Jared entró dando tumbos a la habitación, era la única que no estaba cerrada de las que había encontrado. Jarek gruñó del dolor y comenzó a retorcerse para deshacerse de su agarre.
-¡Jarek! Quédate quieto
-La puerta ¡La puerta, coño!- Jared lo dejó ir pero se mantuvo muy cerca. El color en la cara de su hermano comenzaba a desvanecerse. Jarek llevó su mano derecha a la herida en su hombro y la empapó de su sangre, luego la juntó con la puerta, que hizo un sonido parecido a la puerta de un avión sellándose. Jarek retiró la mano para llevársela al pecho. No gritaba de dolor porque sabía que estaba siendo observado. Jared se acercó y pasó su brazo por los hombros de Jarek.
-Voy a matar a Maximilian
-Cállate y ayúdame a llegar a la otra puerta
-¿Cuál otra puerta?- Jarek señaló hacia el fondo de la habitación. Tenía razón, había otra puerta, pero no parecía dar hacia el pasillo sino a otra habitación. Jared admiró a su hermano, aún herido tenía sus sentidos en alerta. Jared lo ayudó a llegar y Jarek repitió el proceso, pero en lugar de ver como su hermano se tragaba el dolor, Jared lo acercó y empujó su cara contra su pecho. Jarek mordió la ropa pero eventualmente dejó salir un grito.

Lo que Max le había dado a Jarek eran hechizos simples, el que acababa de usar era de protección y básicamente selló la habitación. Ni la fuerza física más grande iba a poder romper esas puertas, estaban a salvo. Pero eso venía a un precio. Como Jarek no era un sacerdote, necesitaba su sangre para activar el hechizo, y al hacerlo éste se llevaba una parte de su energía vital. Al no tener el entrenamiento apropiado, eso era extremadamente doloroso. Y en el estado en que estaba, ese no era un lujo que podía darse.

Con cuidado, Jared sentó a su hermano en el piso y lo recostó de la pared, desgarró parte de la camisa para dejar la herida al descubierto. Tuvo mucho control de su cara para no expresar todo el miedo que lo asaltó al verla. Las armas de Jarek tenían una increíble potencia, hacían un desastre al disparar a un enemigo lejano. Un disparo a quemarropa se veía horrible. No tenía que preocuparse por la bala ya que estaba dentro de Loredas en ese momento pero había varias cosas para ocupar su lugar. La sangre seguía saliendo y el hueso estaba perfectamente visible.
-No debiste hacerlo, Jarek
-Te iban a llevar. Es todo lo que importa- Jarek hablaba con el rostro volteado hacia el lado opuesto de la herida.
Tenía miedo. Jared lo sabía porque el de él lo estaba devorando por dentro. Si un médico o Max no veían a Jarek… Jared negó con la cabeza. No, iban a salir de esa maldita casa.

Jared se rasgó su camisa y con eso hizo lo que pudo para vendar la herida de su hermano. Jarek se aferró a su antebrazo mientras él apretaba, incrementando la fuerza de agarre a medida que el nudo se hacía más apretado. Cuando terminó, Jarek intentó levantarse. Jared lo mantuvo en su sitio.

-¿A dónde crees que vas?
- Estar aquí no te garantizara la vida, salir de aquí, sí
-¿A qué te refieres? ¿Por qué…- Jared se quedó callado. Las intenciones de su hermano lo golpearon y el silencio que reinaba en la habitación no hacía nada para negárselo. –Jarek…
-Hay algo aquí que te quiere. Ese demonio, Loredas, me agarró a mí por error, es a ti a quien quiere, y estoy seguro que no es el único demonio aquí
-No me importa. Estamos seguros aquí, ya pensaremos en algo. Podemos…- Jarek tomó con fuerza a su hermano de los hombros.
-Tengo un hueco enorme en el hombro y quedarme aquí es morir desangrado frente a ti sin que puedas hacer nada. Tengo que asegurarme que vas a salir de aquí

Jared no podía sostenerle la mirada a su hermano, comenzó a buscar por toda la habitación por una ventana, algún punto que sirviera para anular el estúpido plan de Jarek, pero no había nada. Sólo un hueco en el techo que dejaba entrar luz de luna pero demasiado alto para que fuese humanamente alcanzable. Jared volvió a devolver la mirada hacia su hermano pero todo lo que pudo ver fue algo yendo hacia él antes de que la oscuridad cubriese todo.

Jarek atrapó el cuerpo de su hermano con su lado sano. Con cuidado lo dejó en el suelo, recostado de la pared. Jarek se miró su mano izquierda y el símbolo que llevaba. Esa era una salida fácil. Un hechizo de transporte. Los sacaría de ahí en un respiro pero no podía controlar dónde caerían. Si lo hacían en la casa, todo el clan les daría la espalda por tomar la salida de los cobardes, especialmente siendo los únicos sobrevivientes. No se vería bien para ellos, fácilmente podían ser acusados de abandonar a sus compañeros. No iba a arriesgar a su hermano a eso, si iba a vivir, que lo hiciera sin acusaciones o dudas. Jarek se inclinó y dejó un beso en la frente de su hermano, el nudo en su garganta se hizo más denso.

-Te amo, imbécil. Cuida de Karen por mí- Jarek salió por la puerta lateral, deshizo el hechizo y volvió a cerrar la puerta. Mientras fuese cuidadoso y nadie lo viera saliendo de allí, su hermano estaría a salvo. Todas las criaturas estaban reunidas en la puerta del pasillo. Llevaba sólo un revolver, sostener algo con el otro brazo era inútil, podía sentir como los nervios comenzaban a morir y su brazo se convertía en un inútil pedazo de carne y huesos colgante. Había miles de posibilidades pasando por su cabeza, pero esa…esa tenía que ser la que le asegurara a Jared escapar. Tenía que serlo.

Jarek abrió la puerta de la habitación conjunta hacia el pasillo y se adentró en los pasillos, tomó un pedazo de escombro del suelo y lo lanzó al piso inferior mientras bajaba por las escaleras. Cuando llegó al centro del recibidor vio hacia arriba y ya estaba rodeado. Todas esas cuencas vacías apuntaban en su dirección. Jarek se aferró a su arma y para sí mismo hizo algo que no había hecho desde que su gemelo había necesitado cirugía en la cabeza: Rezó.


Remigras se sujetaba la mano que el hechizo protector le había quemado al tratar de abrir la puerta de la habitación donde se habían resguardado los hermanos. Estaba tan cerca… y los cazadores seguían poniendo piedras en su camino. Afortunadamente para él, sabía la distribución de esa casa. En la habitación contigua había una puerta que conectaba a esa.
-Quédense aquí- ordenó a sus creaciones –si algo se mueve fuera de esta puerta, atrápenlo pero no lo maten. No quiero más errores- Las criaturas no dieron ningún tipo de respuesta y él no la necesitaba. Sabía que obedecerían, y la lengua era lo primero que les había quitado comenzando sus experimentos de transformación. Los gritos era la parte que menos disfrutaba de sus experimentos, le hacían perder concentración.

Frente a la puerta, Remigras agitó su mano para abrirla con sus poderes pero nada pasó. Lo intentó nuevamente, esta vez con un poco más de fuerza, pero fue lo mismo. La puerta absorbía sus poderes. Estiró la mano para abrirla pero volvió a ser quemado antes de siquiera tocarla. Remigras maldijo y lanzó un ataque completo que tampoco hizo algo para abrirla. Antes de que intentara algo más radical, la puerta se abrió. Si el cazador no hubiese estado mirando a un lado al salir, se hubiesen encontrado cara a cara. Remigras aprovechó los preciados segundos y se ocultó. El cazador pasó a su lado sin percatarse de su presencia y a Remigras nada le indicaba que era el hermano que quería. Su contacto dentro de los cazadores le había provisto de una muestra de sangre de Jared que ahora estaba dentro de Remigras y con ella podía diferenciar a los gemelos. Sólo tuvo que poner un pie dentro de la habitación para que sus adentros le dijeran que el inconsciente apoyado en la pared era Jared. Estaba completamente a su merced y su protector lo dejaba para disfrutarlo.

No más piedras en el camino. No más espera. Remigras cerró la puerta con una sonrisa.


Fue un grito que hizo eco en su cabeza y un dolor que lo atravesó con la velocidad de un rayo. Jared despertó abruptamente y comenzó a buscar desesperadamente por su hermano, barrió la habitación con los ojos dos veces. No estaba. En ninguna de las dos inspecciones se dio cuenta de quien lo miraba desde debajo de la ventana. No lo hizo hasta que lo escucho saludar.
-Hola Jared- Jared respondió instintivamente a la voz que no era de su hermano. Buscó por sus armas pero no tenía ninguna. Nada de pistolas o cuchillos. El extraño rio, se levantó del suelo y se acercó. Cuando la luz iluminó su rostro, toda la atención fue hacia los ojos completamente negros. Jared se levantó y buscó en el cuarto de nuevo, esta vez por algo que usar. El demonio sacó un cuchillo que Jared reconoció como suyo. Y para su sorpresa se lo entregó.
-Sólo quiero hablar, cazador. Necesito tu ayuda- Despacio, prestando atención a cada movimiento, Jared se inclinó a tomar el cuchillo.
-¿Qué quieres?-
-Ya te lo dije, ayuda. Al igual que tu hermano allá abajo- Eso lo alarmó. Lo había hecho, había ido. Maldito Jarek.
-Tengo que ayudarlo-
-¡No puedes!- El demonio lo tomó del hombro para detenerlo. Jared empuño el cuchillo con fuerza y atacó. El demonio retiró la mano a tiempo. –No duraras si sales. Tanto tú como tu hermano serán descuartizados por esas cosas. Son demasiadas-
-Me las he visto peores- el demonio se interpuso entre él y la puerta. Estaba prohibido pero Jared comenzaba a considerar matarlo. O al menos cortar algunos músculos de su cuerpo humano. –Esta es la única advertencia que te daré: Quítate. Necesito ayudar a mi hermano-
-Lo que harás será lo contrario si sales. Tu…- el golpeteo repetido de un objeto cayendo desde la ropa del demonio lo interrumpió. Jared se movió más rápido que él y lo tomó. Era pequeño y transparente, dentro había algo negro, una sustancia muy viscosa. Cuando Jared acercó el recipiente para ver mejor su contenido, éste comenzó a desprender un leve brillo que fue del violeta al rojo y viceversa.
-¿Qué es esto?- el demonio hizo el intento de tomar el envase pero Jared fue más rápido. Se dio cuenta de otra cosa -¿Qué pasa con tus poderes?- por la forma en que el demonio se retrajo en sí mismo, Jared había hecho la pregunta importante. Y no hacía falta que él respondiera.
-No los tienes…eres un demonio rastrero- El demonio se lanzó sobre él pero se detuvo tan pronto como lo intentó. -No soy un demonio rastrero. Alguien me quito mis poderes, y he trabajado muy duro para tratar de tenerlos de vuelta así que dame eso- Jared arrugó su entrecejo y miró el envase en su mano.
-¿Estos son tus poderes?-
-Una solución temporal. Se desvanecen con el tiempo, necesita más trabajo. Por eso quiero que me lo devuelvas- el demonio hizo otro intento de tomar el envase y volvió a fallar. Jared no escuchaba lo que el demonio decía, pero su voz hacía eco en su cabeza. Los enemigos eran demasiados, su hermano estaba herido, él no tenía nada para enfrentarlo que un cuchillo… pero quizás no tenía que hacerlo sólo con eso.
-¡NO!- el grito trajo su mente de vuelta la habitación –Sé lo que estás pensando, cazador. ¡Eso es mío!- esta vez el demonio se lanzó sin ningún refreno y casi toma desprevenido a Jared, que en un par de movimientos lo lanzó al suelo. -Dijiste que necesitabas mi ayuda ¿para qué?-
-Salir de aquí. Loredas me ha tenido encerrado. Pero no puedes tomar eso, es mio ¡MIO! Me ha costado mucho conseguir esos poderes temporales y no vas…- Un grito lo interrumpió, era lejano pero aún audible donde ellos estaban.

Jared abrió el envase e ingirió su contenido.

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Jared sentía que le faltaba el aliento, que por su nariz entraba aire en forma de ásperas piedras, y cada vez que llegaba a él el sonido de los huesos del cuerpo de Janina rompiéndose, la sensación se hacía peor. No se podía mover, su posición era perfecta para detectar cualquier cosa que Loredas intentara o que amenazara a su hermano o compañeros cazadores. Jared y Tomás no se dieron cuenta de lo que acababa de ocurrir, estaban tratando de acertar un golpe a Loredas, sin éxito. Armán estaba parado a varios metros del capullo negro que se hacía más pequeño a cada minuto. Sus pistolas colgaban débilmente de sus manos y sus hombros estaban caídos. Jared lo comprendió en ese momento, no luego de que Armán soltará un grito de ira y tristeza, no después que se uniera a los demás en pelea contra Loredas y la tomara para sí mismo o ver las lágrimas en sus ojos luego de levantarse tras recibir un golpe en la nuca del demonio: Armán quería a Janina.

Jared contuvo las lágrimas que querían salir. Su vista se nublaría y podría perderse algo. Armán usaba todo lo que tenía con él y lo que podía conseguir a la mano, pero nada lo ayudaba. Las balas no llegaban a su objetivo, los cuchillos iban directamente al suelo, al igual que todo lo que le arrojaba. Loredas se limitaba a saltar por las paredes, desaparecer y reaparecer, a no dejar de sonreír. No tenía que atacar, lo que estaba haciendo funcionaba de maravillas. La ira de Armán aumentaba y esa sería su perdición. -¡AYUDENLO!- le grito Jared a Tomás y Jarek, que se habían quedado quietos viendo la explosión de rabia de Armán. Ambos asintieron y se unieron. Jared seguía contando en silencio.

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Loredas desapareció antes de que Tomás pudiese tomarlo del cuello, reapareció detrás de él y lo golpeó en las costillas con una patada. Tomás gritó pero en lugar de caer se volteó con pistola en mano. Le apuntaba a Armán que venía cargando en su dirección. El golpe de la caída más el peso de Armán sobre él lo hizo gritar aún más fuerte. Jarek tenía sus pistolas en alto tratando de apuntar en algún sitio en el cual Loredas fuese a aparecer pero el demonio era demasiado rápido.

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El sonido de la detonación lo asustó, con el corazón latiendo salvajemente Jared buscó por su hermano. Muchos escenarios pasaron por su cabeza en segundos, donde Loredas lo desarmaba y hería. Pero Jarek estaba bien, al igual que Tomás y Armán. Loredas estaba a unos metros de su hermano, boca abajo y quejándose. Jared sonrió. Jarek disparó hasta que se acabaron las balas y Loredas no escapó a ninguna.

-¿Jared?- llamó su hermano. Jared se acercó y sacó sus cuchillos.
-Su poder de premonición no es permanente. Necesita activarlo y se desgasta luego de un minuto. Luego de eso…- Jared maniobró uno de sus cuchillos en la mano antes de lanzarlo hacia Loredas. El cuchillo se enterró en la espalda. El demonio gritó. Armán se lanzó a atacar pero Tomás lo derribó. Armán comenzó a gritar amenazas pero Tomás lo mantuvo contra el suelo. Loredas dejó de quejarse y comenzó a reír.
-No deberían estar tan pendientes de mi- El demonio levantó la cabeza y alzó la mirada. Jared y Jarek lo imitaron.

Atentos a cada movimiento estaban cientos y cientos de criaturas como las que estaban muertas a unos metros de ellos. Algunos con más pústulas que otros o más aspecto animal que humano, pero definitivamente eran de la misma especie y todos llevaban un collar de metal. Jared dejó salir una bocanada de aire involuntariamente y todos los ojos de las criaturas se centraron en él. Poco a poco los gemelos bajaron las miradas. Si antes creían que eran demasiados, ahora estaban seguros que no saldrían con vida de ese lugar si se les echaban encima. Tomás y Armán parecían haberse dado cuenta porque ellos también dejaron de forcejear. El único que se movía era Loredas que, riéndose, se puso de pie y poco a poco se sacó las balas y el cuchillo.

-No necesito poderes para estar dos pasos delante de ustedes, cazadores. Pero por si acaso…
Los ojos de Loredas comenzaron a brillar. Jarek dio un paso adelante para detenerlo pero Jared lo tomó del hombro. Las criaturas caerían sobre ellos al mínimo movimiento para atacar a Loredas.
Una ráfaga de disparos resonó por todo el salón. Los gemelos sacaron sus armas. Todo pareció andar en cámara lenta: Loredas cayó de rodillas con sus ojos volviendo a la normalidad, lo que daba pasó a ver a Armán con el arma en alto con el dolor aún latente en su mirada y Tomás tratando inútilmente de detenerlo. Finalmente, los gemelos miraron hacia arriba y se vieron cara a cara con la horda que acabaría con sus vidas.

-No, no, no ¡NO!- Todo alrededor de Remigras salió volando. Loredas se había desviado del plan, ese maldito ambicioso. Hasta tuvo que usar sus poderes para eliminar a la sacerdotisa, y ahora eso le daba más trabas a su plan. Jared estaba rodeado y a menos que interviniera, no iba a salir vivo. Luego de que todo terminara, iba a consumir a Loredas hasta el último gramo de su alma. Remigras ennegreció sus ojos y se conectó con todas sus criaturas, lo bueno de haber experimentado con mente de colmena. Todas hacían lo que él decía.
Las dirigió a todas hacia los dos cazadores sin importancia. Ambos dieron pelea pero no fue suficiente contra tantos. Entre cuatro desmembraron a uno y el otro murió con su propia espada enterrada en su cráneo. Ahora a los otros dos. La idea era dejar a Jared con vida así que el gemelo era prescindible. Cuando la horda fue por él se vio repelida por una gran sacudida de fuerza, las criaturas, todas, cayeron al suelo. Remigras gruñó.

Loredas estaba de pie pero su aspecto era el esperado tras recibir tantas balas de madera al mismo tiempo. Su piel estaba pasando al color gris y un líquido color negro estaba comenzando a filtrarse por ella. Antes de que Jared o la horda pudieran detenerlo, Loredas tomó por el cuello a Jarek.
-¿Lo quieres?- Loredas comenzó a reír. -¡VEN POR ÉL! No es que vaya a arrancarle la columna vertebral o algo por el estilo- Tanto Jared como la horda se detuvieron. Jared notó eso pero no le prestó atención. Su corazón estaba latiendo en sus oídos y su mente estaba trabajando a todo lo que podía para dar con una forma de quitar a su hermano de las manos del demonio moribundo. Sus manos comenzaron a temblar y sudar. No era la primera vez que se encontraban en una situación así pero se sentía como si lo fuese. Quizás eran las criaturas que tenía a sus espaldas.

Remigras sonrió.

Tomaste al gemelo equivocado

Loredas gruñó mientras los experimentos de Remigras tomaban al otro cazador.
-¡JARED!- el otro se removió en su brazo, Loredas apretó más fuerte alrededor de su cuello. Si no iba a tener ventaja sobre Remigras, iba por lo menos a tener un nuevo cuerpo cuando el moribundo que tenía colapsara.

Jared trató de luchar contra las criaturas pero en un momento lo desarmaron y retuvieron. Su agarre se sentía como una garra mecánica, era imposible moverse. Jared miró a su gemelo a los ojos mientras lo arrastraban. Ese era el final, y lo recibiría con las dos personas que más amaba. Cerró los ojos para evocar la imagen de Alexander. Su sonrisa, lo feliz que era recibir un amanecer en su cama. Jared susurró un te amo y abrió los ojos. Y fue de nuevo como si el tiempo corriera más lento.

Jarek tomó su revólver y lo pegó a su hombro. Disparó. El chillido de Loredas fue señal de que la bala llegó a él. Jarek se liberó del demonio y comenzó a disparar hacia las criaturas. Cuando una bala derribó a su principal captor, Jared aprovechó para tomar alguna de sus armas de los otros. Un juego de cuchillos y un revolver. Mientras corría hacia su hermano, que caía al suelo aun disparando el revólver vacío, fue arrojando cuchillos a aquellas criaturas que se levantaban del suelo e iban tras él. Luego comenzó a disparar. Cuando llegó donde Jarek, rápidamente lo levantó, lo apoyó de su cuerpo y siguió corriendo.

Las criaturas caídas se levantaron, del piso superior cayeron nuevas. Todas siguiendo el rastro de sangre detrás de los hermanos.


Los cazadores entraron con las armas en alto, esperando una emboscada del otro lado, pero el lugar estaba vacío. Destruido, con un intenso olor a humedad y abandono. La luz de la luna se filtraba por los pequeños agujeros en el techo, que no hacia mucho por la oscuridad reinante y a una de las escaleras que llevaba a los pisos superiores le faltaba la mitad, lo que quedaba de los muebles estaba repartido por todo el recibidor y en un par de ocasiones las ratas salieron de un escondite para entrar en otro. Janina se abrió paso entre los cazadores y se posicionó delante de ellos, cerró los ojos y echó la cabeza para atrás. Segundo después se volteó hacia sus compañeros.
-El lugar está desierto y nuestro amigo en la planta superior-
-¿Cómo puedes saber eso?- preguntó Jarek
-Janina no sólo es una sacerdotisa, también es una rastreadora. Cualquier fuente de energía dentro de su perímetro de búsqueda será detectada por ella. Nos será útil con un demonio tan escurridizo- Respondió Tomás.
-Entonces hice bien en traer a mis amigos- Los cazadores no tuvieron tiempo de buscar de donde venía la voz del demonio, fueron asaltados de la nada y lanzados al suelo. Sólo podían cubrirse mientras los golpes caían, y cada uno dolía como si fuese un mazo.
Jared fue el primer en contraatacar. Sacó una navaja de su manga y lanzó una estocada que aterrizó en un buen sitio porque escuchó un chirrido y los golpes pararon el tiempo suficiente para que se pusiera de pie. Estaban rodeados por decenas y decenas de cosas que nunca había visto. Tenían forma humana pero su piel estaba al rojo vivo, con pústulas, vestían ropas rasgadas y las cuencas de sus ojos estaban vacias. Todos llevaban un collar de metal.
Jared desenfundó sus pistolas. Sin importar qué fueran, pocas cosas se levantaban luego de ser golpeadas por balas de madera bendecidas, pero antes de que pudiese disparar algo cargó contra él desde su espalda. Jared maldijo. Descuidar la espalda era un error de novatos. Aprovechó la fuerza de la caída para apoyarse del suelo y empujar hacia atrás, su atacante cayó. Jared  rápidamente tomó las armas del suelo y comenzó a disparar. Había tres y uno no había terminado de sacarse su navaja cuando recibió el disparo. Cuando vio que no se movían, Jared fue a ayudar a los demás. Había demasiados para él solo derrotarlos pero con quitarle los que tenían los demás encima bastaba.


Remigras estaba en una esquina, a cubierto por la oscuridad reinante en la casa. Jared atacaba de una manera rápida y eficaz, siempre a matar. Remigras estaba emocionado, como no lo había estado en mucho tiempo. Cuando su experimento se uniera a semejante espécimen…las posibilidades eran infinitas. Lo único fuera de lugar en su plan eran las criaturas.
Loredas las había soltado demasiado pronto y tres de ellas estaban bloqueando a Jarek de ir a rescatar a sus compañeros. La más grande de las tres se lanzó a atacar. Jarek aprovechó para lanzar un puñetazo, que acertó, y seguido de eso clavarle uno de sus cuchillos en la parte superior del cráneo. Antes de que las otras dos atacaran, Remigras las eliminó todas con chasquido de sus dedos. Con sus poderes, bajó a Loredas hasta el salón. Se arrastró por la oscuridad y tomó a Loredas por la espalda, se acercó a su oído para susurrar
-No arruines mis planes, Loredas- y con eso desapareció. La amenaza en la voz de Remigras envió una ola de miedo por todo su ser.


Jared aún trataba de encontrar explicación a la repentina caída de las criaturas. Todas estaban muertas, o al menos así parecían.
-¿Jared?-
-¡¿Jarek?!- Jared fue donde su hermano a ayudar. Jarek se estaba quejando
-Uno de esos malditos me mordió- Jarek no tenía que decirlo. Su gemelo lo estaba viendo, justo en el antebrazo estaban las impresiones de la mordida y la sangre. Con el cuchillo que tenía en la mano, Jared cortó parte de su camisa y la usó para tapar la herida. Janina se acercó. Lucía terrible, su cabello estaba hecho un desastre y tenía rasguños tanto en la cara como en los brazos.
-Déjame ver eso- Jared levantó su cuchillo y lo puso entre la mano de Janina y el brazo de Jarek.
-No lo toques- Tomás y Armán se acercaron con sus armas en alto.
-¿Qué ocurre, Jared?- Pregunto Tomás.
-No dejaré que alguien que falló al decirnos que este sitio estaba vacío toque a mi hermano. Ustedes deberían redefinir su categoría de sacerdotes estrella- Jared sostuvo su dura mirada con Janina hasta que Jarek lo tomó del hombro.
-Ya. Déjalo. Ayúdame a levantarme- Jared lo tomó del brazo sano. De pie, Jarek se acercó a una de las criaturas
-¿Alguien tiene idea de lo que son?- Los otros cazadores miraron a los caidos a su alrededor y todos negaron con la cabeza.
-Parecieran humanos, pero…- Janina se agachó para tocar a una de las criaturas, pero terminó rodando por el suelo hasta pegar contra los restos de un mueble. Los cazadores desenfundaron sus armas y se cubrieron las espaldas.
-¿Janina?- llamó Armán.
-Estoy bien-
-Por ahora- La puerta y ventanas de la casa se cerraron y la temperatura bajó de golpe. De la oscuridad emergió el demonio con una sonrisa. –Espero mis amigos los hayan hecho sentir bienvenidos- Los cazadores abrieron fuego pero el demonio desapareció. Era inútil, un demonio en tanta oscuridad era imposible de atrapar. Cuando reapareció lo hizo frente a Tomás, pero antes de que el cazador pudiera hacer algo, lo desarmó, lo tomó del brazo y lo lanzó al otro extremo del salón. Volvió a desparecer y su voz resonó por toda la casa.

-Podría matarlos, cazadores. Quiero que lo sepan en cada fibra de su ser antes de que lo haga. Voy a…- lo siguiente que se escuchó fue un estruendo, un rayo de luz de luna creció en intensidad hasta iluminar todo el salón. De nuevo se escuchó el estruendo pero esta vez los cazadores pudieron ver de dónde venía. Era el demonio, yendo a toda velocidad contra una pared y chocando con ella como si fuese un muñeco de trapo. Tomás, que ya se había incorporado y unido al grupo, junto a los demás miraron en dirección de donde el demonio había venido. De la intensa luz salió Janina. Su cabello flotando en todas las direcciones, sus puños emitiendo un brillo plateado de luz de luna y una intensa mirada que decía que se había cansado de los juegos del demonio.


Tomás y Armán sonrieron y se movieron hacia atrás.
-Les recomiendo que nos acompañen, muchachos. Esto acaba de pasar de nuestro nivel- Ambos obedecieron pero no sin apartar la vista. Habían visto a Karena hacer muchas cosas como sacerdotisa, pero nunca algo como eso. Janina parecía una mezcla entre una guerrera elfo y un mensajero de la luna. El demonio se levantó con su sonrisa pedante.
-Al fin. Entretenimiento. Loredas es mi nombre, sacerdotisa. Quiero que lo escuches en tu mente cuando te arranque el corazón- Loredas se lanzó al ataque, al igual que Janina. Su velocidad era increíble, los cazadores apenas podían mantener el paso de la pelea. El primer golpe lo acertó Janina. Loredas salió disparado contra el techo y al bajar Janina lo estaba esperando con otro golpe que Loredas logró evitar al lanzarle una especie de niebla negra en la cara a la sacerdotisa. Janina retrocedió mientras se la quitaba de la cara. Loredas aprovechó para acertarle un buen número de golpes y, con su poder, lanzarla contra el techo. Janina utilizó el suyo para atacar desde arriba. Los que no acertaban dejaban en el suelo una marca parecida a la de una bola de demolición. Janina era poderosa. Loredas parecía sorprendido por ese hecho, especialmente cuando uno de los ataque le pasó muy cerca y, a pesar de que no lo alcanzó, la onda de impacto sí lo hizo.


Jarek miraba asombrado mientras su gemelo lo hacía inquieto. Jared miró por encima de su hombro, Tomás y Armán estaban tan concentrados como su hermano. Era un espectáculo, no lo podía negar, pero algo no estaba bien. Janina había golpeado varias veces a ese demonio cuando ninguno de ellos pudo siquiera rozarlo ¿Dónde estaban los poderes de precognición? ¿Los estaba Janina suprimiendo? ¿Por qué estaban su hermano y él allí si ella podía con el demonio? Jared se aferró a su cuchillo.
-Está cansada- dijo Armán. Todos miraron a Janina. Era cierto, cuando se detenía trataba de tomar aire. Los poderes de los sacerdotes no eran para atacar, la fuerza vital de Janina se estaba yendo.
-¡Janina! ¡Cuidado!- pero fue demasiado tarde para la advertencia de Armán. Del suelo emergieron unos tentáculos negros que tomaron a Janina de los tobillos, las muñecas y el cuello. Jarek, Tomás y Armán fueron a ayudar pero chocaron contra algo invisible que no los dejaba avanzar.
-En un momento lidiare con ustedes, cazadores- Loredas tenía la mano en alto en dirección a ellos. Lo que sea que los estaba frenando era obra suya. Armán dio varios pasos atrás y desenfundó su pistola. Tomás y Jarek se quitaron segundos antes de que comenzara a disparar. Jared no prestaba atención a eso sino a Remigras. Caminó hacia Janina que trataba en vano de librarse de los agarres. Entonces pasó. Los ojos de Remigras cambiaron de humano a demonio, la negrura abarcó todo y entonces comenzaron a brillar. Levemente, pero Jared había visto suficiente tiempo en los ojos de los demonios para conocer alguna diferencia. Loredas dio un salto atrás segundos antes de que las ataduras de Janina desaparecieran en una explosión de luz, que de haber alcanzado a Loredas le habría hecho daño. La precognición había regresado. Janina levantó su mano hacia los cazadores y el muro invisible desapareció, y ella cayó desmayada. Armán fue corriendo hacia ella mientras Tomás y Jarek fueron tras de Loredas. Jared contaba silenciosamente mientras atestiguaba lo que ocurría.

Su hermano y Tomás siendo aventajados por Loredas.

Y Armán no pudiendo llegar a tiempo donde Janina y sólo observar mientras nuevos tentáculos se aferraban a su cuerpo, se convertían en una especie de capullo y presionaban hasta que la sangre comenzó a filtrarse.


Desde una ventana de las casas abandonadas Remigras observaba todo el espectáculo. La camioneta donde viajaban los cazadores y su objetivo estaba dejando de dar vueltas, nadie moriría allí, de eso se aseguraría él. La muerte de los demás estaba a cargo de sus demonios y su objetivo debía llegar con vida a sus manos. Loredas estaba de pie en medio de la carretera donde el auto ahora reposaba destrozado, los poderes que le había dado estaban dando resultados. Loredas no era más que un alma torturada recién convertida en demonio cuando lo encontró para que jugara un papel en su plan, ahora era capaz de destrozar bienes humanos con solo mover su mano.

El primer cazador salió de debajo de la camioneta. Remigras sonrió. El espectáculo estaba por comenzar. No era ninguno de los Ross, así que su interés por él era mínimo, pero era el primero en salir y quería ver qué hacía. El cazador atacó de frente a Loredas y en menos de un minuto estaba en el suelo. El poder de premonición había probado ser más útil de lo que hubiese pensado, era lo que estaba haciendo que su experimento más prometedor estuviese cerca de conseguir un sujeto de pruebas. Claro, que no todo era perfecto, y allí era que quería observar a los cazadores en acción. Loredas tenía un impresionante poder, sí, pero que tenía una desventaja que, en manos correctas, sería el cuchillo al cuello del demonio. Él no advirtió a Loredas al respecto ¿Cuál sería la diversión entonces?

Jared se retorció en su asiento. Armán había salido a hacerles algo de tiempo pero no lo estaban aprovechando. Tomás estaba en la misma situación que él en el asiento delantero y ni la sacerdotisa ni Jarek estaban conscientes. Eso en parte aumentaba la desesperación de Jared. Tomó uno de sus cuchillos y cortó su cinturón, el de la sacerdotisa y el de Tomás. Ambos salieron a ayudar a Armán, Jared se acercó a su hermano inconsciente y con cuidado cortó su cinturón, poco a poco lo tomó en brazos.

-¡Jarek! No es momento para estar dormido ¡despierta!- Avanzar por el ya estrecho espacio se hacía imposible llevándolo. Y por como sonaba la batalla afuera no quería estar dentro por mucho más tiempo. Tomás y Armán gritaban con tanta intensidad que no sabía si los estaban matando o ellos estaban masacrando el cuerpo del demonio. Un horrible sonido metálico opacó a todos los demás, Jared se aferró al cuerpo de su hermano y cerró los ojos cuando todo a su alrededor comenzó a estremecerse. Al Jared abrir los ojos la mitad de la camioneta ya no existía y la mitad en que ellos estaban había sido lanzada a cien metros, y el panorama afuera no era nada agradable. Los gritos de los cazadores no eran por ira o pasión, sino por frustración. Por cada movimiento que ellos hacían, el demonio hacía dos, uno para bloquear y otro para golpear. Era como ver a un adulto jugar con niños.

-Jared- Hasta ese momento, Jared no sabía que estaba aguantando el aire. Lo dejó salir todo y golpeó a su hermano en el hombro.

-¡¿Por qué fue eso?!- Jared señaló a la pelea.

-Por hacerme perder eso al tener que cuidarte- Jarek sonrió y sacó uno de sus revólveres.

-Permíteme compensar- Apuntó y disparó. El demonio cayó al asfalto gritando de dolor. Los cazadores y la sacerdotisa voltearon. Los gemelos salieron de los restos de la camioneta se pusieron de pie. La cara de asombro de todos hacía a Jared reir. Su hermano tenía la mejor puntería y alcance registrados en toda la historia del clan. Pasaba dos horas diarias practicando y manteniendo su destreza con las armas.

-Jared, te toca- Jared echó a correr hacia donde había caído el demonio. Su hermano era bueno con las armas de fuego, él prefería algo más directo. De los costados sacó un par de cuchillos, pasó a los cazadores y sacerdotisa, brincó hacia el demonio…y hasta ahí llegó. El golpe en el estomago dolió más que todas las vueltas dentro de la camioneta, sentía la presión de la sangre en su cara y alrededor de sus ojos. El demonio estaba de pie, sonriendo, viéndolo con esos ojos llenos de negro que borraba iris, pupila y esclerótica. La fuerza del golpe lo envió más allá de donde estaban los cazadores. Antes de caer, Jared le lanzó uno de los cuchillos pero el demonio lo atrapó.


Remigras soltó una carcajada. Eso estaba resultando muy divertido. Aplaudió a Loredas por hacer creer que la bala le había dado. Estaba satisfecho, los Ross dieron una pequeña probada de sus extraordinarias capacidades y él no podía esperar a tener lo que quería.

-Un poco más, pequeños. Un poco más y quizás tengan una oportunidad para vencer

Los cuatro cazadores atacaron juntos mientras la sacerdotisa se quedaba atrás. Estaba reuniendo energía, Remigras podría sentirlo, y desde donde estaba podía matarla, no tomaría mucho trabajo, pero eso eventualmente sucedería así que no había razón para adelantarse. Remigras se comunicó con Loredas.

-La sacerdotisa intentará algo, Loredas. Reagrúpate antes de que tu tiempo se acabe- El demonio derribó a todos los cazadores, hizo un asentamiento con la cabeza casi imperceptible y echó a correr hacia la casa.


-¡Párenlo!- gritó la sacerdotisa, pero era muy tarde, el demonio ya estaba demasiado lejos. Los cazadores se agruparon alrededor de ella. A cada uno le dedicó una mirada asesina.

-Necesitaré algo de tiempo para recuperar esta cantidad de energía.

-¿Qué energí…- Antes de que Jarek pudiese terminar sintió una corriente por todo el cuerpo, calmando sus heridas, encargándose del terrible dolor en sus costillas que el accidente le había dejado.

-Esa energía- dijo Jared. Jarek miró al grupo.

-¿Todos sintieron eso?- Todos asintieron –Eso es curación…tú nos curaste ¿Cómo es eso posible? Creí que sólo un gran sacerdote podía manejar esa clase de poder- La sacerdotisa esbozó una media sonrisa pero no respondió.

-Janina- le dijo Tomás. La sacerdotisa hizo una mueca y respondió –No es curación como tal. Sigues teniendo tus heridas, toma lo que hice como un poderoso calmante. Esa energía era para dejar inmóvil a ese demonio, aunque seguro hubiese visto eso también. Ese maldito poder de premonición hará todo esto más complicado, aunque no sé por qué se escondió en esa casa en lugar de desaparecer de aquí- Janina apuntó a una de las casas abandonadas de la zona. Era enorme, probablemente tres pisos, y el tiempo no había sido generoso con ella. Ya no quedaba pintura en las paredes y las puertas y ventanas apenas se sostenían en su sitio. Era el tipo de lugar que te hacía pensar que todas las cosas horribles de las películas de terror sí ocurrían. En lugares como ese. A Jared y Jarek la visión de la casa los incomodaba, invocaba la voz de su abuelo pidiendo cautela y contando la historia de Jeremías.

-Sabemos dónde está. Vamos por él- Jarek fue caminando a la casa.

-¡Espera!- le gritó Armán. No puedes ir allí sin un plan. Esto no es una de tus misiones básicas de…- Jared se plantó frente a Armán y acortó la distancia entre sus rostros hasta que Armán retrocedió.

-¿No es eso por lo que estamos mi hermano y yo aquí? Los planes no funcionan con este tipo ¿no es así? El único plan es que lo vamos a mandar de vuelta al inferno. Deja la actitud y haz tu parte. Mi hermano ya ha salido herido y no dejaré que algo peor pase porque tu tiene un palo atascado en el culo. Vamos- Lo último lo dijo para todos. Dio media vuelta y se unió a Jarek camino a la casa.

-Eso estuvo increíble, hermano- le dijo Jarek en voz baja.

-Cállate, Jarek. Odio al abuelo y sus historias. Tengo miedo de entrar en esa maldita casa- Jarek descansó su mano en el hombro de Jared.

-Sabes que te cuidaré, deja el miedo. Concéntrate en odiar al abuelo- Ambos sonrieron.


Remigras apenas podía creer lo fácil que todo estaba resultando. Desde la ventana veía emocionado como sus presas entraban por su propia voluntad a su muerte. Y su objetivo especifico a su nueva vida.

-Jared- susurró.


A pesar de todas las cosas que pesaban dentro de ellos, Jared y Jarek mantenían la mente totalmente despejada mientras se preparaban. Nunca dejaban que algo los distrajera en una cacería, esa podía ser la diferencia entre la vida y la muerte, y ambos tenían razones para regresar vivos. Escucharon la puerta abrirse pero no le prestaron atención, conocían las pisadas de quien acababa de entrar.

-Tanto filo como pueden cargar encima, automáticas, seguramente cargadas con balas de madera, y están haciendo eso de cargar diferentes armas para hacer esas piruetas que tanto les gusta. Diré que están yendo contra un demonio, que no saben muy bien cómo atacar y que probablemente trataran de lucirse… en la misión menos indicada para ello

-Piérdete Desirée- respondieron ambos al unisonó. Su hermana mayor era un dolor de cabeza, y con el tema de que ellos habían recibido el llamado y ella no, se había puesto peor. Desirée era una hermosa, talentosa y mortal cazadora con poderes de sacerdotisa. No era la única de su tipo, pero esa combinación era muy rara. Un cazador común no era capaz de soportar el sacerdocio, pero no había nada común en Desirée. Pertenecía al quinto nivel y todos los niveles inferiores la admiraban, entre ellos susurraban que la herencia de Roden Ross y su sangre no podía ser más pura de lo que corría por las venas de Desirée. Debido a eso su hermana se tomó a pecho ser la cazadora modelo y siempre guiarse por las normas del clan, y esa era la razón por la que su relación era tan tormentosa. Los gemelos se llevaban tan bien con su hermana como lo hacían con las reglas.

-¿Están totalmente seguros que pueden hacerlo? Porque deberían decirlo, fracasar en algo como esta sólo traería una mancha a nuestro apellido

-Creíamos que nuestra mera existencia era una mancha en nuestro apellido- dijo Jared

-No seas dramático, Jared. Sólo los estoy invitando a pensar en algo más que ustedes mismos- Jarek enfundó la última de sus armas y se unió a la conversación.

-A ver, si nosotros falláramos eso hablaría mal de nuestro entrenamiento como cazadores, y fuiste tú quien personalmente nos entrenó. Entonces ¿Quién estaría poniendo manchas en el apellido? ¿Nosotros o tú?- Una vena se hizo visible en la frente de Desirée, una sonrisa en los labios de los gemelos –Deberíamos avisarle a Pandora, Jared. Nuestra hermana menor merece la oportunidad de decidir si el entrenamiento al que está sometida es el que la llevara a alzar el nombre Ross hasta la estratosfera para llenarlo de tanta gloria que no sabrá qué hacer con ella- Desirée les dio una mirada fría a ambos. Se destacaba por ser una buena estratega y sabía que no podía salir vencedora contra los gemelos, no contra ambos al mismo tiempo al menos. Salió del cuarto azotando la puerta tras ella. Los gemelos disfrutarían eso tanto como pudieran. Desirée seguro se los haría pagar, pero valdría la pena.

A la salida de Desirée alguien más entró al cuarto. Jared se volteó a decir algo pero se quedó en silencio e hizo una reverencia.

-Alto sacerdote Maximilian- Saludó Jared

-Hola Max- saludó Jarek. Su hermano se volteó y le dio una mirada de reproche.

-Se te van a salir los ojos, cálmate- Maximilian soltó una carcajada y cerró la puerta tras él.

-Está bien, Jared. Me he acostumbrado a las peculiaridades de tu hermano menor

-Por dos minutos- aclaró Jarek.

-Y aún así sigues siendo menor que yo- Jarek bufó. Maximilian rió de nuevo pero esta vez se aclaró la garganta.

-No es mi intención interrumpirlos, sé que están preparándose para su…misión. Sólo quería dejarle algo a Jarek

-Sí, claro, pero la despedida no es sino hasta dentro de un par de horas- Jarek soltó una carcajada.

-Sinceramente, Jared, no sé cómo no terminaste con todos esos retardados de los sacerdotes. Max está hablando de algo que no puede darme frente a todo el mundo- Jarek se acercó a Maximilian, inclinó su cabeza y estiró sus manos con las palmas abiertas. – ¿Ves por qué me avergüenzas cada vez que aclaras que soy menor que él?- Maximilian rió y cubrió las palmas de Jarek con las suyas.

-Y aún así es la total verdad, amigo mío- Jared atestiguó todo sin la mínima idea de lo que estaba pasando. Su hermano separó sus manos de las del alto sacerdote de una manera brusca y vociferando obscenidades. A Jared le sorprendía la ligereza con que su hermano y Maximilian se tomaban las cosas estando juntos, era una muy rara amistad comenzando por la edad entre ambos y terminando con sus rangos dentro del clan. Cómo dos personas tan distintas eran tan amigos era una de las cosas que Jared atribuía a los misterios de la vida.

Jarek se miró las manos y luego, con incredulidad, a su amigo.

-Max…esto es…

-Para uso de total emergencia. Ahora me retiro. Jarek. Jared- Maximilian juntó sus manos e inclinó su cabeza. Jarek y Jared lo imitaron en respuesta. En lo que el sacerdote salió, Jared se acercó a su hermano que seguía viéndose las manos. Al percatarse que se acercaba volteó sus palmas.

-¿Qué es eso?

-Nada de lo que debas preocuparte, hermano. Terminemos aquí- No era la primera vez que Maximilian le daba ese tipo de regalos, sin embargo esta vez había sido algo muy distinto y eso lo confundía ¿Estaba Maximilian dándole algún tipo de mensaje? ¿O sólo estaba asegurándose que tuviese lo mejor para su misión? Jarek estaba indeciso si averiguarlo o no.


Todos los miembros del clan Ross que no estaban de servicio, y algunos que se lo saltaron, estaban allí para despedir a los que se iban con la hermandad. Era un evento que podía ir de dos maneras. Regresarían como parte de ese exclusivo grupo de cazadores o no regresarían en lo absoluto y sería la última vez que los verían con vida. Los gemelos hubiesen salido por la puerta trasera de no ser por su familia que también estaba entre los que los iban a despedir. Su madre los abrazó con fuerza, su padre les recordó lo orgulloso que estaba de ambos, Desirée fue tan política como lo esperaban y Pandora se lanzó a abrazarlos aún más fuerte que su madre con lágrimas en los ojos. Karena tuvo menos autocontrol y se aferró al cuello de Jarek para un beso muy largo e incomodo, para Jared un abrazo breve.
Lo mejor para los gemelos vino de parte de su abuelo, sentado en su silla de rueda se acercó a ellos con un paquete negro en las piernas. Jared se inclinó a recibirlo pero su abuelo lo golpeó en la mano, Jarek fue el único que no contuvo su carcajada. Su abuelo se levantó y deshizo el paquete que resultó ser dos sobretodos de cuero perfectamente doblados. Cuando Roden se levantó de su silla y deshizo el primero, casi todos los presentes aguantaron la respiración por la sorpresa, los gemelos también. Lo que su abuelo les estaba dando era un regalo simbólico que significaba mucho no sólo para su familia sino para casi todos los cazadores que existían. Dos sobretodos negros con una serpiente en uno y un tigre en el otro, bordados en la parte trasera. Eran propiedad de Roden y su compañero cazador, Marcos. No había foto o historia dentro de esas paredes que no incluyera esos sobretodos.

-Mi amigo y yo fuimos encomendados con una pesada carga, proteger a las personas de todo lo aquellos que acecha y trate de dañarlos. En lugar de tomar esa carga y dejar que nos consumiera, él y yo tuvimos un sueño: Crear una familia para que nos ayudase con tan pesada carga. Les estoy entregando a mis nietos las prendas que él y yo usamos durante la creación de nuestro sueño. Jared, Jarek, que les sirva de recordatorio: No importa qué pase, no importa lo pesado de la carga o lo incierto que sea todo, su familia siempre estará con ustedes, para ustedes- Ambos gemelos sonrieron y bajaron la cabeza en señal de agradecimiento a su abuelo. Una muestra de afecto más allá de eso y se adentraban en territorio desconocido.


Mientras dejaban la ciudad atrás, los gemelos pensaban en distintas cosas. Jarek en el presente de Maximilian y Jared en Alexander, lo injusto que era para ambos que él no hubiese estado despidiéndolo, compartiendo la preocupación con su familia de si iba a regresar o no. Las palabras de su abuelo lo hacían sonreír. Eran bonitas y tenían buena intención pero la verdad era otra. Decirle a su familia que estaba trabajando de mercenario para demonios no era tan malo en comparación a decirles que era gay.


El grito lo sacó de su línea de pensamiento y lo siguiente que supo es que el auto estaba dando vueltas y que su hermano gritaba de dolor.