa.
-Quédense aquí- ordenó a sus creaciones –si algo se mueve fuera de esta puerta, atrápenlo pero no lo maten. No quiero más errores- Las criaturas no dieron ningún tipo de respuesta y él no la necesitaba. Sabía que obedecerían, y la lengua era lo primero que les había quitado comenzando sus experimentos de transformación. Los gritos era la parte que menos disfrutaba de sus experimentos, le hacían perder concentración.

Frente a la puerta, Remigras agitó su mano para abrirla con sus poderes pero nada pasó. Lo intentó nuevamente, esta vez con un poco más de fuerza, pero fue lo mismo. La puerta absorbía sus poderes. Estiró la mano para abrirla pero volvió a ser quemado antes de siquiera tocarla. Remigras maldijo y lanzó un ataque completo que tampoco hizo algo para abrirla. Antes de que intentara algo más radical, la puerta se abrió. Si el cazador no hubiese estado mirando a un lado al salir, se hubiesen encontrado cara a cara. Remigras aprovechó los preciados segundos y se ocultó. El cazador pasó a su lado sin percatarse de su presencia y a Remigras nada le indicaba que era el hermano que quería. Su contacto dentro de los cazadores le había provisto de una muestra de sangre de Jared que ahora estaba dentro de Remigras y con ella podía diferenciar a los gemelos. Sólo tuvo que poner un pie dentro de la habitación para que sus adentros le dijeran que el inconsciente apoyado en la pared era Jared. Estaba completamente a su merced y su protector lo dejaba para disfrutarlo.

No más piedras en el camino. No más espera. Remigras cerró la puerta con una sonrisa.


Fue un grito que hizo eco en su cabeza y un dolor que lo atravesó con la velocidad de un rayo. Jared despertó abruptamente y comenzó a buscar desesperadamente por su hermano, barrió la habitación con los ojos dos veces. No estaba. En ninguna de las dos inspecciones se dio cuenta de quien lo miraba desde debajo de la ventana. No lo hizo hasta que lo escucho saludar.
-Hola Jared- Jared respondió instintivamente a la voz que no era de su hermano. Buscó por sus armas pero no tenía ninguna. Nada de pistolas o cuchillos. El extraño rio, se levantó del suelo y se acercó. Cuando la luz iluminó su rostro, toda la atención fue hacia los ojos completamente negros. Jared se levantó y buscó en el cuarto de nuevo, esta vez por algo que usar. El demonio sacó un cuchillo que Jared reconoció como suyo. Y para su sorpresa se lo entregó.
-Sólo quiero hablar, cazador. Necesito tu ayuda- Despacio, prestando atención a cada movimiento, Jared se inclinó a tomar el cuchillo.
-¿Qué quieres?-
-Ya te lo dije, ayuda. Al igual que tu hermano allá abajo- Eso lo alarmó. Lo había hecho, había ido. Maldito Jarek.
-Tengo que ayudarlo-
-¡No puedes!- El demonio lo tomó del hombro para detenerlo. Jared empuño el cuchillo con fuerza y atacó. El demonio retiró la mano a tiempo. –No duraras si sales. Tanto tú como tu hermano serán descuartizados por esas cosas. Son demasiadas-
-Me las he visto peores- el demonio se interpuso entre él y la puerta. Estaba prohibido pero Jared comenzaba a considerar matarlo. O al menos cortar algunos músculos de su cuerpo humano. –Esta es la única advertencia que te daré: Quítate. Necesito ayudar a mi hermano-
-Lo que harás será lo contrario si sales. Tu…- el golpeteo repetido de un objeto cayendo desde la ropa del demonio lo interrumpió. Jared se movió más rápido que él y lo tomó. Era pequeño y transparente, dentro había algo negro, una sustancia muy viscosa. Cuando Jared acercó el recipiente para ver mejor su contenido, éste comenzó a desprender un leve brillo que fue del violeta al rojo y viceversa.
-¿Qué es esto?- el demonio hizo el intento de tomar el envase pero Jared fue más rápido. Se dio cuenta de otra cosa -¿Qué pasa con tus poderes?- por la forma en que el demonio se retrajo en sí mismo, Jared había hecho la pregunta importante. Y no hacía falta que él respondiera.
-No los tienes…eres un demonio rastrero- El demonio se lanzó sobre él pero se detuvo tan pronto como lo intentó. -No soy un demonio rastrero. Alguien me quito mis poderes, y he trabajado muy duro para tratar de tenerlos de vuelta así que dame eso- Jared arrugó su entrecejo y miró el envase en su mano.
-¿Estos son tus poderes?-
-Una solución temporal. Se desvanecen con el tiempo, necesita más trabajo. Por eso quiero que me lo devuelvas- el demonio hizo otro intento de tomar el envase y volvió a fallar. Jared no escuchaba lo que el demonio decía, pero su voz hacía eco en su cabeza. Los enemigos eran demasiados, su hermano estaba herido, él no tenía nada para enfrentarlo que un cuchillo… pero quizás no tenía que hacerlo sólo con eso.
-¡NO!- el grito trajo su mente de vuelta la habitación –Sé lo que estás pensando, cazador. ¡Eso es mío!- esta vez el demonio se lanzó sin ningún refreno y casi toma desprevenido a Jared, que en un par de movimientos lo lanzó al suelo. -Dijiste que necesitabas mi ayuda ¿para qué?-
-Salir de aquí. Loredas me ha tenido encerrado. Pero no puedes tomar eso, es mio ¡MIO! Me ha costado mucho conseguir esos poderes temporales y no vas…- Un grito lo interrumpió, era lejano pero aún audible donde ellos estaban.

Jared abrió el envase e ingirió su contenido.

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Jared sentía que le faltaba el aliento, que por su nariz entraba aire en forma de ásperas piedras, y cada vez que llegaba a él el sonido de los huesos del cuerpo de Janina rompiéndose, la sensación se hacía peor. No se podía mover, su posición era perfecta para detectar cualquier cosa que Loredas intentara o que amenazara a su hermano o compañeros cazadores. Jared y Tomás no se dieron cuenta de lo que acababa de ocurrir, estaban tratando de acertar un golpe a Loredas, sin éxito. Armán estaba parado a varios metros del capullo negro que se hacía más pequeño a cada minuto. Sus pistolas colgaban débilmente de sus manos y sus hombros estaban caídos. Jared lo comprendió en ese momento, no luego de que Armán soltará un grito de ira y tristeza, no después que se uniera a los demás en pelea contra Loredas y la tomara para sí mismo o ver las lágrimas en sus ojos luego de levantarse tras recibir un golpe en la nuca del demonio: Armán quería a Janina.

Jared contuvo las lágrimas que querían salir. Su vista se nublaría y podría perderse algo. Armán usaba todo lo que tenía con él y lo que podía conseguir a la mano, pero nada lo ayudaba. Las balas no llegaban a su objetivo, los cuchillos iban directamente al suelo, al igual que todo lo que le arrojaba. Loredas se limitaba a saltar por las paredes, desaparecer y reaparecer, a no dejar de sonreír. No tenía que atacar, lo que estaba haciendo funcionaba de maravillas. La ira de Armán aumentaba y esa sería su perdición. -¡AYUDENLO!- le grito Jared a Tomás y Jarek, que se habían quedado quietos viendo la explosión de rabia de Armán. Ambos asintieron y se unieron. Jared seguía contando en silencio.

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Loredas desapareció antes de que Tomás pudiese tomarlo del cuello, reapareció detrás de él y lo golpeó en las costillas con una patada. Tomás gritó pero en lugar de caer se volteó con pistola en mano. Le apuntaba a Armán que venía cargando en su dirección. El golpe de la caída más el peso de Armán sobre él lo hizo gritar aún más fuerte. Jarek tenía sus pistolas en alto tratando de apuntar en algún sitio en el cual Loredas fuese a aparecer pero el demonio era demasiado rápido.

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El sonido de la detonación lo asustó, con el corazón latiendo salvajemente Jared buscó por su hermano. Muchos escenarios pasaron por su cabeza en segundos, donde Loredas lo desarmaba y hería. Pero Jarek estaba bien, al igual que Tomás y Armán. Loredas estaba a unos metros de su hermano, boca abajo y quejándose. Jared sonrió. Jarek disparó hasta que se acabaron las balas y Loredas no escapó a ninguna.

-¿Jared?- llamó su hermano. Jared se acercó y sacó sus cuchillos.
-Su poder de premonición no es permanente. Necesita activarlo y se desgasta luego de un minuto. Luego de eso…- Jared maniobró uno de sus cuchillos en la mano antes de lanzarlo hacia Loredas. El cuchillo se enterró en la espalda. El demonio gritó. Armán se lanzó a atacar pero Tomás lo derribó. Armán comenzó a gritar amenazas pero Tomás lo mantuvo contra el suelo. Loredas dejó de quejarse y comenzó a reír.
-No deberían estar tan pendientes de mi- El demonio levantó la cabeza y alzó la mirada. Jared y Jarek lo imitaron.

Atentos a cada movimiento estaban cientos y cientos de criaturas como las que estaban muertas a unos metros de ellos. Algunos con más pústulas que otros o más aspecto animal que humano, pero definitivamente eran de la misma especie y todos llevaban un collar de metal. Jared dejó salir una bocanada de aire involuntariamente y todos los ojos de las criaturas se centraron en él. Poco a poco los gemelos bajaron las miradas. Si antes creían que eran demasiados, ahora estaban seguros que no saldrían con vida de ese lugar si se les echaban encima. Tomás y Armán parecían haberse dado cuenta porque ellos también dejaron de forcejear. El único que se movía era Loredas que, riéndose, se puso de pie y poco a poco se sacó las balas y el cuchillo.

-No necesito poderes para estar dos pasos delante de ustedes, cazadores. Pero por si acaso…
Los ojos de Loredas comenzaron a brillar. Jarek dio un paso adelante para detenerlo pero Jared lo tomó del hombro. Las criaturas caerían sobre ellos al mínimo movimiento para atacar a Loredas.
Una ráfaga de disparos resonó por todo el salón. Los gemelos sacaron sus armas. Todo pareció andar en cámara lenta: Loredas cayó de rodillas con sus ojos volviendo a la normalidad, lo que daba pasó a ver a Armán con el arma en alto con el dolor aún latente en su mirada y Tomás tratando inútilmente de detenerlo. Finalmente, los gemelos miraron hacia arriba y se vieron cara a cara con la horda que acabaría con sus vidas.

-No, no, no ¡NO!- Todo alrededor de Remigras salió volando. Loredas se había desviado del plan, ese maldito ambicioso. Hasta tuvo que usar sus poderes para eliminar a la sacerdotisa, y ahora eso le daba más trabas a su plan. Jared estaba rodeado y a menos que interviniera, no iba a salir vivo. Luego de que todo terminara, iba a consumir a Loredas hasta el último gramo de su alma. Remigras ennegreció sus ojos y se conectó con todas sus criaturas, lo bueno de haber experimentado con mente de colmena. Todas hacían lo que él decía.
Las dirigió a todas hacia los dos cazadores sin importancia. Ambos dieron pelea pero no fue suficiente contra tantos. Entre cuatro desmembraron a uno y el otro murió con su propia espada enterrada en su cráneo. Ahora a los otros dos. La idea era dejar a Jared con vida así que el gemelo era prescindible. Cuando la horda fue por él se vio repelida por una gran sacudida de fuerza, las criaturas, todas, cayeron al suelo. Remigras gruñó.

Loredas estaba de pie pero su aspecto era el esperado tras recibir tantas balas de madera al mismo tiempo. Su piel estaba pasando al color gris y un líquido color negro estaba comenzando a filtrarse por ella. Antes de que Jared o la horda pudieran detenerlo, Loredas tomó por el cuello a Jarek.
-¿Lo quieres?- Loredas comenzó a reír. -¡VEN POR ÉL! No es que vaya a arrancarle la columna vertebral o algo por el estilo- Tanto Jared como la horda se detuvieron. Jared notó eso pero no le prestó atención. Su corazón estaba latiendo en sus oídos y su mente estaba trabajando a todo lo que podía para dar con una forma de quitar a su hermano de las manos del demonio moribundo. Sus manos comenzaron a temblar y sudar. No era la primera vez que se encontraban en una situación así pero se sentía como si lo fuese. Quizás eran las criaturas que tenía a sus espaldas.

Remigras sonrió.

Tomaste al gemelo equivocado

Loredas gruñó mientras los experimentos de Remigras tomaban al otro cazador.
-¡JARED!- el otro se removió en su brazo, Loredas apretó más fuerte alrededor de su cuello. Si no iba a tener ventaja sobre Remigras, iba por lo menos a tener un nuevo cuerpo cuando el moribundo que tenía colapsara.

Jared trató de luchar contra las criaturas pero en un momento lo desarmaron y retuvieron. Su agarre se sentía como una garra mecánica, era imposible moverse. Jared miró a su gemelo a los ojos mientras lo arrastraban. Ese era el final, y lo recibiría con las dos personas que más amaba. Cerró los ojos para evocar la imagen de Alexander. Su sonrisa, lo feliz que era recibir un amanecer en su cama. Jared susurró un te amo y abrió los ojos. Y fue de nuevo como si el tiempo corriera más lento.

Jarek tomó su revólver y lo pegó a su hombro. Disparó. El chillido de Loredas fue señal de que la bala llegó a él. Jarek se liberó del demonio y comenzó a disparar hacia las criaturas. Cuando una bala derribó a su principal captor, Jared aprovechó para tomar alguna de sus armas de los otros. Un juego de cuchillos y un revolver. Mientras corría hacia su hermano, que caía al suelo aun disparando el revólver vacío, fue arrojando cuchillos a aquellas criaturas que se levantaban del suelo e iban tras él. Luego comenzó a disparar. Cuando llegó donde Jarek, rápidamente lo levantó, lo apoyó de su cuerpo y siguió corriendo.

Las criaturas caídas se levantaron, del piso superior cayeron nuevas. Todas siguiendo el rastro de sangre detrás de los hermanos.


Los cazadores entraron con las armas en alto, esperando una emboscada del otro lado, pero el lugar estaba vacío. Destruido, con un intenso olor a humedad y abandono. La luz de la luna se filtraba por los pequeños agujeros en el techo, que no hacia mucho por la oscuridad reinante y a una de las escaleras que llevaba a los pisos superiores le faltaba la mitad, lo que quedaba de los muebles estaba repartido por todo el recibidor y en un par de ocasiones las ratas salieron de un escondite para entrar en otro. Janina se abrió paso entre los cazadores y se posicionó delante de ellos, cerró los ojos y echó la cabeza para atrás. Segundo después se volteó hacia sus compañeros.
-El lugar está desierto y nuestro amigo en la planta superior-
-¿Cómo puedes saber eso?- preguntó Jarek
-Janina no sólo es una sacerdotisa, también es una rastreadora. Cualquier fuente de energía dentro de su perímetro de búsqueda será detectada por ella. Nos será útil con un demonio tan escurridizo- Respondió Tomás.
-Entonces hice bien en traer a mis amigos- Los cazadores no tuvieron tiempo de buscar de donde venía la voz del demonio, fueron asaltados de la nada y lanzados al suelo. Sólo podían cubrirse mientras los golpes caían, y cada uno dolía como si fuese un mazo.
Jared fue el primer en contraatacar. Sacó una navaja de su manga y lanzó una estocada que aterrizó en un buen sitio porque escuchó un chirrido y los golpes pararon el tiempo suficiente para que se pusiera de pie. Estaban rodeados por decenas y decenas de cosas que nunca había visto. Tenían forma humana pero su piel estaba al rojo vivo, con pústulas, vestían ropas rasgadas y las cuencas de sus ojos estaban vacias. Todos llevaban un collar de metal.
Jared desenfundó sus pistolas. Sin importar qué fueran, pocas cosas se levantaban luego de ser golpeadas por balas de madera bendecidas, pero antes de que pudiese disparar algo cargó contra él desde su espalda. Jared maldijo. Descuidar la espalda era un error de novatos. Aprovechó la fuerza de la caída para apoyarse del suelo y empujar hacia atrás, su atacante cayó. Jared  rápidamente tomó las armas del suelo y comenzó a disparar. Había tres y uno no había terminado de sacarse su navaja cuando recibió el disparo. Cuando vio que no se movían, Jared fue a ayudar a los demás. Había demasiados para él solo derrotarlos pero con quitarle los que tenían los demás encima bastaba.


Remigras estaba en una esquina, a cubierto por la oscuridad reinante en la casa. Jared atacaba de una manera rápida y eficaz, siempre a matar. Remigras estaba emocionado, como no lo había estado en mucho tiempo. Cuando su experimento se uniera a semejante espécimen…las posibilidades eran infinitas. Lo único fuera de lugar en su plan eran las criaturas.
Loredas las había soltado demasiado pronto y tres de ellas estaban bloqueando a Jarek de ir a rescatar a sus compañeros. La más grande de las tres se lanzó a atacar. Jarek aprovechó para lanzar un puñetazo, que acertó, y seguido de eso clavarle uno de sus cuchillos en la parte superior del cráneo. Antes de que las otras dos atacaran, Remigras las eliminó todas con chasquido de sus dedos. Con sus poderes, bajó a Loredas hasta el salón. Se arrastró por la oscuridad y tomó a Loredas por la espalda, se acercó a su oído para susurrar
-No arruines mis planes, Loredas- y con eso desapareció. La amenaza en la voz de Remigras envió una ola de miedo por todo su ser.


Jared aún trataba de encontrar explicación a la repentina caída de las criaturas. Todas estaban muertas, o al menos así parecían.
-¿Jared?-
-¡¿Jarek?!- Jared fue donde su hermano a ayudar. Jarek se estaba quejando
-Uno de esos malditos me mordió- Jarek no tenía que decirlo. Su gemelo lo estaba viendo, justo en el antebrazo estaban las impresiones de la mordida y la sangre. Con el cuchillo que tenía en la mano, Jared cortó parte de su camisa y la usó para tapar la herida. Janina se acercó. Lucía terrible, su cabello estaba hecho un desastre y tenía rasguños tanto en la cara como en los brazos.
-Déjame ver eso- Jared levantó su cuchillo y lo puso entre la mano de Janina y el brazo de Jarek.
-No lo toques- Tomás y Armán se acercaron con sus armas en alto.
-¿Qué ocurre, Jared?- Pregunto Tomás.
-No dejaré que alguien que falló al decirnos que este sitio estaba vacío toque a mi hermano. Ustedes deberían redefinir su categoría de sacerdotes estrella- Jared sostuvo su dura mirada con Janina hasta que Jarek lo tomó del hombro.
-Ya. Déjalo. Ayúdame a levantarme- Jared lo tomó del brazo sano. De pie, Jarek se acercó a una de las criaturas
-¿Alguien tiene idea de lo que son?- Los otros cazadores miraron a los caidos a su alrededor y todos negaron con la cabeza.
-Parecieran humanos, pero…- Janina se agachó para tocar a una de las criaturas, pero terminó rodando por el suelo hasta pegar contra los restos de un mueble. Los cazadores desenfundaron sus armas y se cubrieron las espaldas.
-¿Janina?- llamó Armán.
-Estoy bien-
-Por ahora- La puerta y ventanas de la casa se cerraron y la temperatura bajó de golpe. De la oscuridad emergió el demonio con una sonrisa. –Espero mis amigos los hayan hecho sentir bienvenidos- Los cazadores abrieron fuego pero el demonio desapareció. Era inútil, un demonio en tanta oscuridad era imposible de atrapar. Cuando reapareció lo hizo frente a Tomás, pero antes de que el cazador pudiera hacer algo, lo desarmó, lo tomó del brazo y lo lanzó al otro extremo del salón. Volvió a desparecer y su voz resonó por toda la casa.

-Podría matarlos, cazadores. Quiero que lo sepan en cada fibra de su ser antes de que lo haga. Voy a…- lo siguiente que se escuchó fue un estruendo, un rayo de luz de luna creció en intensidad hasta iluminar todo el salón. De nuevo se escuchó el estruendo pero esta vez los cazadores pudieron ver de dónde venía. Era el demonio, yendo a toda velocidad contra una pared y chocando con ella como si fuese un muñeco de trapo. Tomás, que ya se había incorporado y unido al grupo, junto a los demás miraron en dirección de donde el demonio había venido. De la intensa luz salió Janina. Su cabello flotando en todas las direcciones, sus puños emitiendo un brillo plateado de luz de luna y una intensa mirada que decía que se había cansado de los juegos del demonio.


Tomás y Armán sonrieron y se movieron hacia atrás.
-Les recomiendo que nos acompañen, muchachos. Esto acaba de pasar de nuestro nivel- Ambos obedecieron pero no sin apartar la vista. Habían visto a Karena hacer muchas cosas como sacerdotisa, pero nunca algo como eso. Janina parecía una mezcla entre una guerrera elfo y un mensajero de la luna. El demonio se levantó con su sonrisa pedante.
-Al fin. Entretenimiento. Loredas es mi nombre, sacerdotisa. Quiero que lo escuches en tu mente cuando te arranque el corazón- Loredas se lanzó al ataque, al igual que Janina. Su velocidad era increíble, los cazadores apenas podían mantener el paso de la pelea. El primer golpe lo acertó Janina. Loredas salió disparado contra el techo y al bajar Janina lo estaba esperando con otro golpe que Loredas logró evitar al lanzarle una especie de niebla negra en la cara a la sacerdotisa. Janina retrocedió mientras se la quitaba de la cara. Loredas aprovechó para acertarle un buen número de golpes y, con su poder, lanzarla contra el techo. Janina utilizó el suyo para atacar desde arriba. Los que no acertaban dejaban en el suelo una marca parecida a la de una bola de demolición. Janina era poderosa. Loredas parecía sorprendido por ese hecho, especialmente cuando uno de los ataque le pasó muy cerca y, a pesar de que no lo alcanzó, la onda de impacto sí lo hizo.


Jarek miraba asombrado mientras su gemelo lo hacía inquieto. Jared miró por encima de su hombro, Tomás y Armán estaban tan concentrados como su hermano. Era un espectáculo, no lo podía negar, pero algo no estaba bien. Janina había golpeado varias veces a ese demonio cuando ninguno de ellos pudo siquiera rozarlo ¿Dónde estaban los poderes de precognición? ¿Los estaba Janina suprimiendo? ¿Por qué estaban su hermano y él allí si ella podía con el demonio? Jared se aferró a su cuchillo.
-Está cansada- dijo Armán. Todos miraron a Janina. Era cierto, cuando se detenía trataba de tomar aire. Los poderes de los sacerdotes no eran para atacar, la fuerza vital de Janina se estaba yendo.
-¡Janina! ¡Cuidado!- pero fue demasiado tarde para la advertencia de Armán. Del suelo emergieron unos tentáculos negros que tomaron a Janina de los tobillos, las muñecas y el cuello. Jarek, Tomás y Armán fueron a ayudar pero chocaron contra algo invisible que no los dejaba avanzar.
-En un momento lidiare con ustedes, cazadores- Loredas tenía la mano en alto en dirección a ellos. Lo que sea que los estaba frenando era obra suya. Armán dio varios pasos atrás y desenfundó su pistola. Tomás y Jarek se quitaron segundos antes de que comenzara a disparar. Jared no prestaba atención a eso sino a Remigras. Caminó hacia Janina que trataba en vano de librarse de los agarres. Entonces pasó. Los ojos de Remigras cambiaron de humano a demonio, la negrura abarcó todo y entonces comenzaron a brillar. Levemente, pero Jared había visto suficiente tiempo en los ojos de los demonios para conocer alguna diferencia. Loredas dio un salto atrás segundos antes de que las ataduras de Janina desaparecieran en una explosión de luz, que de haber alcanzado a Loredas le habría hecho daño. La precognición había regresado. Janina levantó su mano hacia los cazadores y el muro invisible desapareció, y ella cayó desmayada. Armán fue corriendo hacia ella mientras Tomás y Jarek fueron tras de Loredas. Jared contaba silenciosamente mientras atestiguaba lo que ocurría.

Su hermano y Tomás siendo aventajados por Loredas.

Y Armán no pudiendo llegar a tiempo donde Janina y sólo observar mientras nuevos tentáculos se aferraban a su cuerpo, se convertían en una especie de capullo y presionaban hasta que la sangre comenzó a filtrarse.


Desde una ventana de las casas abandonadas Remigras observaba todo el espectáculo. La camioneta donde viajaban los cazadores y su objetivo estaba dejando de dar vueltas, nadie moriría allí, de eso se aseguraría él. La muerte de los demás estaba a cargo de sus demonios y su objetivo debía llegar con vida a sus manos. Loredas estaba de pie en medio de la carretera donde el auto ahora reposaba destrozado, los poderes que le había dado estaban dando resultados. Loredas no era más que un alma torturada recién convertida en demonio cuando lo encontró para que jugara un papel en su plan, ahora era capaz de destrozar bienes humanos con solo mover su mano.

El primer cazador salió de debajo de la camioneta. Remigras sonrió. El espectáculo estaba por comenzar. No era ninguno de los Ross, así que su interés por él era mínimo, pero era el primero en salir y quería ver qué hacía. El cazador atacó de frente a Loredas y en menos de un minuto estaba en el suelo. El poder de premonición había probado ser más útil de lo que hubiese pensado, era lo que estaba haciendo que su experimento más prometedor estuviese cerca de conseguir un sujeto de pruebas. Claro, que no todo era perfecto, y allí era que quería observar a los cazadores en acción. Loredas tenía un impresionante poder, sí, pero que tenía una desventaja que, en manos correctas, sería el cuchillo al cuello del demonio. Él no advirtió a Loredas al respecto ¿Cuál sería la diversión entonces?

Jared se retorció en su asiento. Armán había salido a hacerles algo de tiempo pero no lo estaban aprovechando. Tomás estaba en la misma situación que él en el asiento delantero y ni la sacerdotisa ni Jarek estaban conscientes. Eso en parte aumentaba la desesperación de Jared. Tomó uno de sus cuchillos y cortó su cinturón, el de la sacerdotisa y el de Tomás. Ambos salieron a ayudar a Armán, Jared se acercó a su hermano inconsciente y con cuidado cortó su cinturón, poco a poco lo tomó en brazos.

-¡Jarek! No es momento para estar dormido ¡despierta!- Avanzar por el ya estrecho espacio se hacía imposible llevándolo. Y por como sonaba la batalla afuera no quería estar dentro por mucho más tiempo. Tomás y Armán gritaban con tanta intensidad que no sabía si los estaban matando o ellos estaban masacrando el cuerpo del demonio. Un horrible sonido metálico opacó a todos los demás, Jared se aferró al cuerpo de su hermano y cerró los ojos cuando todo a su alrededor comenzó a estremecerse. Al Jared abrir los ojos la mitad de la camioneta ya no existía y la mitad en que ellos estaban había sido lanzada a cien metros, y el panorama afuera no era nada agradable. Los gritos de los cazadores no eran por ira o pasión, sino por frustración. Por cada movimiento que ellos hacían, el demonio hacía dos, uno para bloquear y otro para golpear. Era como ver a un adulto jugar con niños.

-Jared- Hasta ese momento, Jared no sabía que estaba aguantando el aire. Lo dejó salir todo y golpeó a su hermano en el hombro.

-¡¿Por qué fue eso?!- Jared señaló a la pelea.

-Por hacerme perder eso al tener que cuidarte- Jarek sonrió y sacó uno de sus revólveres.

-Permíteme compensar- Apuntó y disparó. El demonio cayó al asfalto gritando de dolor. Los cazadores y la sacerdotisa voltearon. Los gemelos salieron de los restos de la camioneta se pusieron de pie. La cara de asombro de todos hacía a Jared reir. Su hermano tenía la mejor puntería y alcance registrados en toda la historia del clan. Pasaba dos horas diarias practicando y manteniendo su destreza con las armas.

-Jared, te toca- Jared echó a correr hacia donde había caído el demonio. Su hermano era bueno con las armas de fuego, él prefería algo más directo. De los costados sacó un par de cuchillos, pasó a los cazadores y sacerdotisa, brincó hacia el demonio…y hasta ahí llegó. El golpe en el estomago dolió más que todas las vueltas dentro de la camioneta, sentía la presión de la sangre en su cara y alrededor de sus ojos. El demonio estaba de pie, sonriendo, viéndolo con esos ojos llenos de negro que borraba iris, pupila y esclerótica. La fuerza del golpe lo envió más allá de donde estaban los cazadores. Antes de caer, Jared le lanzó uno de los cuchillos pero el demonio lo atrapó.


Remigras soltó una carcajada. Eso estaba resultando muy divertido. Aplaudió a Loredas por hacer creer que la bala le había dado. Estaba satisfecho, los Ross dieron una pequeña probada de sus extraordinarias capacidades y él no podía esperar a tener lo que quería.

-Un poco más, pequeños. Un poco más y quizás tengan una oportunidad para vencer

Los cuatro cazadores atacaron juntos mientras la sacerdotisa se quedaba atrás. Estaba reuniendo energía, Remigras podría sentirlo, y desde donde estaba podía matarla, no tomaría mucho trabajo, pero eso eventualmente sucedería así que no había razón para adelantarse. Remigras se comunicó con Loredas.

-La sacerdotisa intentará algo, Loredas. Reagrúpate antes de que tu tiempo se acabe- El demonio derribó a todos los cazadores, hizo un asentamiento con la cabeza casi imperceptible y echó a correr hacia la casa.


-¡Párenlo!- gritó la sacerdotisa, pero era muy tarde, el demonio ya estaba demasiado lejos. Los cazadores se agruparon alrededor de ella. A cada uno le dedicó una mirada asesina.

-Necesitaré algo de tiempo para recuperar esta cantidad de energía.

-¿Qué energí…- Antes de que Jarek pudiese terminar sintió una corriente por todo el cuerpo, calmando sus heridas, encargándose del terrible dolor en sus costillas que el accidente le había dejado.

-Esa energía- dijo Jared. Jarek miró al grupo.

-¿Todos sintieron eso?- Todos asintieron –Eso es curación…tú nos curaste ¿Cómo es eso posible? Creí que sólo un gran sacerdote podía manejar esa clase de poder- La sacerdotisa esbozó una media sonrisa pero no respondió.

-Janina- le dijo Tomás. La sacerdotisa hizo una mueca y respondió –No es curación como tal. Sigues teniendo tus heridas, toma lo que hice como un poderoso calmante. Esa energía era para dejar inmóvil a ese demonio, aunque seguro hubiese visto eso también. Ese maldito poder de premonición hará todo esto más complicado, aunque no sé por qué se escondió en esa casa en lugar de desaparecer de aquí- Janina apuntó a una de las casas abandonadas de la zona. Era enorme, probablemente tres pisos, y el tiempo no había sido generoso con ella. Ya no quedaba pintura en las paredes y las puertas y ventanas apenas se sostenían en su sitio. Era el tipo de lugar que te hacía pensar que todas las cosas horribles de las películas de terror sí ocurrían. En lugares como ese. A Jared y Jarek la visión de la casa los incomodaba, invocaba la voz de su abuelo pidiendo cautela y contando la historia de Jeremías.

-Sabemos dónde está. Vamos por él- Jarek fue caminando a la casa.

-¡Espera!- le gritó Armán. No puedes ir allí sin un plan. Esto no es una de tus misiones básicas de…- Jared se plantó frente a Armán y acortó la distancia entre sus rostros hasta que Armán retrocedió.

-¿No es eso por lo que estamos mi hermano y yo aquí? Los planes no funcionan con este tipo ¿no es así? El único plan es que lo vamos a mandar de vuelta al inferno. Deja la actitud y haz tu parte. Mi hermano ya ha salido herido y no dejaré que algo peor pase porque tu tiene un palo atascado en el culo. Vamos- Lo último lo dijo para todos. Dio media vuelta y se unió a Jarek camino a la casa.

-Eso estuvo increíble, hermano- le dijo Jarek en voz baja.

-Cállate, Jarek. Odio al abuelo y sus historias. Tengo miedo de entrar en esa maldita casa- Jarek descansó su mano en el hombro de Jared.

-Sabes que te cuidaré, deja el miedo. Concéntrate en odiar al abuelo- Ambos sonrieron.


Remigras apenas podía creer lo fácil que todo estaba resultando. Desde la ventana veía emocionado como sus presas entraban por su propia voluntad a su muerte. Y su objetivo especifico a su nueva vida.

-Jared- susurró.