El cuerpo de Remigras se encontraba sentado en el suelo, cruzado de piernas con los ojos cerrados. Su mente estaba en otro plano rodeado de nubes rojas y tormentosas. Allí esperaba por alguien.

-Se supone que los demonios no tiene ni una sola cualidad positiva. La puntualidad no hará nada bueno por tu reputación- Su cómplice estaba dentro de un cumulo de nubes rojizas y sólo la silueta de su cuerpo era visible. La conexión que estaba haciendo para sus reuniones era débil, y así se mantenía por peligro de que alguna sacerdotisa o sacerdote dentro de la casa de los cazadores se diera cuenta y todo fuese descubierto.

-Cuando tienes una inversión haces todos los sacrificios posibles. Dame noticias-

-Acaban de entrar a la reunión, deben estar proponiéndoles la misión mientras hablamos-

-¿Y de verdad piensas que aceptaran?- Su cómplice lanzó una carcajada.

-Dejando a un lado que son Ross, son cazadores. Hombres. Se dejan llevar por un instinto de querer ser más que otros, de probarse más capaces que los demás. Son brutos sin visión más de lo que se les pone delante. Aceptaran sin vacilar-

-Eso espero- dijo Remigras en tono serio. Su cómplice había probado ser de mucho uso pero esa era la misión primordial, por ese momento era que había trabajado tanto, no podía confiar nada. Remigras sí apreciaba la ironía de que ese momento estuviese pasando sin él haber levantado un dedo.

-Deja el tono amenazante. Los llevaré a la casa, tú encárgate de hacer tu parte y darme lo que me corresponde por esto.

Y si por un momento piensas traicionarme, Remigras, recuerda que es sabido que más peligroso que tratar de jugársela a un demonio, es tratar de hacerlo con alguien del clan Ross- Remigras gruñó.

-Ten cuidado con tu manera de dirigirte a mí. Bien puedo aparecer en casa de los Ross y hablarles de ti. No creo que eso ayude a tu búsqueda de poder-

Ambas figuras quedaron de frente, sin decir una palabra. El silencio sólo se rompió por el sonido de las nubes rojas desapareciendo junto al cómplice de Remigras. El demonio, sonrió e hizo lo mismo.



Jared y Jarek salieron del estudio de su abuelo sin decir una palabra o mirarse. No necesitaban de eso, sabían cómo se sentían, lo que toda la información confiada por su abuelo les hizo. Jared salió de la casa ignorando en el camino a su hermana mayor que despotricaba acerca de cómo era posible que ellos hubiesen recibido el llamado y ella no. Jarek se internó en los pasillos, recorrió cada esquina hasta que la encontró. Recostada de la baranda al inicio de las escaleras con la mirada perdida, se acercó a ella y la abrazó por detrás. Jarek cerró los ojos por unos segundos y al abrirlos tenía la mejor cara que podía poner. Karena era su fuerza, y en ese momento la necesitaba, pero no podía estar tan afectado a su alrededor, eso sólo la haría preocuparse. Le dio un beso en la coronilla y apoyo su cara en su cabeza.

-¿Cómo fue todo?-

-Muy bien. Salimos mañana en la noche- Karena se deshizo del abrazo y dio la vuelta para estar frente a Jarek, arrugó el ceño y tomó la cara de su novio en sus manos.

-¿Estás bien? Si no me equivoco, deberías estar más emocionado- Jarek sonrió pero por dentro maldecía. Karena era muy detallista y perspicaz.

-Por supuesto que sí. Es sólo que…tengo que prepararme y eso, lo que me deja poco tiempo contigo-Jarek dejó su mano en la parte baja del estomago de Karena –Quisiera aprovecharlo-

La puerta se cerró a empujones, la ropa cayó en trozos y la cama recibió a los dos cuerpos que trataban en fusionarse con besos y caricias. Jarek fue empujado hacia abajo, Karena se subió a él y se soltó el cabello. Jarek amaba eso, con el cabello suelto ella se veía millones de veces más hermosa. Levantó la mano para acariciárselo pero Karena lo tomó y lo dejó de nuevo abajo. Que ella tomara el control de esa manera era otra cosa que Jarek amaba. Karen atacó todo el cuerpo de Jarek y los gemidos le decían que hacía un buen trabajo, luego de un gruñido Jarek dejó la sumisión y tomó el control. Intercambiaron lugares y Jarek le devolvió el favor antes de realmente fusionarse, los gritos de ambos llenaban cada esquina del cuarto pero ninguno de ellos se filtraba al exterior debido a las modificaciones que Jarek le había hecho a las paredes.

Para cuando el último grito había sido expulsado, ambos estaban al límite de sus fuerzas. Jarek se apoyó sobre un brazo y con la mano del otro le quitó el cabello de la cara a Karena.

-Eres hermosa-

-Lo sé- Ambos soltaron una carcajada.

-¿Modesta?-

-Totalmente- Jarek se acostó y le besó el cuello

-Sabes que te amo ¿verdad?- Jarek no llegó a escuchar la respuesta. El cansancio el ganó y se quedó dormido. Karena lo sostuvo hasta que ella también cayó dormida.



Alexander estaba de pie leyendo un libro, una costumbre que había cultivado desde niño. Leer de otra manera le resultaba imposible. Llamaron tres veces a su puerta. Raro, no esperaba a nadie y no tenía suficientes conocidos como para…dejó el libro a un lado y se quitó los lentes. Fue a la cocina y tomó el cuchillo más largo que pudo encontrar. Su teléfono estaba cerca de la puerta así que iba a llamar a Jared mientras miraba quien era por el ojo de pez de la puerta. Aún había miembros de la manada de hombres lobo que trató de matarlo rondando por ahí.

Cuando vio que era Jared parado del otro lado su corazón brincó, dos veces. La primera por la tranquilidad de que no era otra persona o bestia, y la segunda porque sólo había una razón por la cual él llamaba y no entraba directamente. Alexander dejó el cuchillo y el teléfono a un lado y asentó ambas palmas en la puerta junto a su mejilla.

-¿Cuándo te tienes que ir?- Escuchar a Alex decir eso lo devastaba cada vez. No era justo lo que estaba haciendo, pero lo necesitaba. Jared apoyó la frente en la puerta.

-Mañana- Alexander cerró los ojos y paseó sus uñas por la puerta. Se moría por abrirla y abrazarlo pero Jared había establecido esa costumbre. Antes de irse a una misión no quería verlo para despedirse sino al regresar para saludarlo, en una ocasión Jared rompió su silencio al respecto y le dijo que la verdad era que no estaba seguro de tener las fuerzas para separarse de él, mucho menos de imponer su deber sobre sus sentimientos. Alexander sabía lo que eso significaba, él tenía el poder de hacer que Jared dejará su vida con tan sólo una petición, y ese era un poder que él no quería. Así como lo había salvado a él, había muchas vidas que Jared podría salvar. Sería eogista de su parte desviarlo de su camino. Del otro lado de la puerta, Jared se sentó el suelo y se recostó de la madera. Alexander hizo lo mismo.

-¿Estás preparado?-

-Sí, totalmente-

-Haré esta pregunta de nuevo, Jared: ¿Puedo abrir la puerta? Hemos hecho esto más de una docena de veces y no me acostumbro-

-No. Por favor, no. No puedo…- Alex y Jarek tragaron grueso. Ambos sabían lo que estaban haciendo pero ninguno se atrevía a darle nombre. Su despedida número 20. Demasiadas.

-Está bien- Ambos se quedaron en silencio con la cabeza y una mano apoyadas en la madera. Pasaron varios minutos antes de que Jared rompiera el silencio.

-Alex, sabes que te amo ¿verdad?- Los ojos de Alexander se llenaron inmediatamente de lagrimas.

-Sí, lo sé. Siempre lo he sabido- respondió al instante.

-No, no, no, no. No me refiero a que lo estés escuchando o me tengas en tu mente besándote o acariciándote. Me refiero a que ¿lo sientes? ¿En tu estomago lo sientes? ¿En tu corazón? ¿Sabes que literalmente eres mi primer pensamiento al despertar, el último al acostarme y todo lo que llena mi mente mientras me juego la vida? ¿Sabes que has traído a mi vida nada más que felicidad, que gracias a ti no sólo soy feliz sino que veo todo de mejor manera? ¿Sabes que me siento totalmente miserable por hacerte pasar por todo esto y no darte la cortesía de siquiera llevarte a conocer a mi familia porque, a diferencia de ti, aún no encuentro la fuerza para decirle a alguien que eres mi mundo? ¿Sientes que si en algún momento ha pasado por tu cabeza que esto no es en serio, eso me mataría porque nunca quiero darte momentos así sino extrema alegría, porque tu felicidad es la mía? ¿Sabes que si pudiese hacer algo más allá de lo humano sería poder parar el tiempo porque estar desnudo contigo, mi cabeza en tu pecho y tus latidos hablándome en el oído es mi definición de vivir y cada minuto que no vivo es uno que siento que estoy siento comido vivo por dentro? Porque necesito saberlo, Alex. Necesito que esta vez me respondas de verdad ¿Lo sabes? ¿Lo sientes con cada fibra de tu ser? ¿En tu estomago? ¿En tu corazón? ¿Sabes que te amo?- La razón por la cual Alexander lloraba era porque Jared normalmente no hacía ese tipo de declaraciones.

-Sí, lo sé. Con todo mi ser, lo sé. Y con ese mismo ser te amo- Pasó otro minuto en silencio. –Hay algo que no me estás contando ¿verdad?- No hubo respuesta. Con un enorme peso en el corazón, Alexander se levantó y abrió la puerta. No había nadie. Eso le dio una posible respuesta a su pregunta de por qué esa despedida no había sido como las otras.

Quizás era porque sería la última.



Jared y Jarek caminaban en silencio, mirándose ocasionalmente. La hermandad era un apodo que todos le tenían a la rama más exclusiva y aislada de su clan de cazadores, los más poderosos sacerdotes, los más mortales asesinos, los mejores estrategas, los líderes. Ellos los habían llamado. Y sólo habían dos razones para eso: Que hubiesen cometido una infracción tan grande que no quedaba otra solución que la muerte o la amnesia, o que hayan visto algo en ellos que se consideraba material de la hermandad. Ambos gemelos esperaban que fuese la última opción, los dos tenían un largo historial de acciones impulsivas y quebranto de reglas.

Karena los guiaba por la interminable combinación de pasillos de la mansión, cosa que era innecesaria ya que ellos habían crecido allí y sabían de memoria cada rincón. Pero con la hermandad, los protocolos lo eran todo. Karena se detuvo y se hizo a un lado, con una sonrisa les hizo señas a los gemelos para que entraran por la puerta doble de oscura y pulida madera. Le dio un beso a Jarek y apretó la mano de Jared. Parte de Jarek deseaba que ella entrara, ella le daba fuerzas y determinación, pero sus leyes le prohibían estar en una reunión de hombres, mucho menos en una que incluía a la hermandad. Para Jarek, eso eran estupideces, su hermana era el ejemplo de que eso no era una limitación y que habían muchos hombres que quedaban por debajo de las mujeres del clan. Jared le dio un pequeño empujón con el hombro a su gemelo y ambos entraron.

Sólo habían tres hombres dentro, dos en vestiduras negras con capuchas, de pie frente a un escritorio y un anciano detrás, su abuelo. Roden Ross, una leyenda entre todos los cazadores del mundo, el encarcelador de Díteras, el demonio negro, y fundador de su clan. Como todos dentro y fuera de esas paredes, Jared y Jarek no eran indiferentes al aura de poder y autoridad que su abuelo emanaba, y en ese momento, sentado y en sus, según él mismo, últimos años de vida (aunque venía diciendo lo mismo desde que su hermana mayor tenía memoria) esa aura no había disminuido. Los gemelos inclinaron la cabeza a manera de saludo, cerraron la puerta tras ellos y se acercaron. Los encapuchados dejaron sus rostros al descubierto, uno de cabello rubio rizado, ojos negros y una cicatriz que iba desde la frente hasta su pómulo, pasando por su ojo derecho y el otro, de rasgos y mirada dura, cabello negro, impecable peinado, ojos que no eran azules ni verdes sino algo intermedio y, a diferencia de su compañero, ni una imperfección o marca en su rostro de tez morena.

-Nietos- saludó su abuelo. Por unos minutos nadie dijo otra palabra, el ambiente se estaba poniendo incomodo para los gemelos, especialmente porque todos estaban viéndolos detenidamente, como analizando o esperando que les crecieran cuernos y una tercera pierna. El hombre de la cicatriz dio un paso adelante y se colocó frente a ellos.

-Jared y Jarek Ross, nietos de Roden Ross, cazadores de nivel cuatro, los hemos llamado debido a su historial de misiones. Ustedes dos son impredecibles, ajenos a la obediencia de reglas en el campo de batalla. Irresponsables, inestables e incontrolables. Hacen lo que les parece sin pensar en consecuencias, entran en batallas sin una estrategia, sin un plan, tienen la equivocada noción que nada puede dañarlos y que siempre saldrán vencedores. Es un milagro que sigan con vida- Ambos gemelos tragaron grueso y se prepararon mentalmente para combatir con un solo pensamiento en sus cabezas: Proteger a su gemelo, o al menos darle el suficiente tiempo para escapar.

-Armán, deja de tratar de asustar a mis nietos. Son Ross, el miedo es algo desconocido para ellos. Todas las cosas que acabas de enumerar de forma tan elocuente lo dejan bien claro- El de tez morena rompió su silencio con una risa. Cambió de puestos con su compañero y se cruzó de brazos.

-Me disculpo por la introducción de mi compañero. Armán puede ser un poco maniático en lo que a reglas se trata. Mi nombre es Tomás, Armán y yo somos cazadores de nivel diez. Hermandad, como nos llaman en los niveles bajos. Hemos estado hablando con su abuelo, tratando de conseguir su aprobación para dirigirnos a ustedes. Los ángeles nos favorecieron-

-Apenas- interrumpió Roden –Y eso porque me agradas más que ricitos de oro- Los gemelos hicieron su mayor esfuerzo para no reírse. Por sus cabezas ya habían pasado miles de frases para apoyar el comentario de su abuelo, pero no era el momento o lugar.

-Debido a todas las razones que Armán les dijo, los niveles superiores se han interesado por ustedes, creemos que podrían ser buenas adiciones a nuestra pequeña comunidad. Queremos llevarlos al siguiente nivel- Ambos abrieron la boca para decir el honor que eso significaba y toda la demás basura protocolar pero Tomas alzó la mano para callarlos. –Deben saber antes que el interés no es suficiente, deben demostrar que pueden ser de utilidad para nosotros. Se nos ha encargado que los llevemos a una misión para ponerlos a prueba- De uno de sus bolsillos sacó unas laminas de metal del tamaño de una tarjeta, volteó la mano y las laminas no cayeron al suelo sino que quedaron flotando en el aire. Una a una se unieron hasta formar una tablilla que emanaba una luz azul que tomaba la forma de edificios. Hologramas. -Esa es la vieja ciudad- dijo Jared. Se dio cuenta muy tarde que había hablado en voz alta. Y en esas reuniones sólo se hablaba si te preguntaban algo. Pero nadie se vio insultado o salió de la oficina, al contrario, Tomás asintió. -Así es. Nuestros sacerdotes han encontrado una considerable cantidad de energía sobrenatural allí. Hasta donde sabemos es un demonio a cargo y varias criaturas bajo su mando. No sabemos qué hacen allí, no nos importa. Lo que sí importa es enviarlo al infierno, lo más profundo que se pueda. Matar todo lo demás- En el holograma aparecieron varios puntos. Uno naranja y otros blancos, sus objetivos.

-Suena sencillo- dijo Jarek. Armán lo miró ofendido y Tomás sonrió como si hubiera dicho un chiste.
-No lo es- respondió Roden –Con estos tipos nunca lo es. Dile lo demás, Tomás y terminemos con esto. Me toca hablar con ellos-

-Este demonio ha estado ocupado, ha recolectado poderes, uno de ellos muy útil: Puede ver el futuro. De una manera muy limitada, pero lo suficiente para que sea una molestia para nosotros. Esta no es la primera vez que tratamos de atraparlo, cada vez que estamos cerca de él se nos escapa. Cuando tomamos una decisión puede verla al momento. Aquí es donde toda esa inestabilidad e irresponsabilidad nos podría ser útil. Quizás ustedes podrían ser su punto ciego. Entonces ¿Contamos con ustedes?- Los gemelos respondieron con entusiasmo que sí -¡Muy bien! Salimos mañana en la noche- Y sin decir más salieron del estudio. En el momento en que cerraron la puerta su abuelo se levantó. 

-¿Saben? Siempre pensé que lo más estúpido que habría en sus vidas sería la decisión de su madre de nombrarlos como lo hizo. Pero al decir que sí a esa propuesta la han superado como no tienen idea-Los gemelos dejaron de sonreír. Su abuelo hablaba en serio, era más que obvio.

-Pero abuelo…

-¡¿Qué me van a decir?!- Ambos se estremecieron. Su abuelo era lo suficientemente intimidante sin levantar la voz. Cuando lo hacía era peor que la primera vez contra un demonio –La única razón por la cual dejé que hablaran con ustedes fue porque se supone que no tienen trato especial por ser mis nietos, tienen igual derecho de ser ascendidos como cazadores. Si hubiese quedado de mi parte los hubiese decapitado en el momento que me pidieron hablar con ustedes, pero este clan no se armó solamente siguiendo mis deseos. Contaba con que tuviesen la mínima inteligencia para negarse, para no acortar la ya corta vida de su rama laboral-
-Abuelo- Jared dio un paso al frente con las manos en alto, Jarek tragó grueso. Estaban pisando una fina capa de hielo, un paso en falso y ambos caerían en un doloroso baño de Roden Ross –No es una misión difícil, es algo que quizás hemos hecho cuatro o cinco veces. Tenemos esto ganado, créenos- Roden se masajeó el puente de la nariz y les dio la espalda, abrió uno de los muchos escaparates que tenía y sacó una larga y gruesa maleta. Mientras la abría siguió hablando.

-¿Han escuchado hablar de Jeremías, el carnicero?- los gemelos negaron con la cabeza –Eso es porque yo lo prohibí con pena de muerte- En cualquier otro momento eso hubiese sido una broma. 

–Jeremías fue un cazador de nivel tres, estábamos apenas estableciéndonos en esta ciudad, y él recibió el llamado. Tenía la misma cara de imbécil emocionado que ustedes dos. La misión que le propusieron delante de mí era algo sencillo: Ir, desterrar a un demonio y recuperar algo que había robado. El idiota aceptó y partieron de aquí un grupo de cinco cazadores y una sacerdotisa de la hermandad junto con Jeremías. Pasó un mes sin que nadie regresara, enviamos grupos de búsqueda pero nadie encontró ni siquiera un cabello, ni tumbas. Desaparecieron. Luego, un día Jeremías apareció en la puerta principal sin saber cómo llegó allí, dijo que lo único que recordaba era haber llegado al sitio de su misión y luego a la casa. Lo sometimos a todo tipo de pruebas, pasó por doctores, sacerdotes, psicólogos, curanderos, terapeutas, brujos y cada uno de ellos no encontró nada fuera de lo normal o que indicara que Jeremías mentía en su historia. Regresó a su vida como cazador y era como si nunca hubiese ocurrido nada. Una noche, Jeremías tomó su espada y fue pasando de habitación en habitación masacrando a todos los que encontraba, cortaba sus gargantas o los atravesaba como pinchos. Fui yo quien lo encontré, en el recibidor, rodeado de cuerpos, bañado en sangre, arrodillado frente al cuadro del ángel, rezando. Trató de enfrentarse a mí, terminó sin su cabeza. Nunca supe qué pasó, qué le hicieron. El pobre Jeremías terminó siendo un cuento de terror que los mayores usaban contra los niños. Desde entonces he odiado a esos malditos de los altos niveles, pero no por lo que le pasó a Jeremías sino por la indiferencia que mostraron con sus propias pérdidas. Ya no puedo hacer nada por ustedes, así que les pediré esto: Cuídense, no confíen en ellos y hagan lo que tengan que hacer para regresar con su familia- Roden bajó la mirada y tomó un momento para recuperarse. Esa historia siempre lo afectaba, la imagen del recibidor y Jeremías aún lo acechaba en las oscuras esquinas de sus sueños. Ahora se alimentaría del miedo de que uno de sus nietos, o ambos, fuese el próximo Jeremías.

Cada vello en el cuerpo de los gemelos estaba erizado, Jared y Jarek se miraron a los ojos, ya sin rastros de emoción o ilusión sino con una preocupación por el bienestar del otro. Su abuelo no se descomponía por cualquier cosa y verlo así les dijo que cada palabra que había salido de su boca era verdad y no algo para ponerlos en contra de la hermandad.

Los gemelos se tomaron de las manos.


Los humanos imaginaban el infierno de distintas maneras gracias a sus libros, películas y otros instrumentos para animar su imaginación. Lo que todas tenían en común era que el infierno es un lugar para sufrir. Las almas que eran enviadas allí por sus malos actos, la pagaban en un ciclo de amargura sin descanso. Las más fuertes llegaban a convertirse en demonios. El infierno estaba en un plano distinto al de la tierra, al igual que el cielo. La verdadera forma cambiaba pero básicamente era un desierto sin fin con varias secciones en que, como todo reino, se alzaban imponentes castillos, hogar de poderosos, sádicos y terribles demonios. Para los no tan poderosos, existían las cuevas, un laberinto donde el verdadero juego de poder ocurría. Mientras los señores del infierno, caballeros y la prisión de Lucifer se mantenían inmutables, en las cuevas siempre había el demonio que tenía su vista fija en ocupar uno de los enormes castillos. Sumando poderes para elevarse sobre los otros. Y ocasionalmente lo conseguía.

En una de las cuevas estaba Remigras. Un alma que había llegado al infierno por su avaricia y de la misma manera se había convertido en demonio. Ahora, había amasado una gran cantidad de poder y tenía a varios bajo su comando. En su vida humana había sido un doctor que tratando de alcanzar mayor fama comenzó a hacer experimentos en seres humanos, como demonio no había cambiado mucho. Siempre experimentando, nunca sin algo que probar. Remigras estaba sentado, sosteniendo su última creación con los dedos, admirando como la luz rojiza del infierno creaba una infinidad de tonos rojizos en el contenido del pequeño frasco. Tanto poder en tan poco espacio.

-Señor- el demonio que apareció se inclinó a manera de saludo –Ya está listo. Hemos enviado la señal- Remigras sonrió.

-¿De acuerdo a las especificaciones?-

-Sí señor, tal como lo instruyó- Remigras soltó una carcajada –Excelente Loredas ¡Excelente!- se levantó de la silla y se acercó a su súbdito, lo tomó de los hombros en una señal de emoción –Lo de esta noche será hermoso, por fin, nuestro trabajo será recompensado. En lo que llevemos a cabo este experimento, y sea exitoso, no pararemos de ascender hasta ser los que saquemos a Lucifer de su prisión. Y desde allí, los poderes nos lloverán- ambos demonios sonrieron y el súbdito se arrodilló ante su amo.

-Y será usted quien nos lleve a tal destino, amo, no tengo duda, pero… ¿Está seguro que esto funcionara? ¿Los cazadores…irán?- Por supuesto que sí pensó Remigras. Él sabía lo que su plan significaba para demonios no tan visionarios como él. Lo que los otros demonios tampoco tenían era un amigo dentro de los cazadores, alguien que había planeado cada paso de ese plan junto a él, alguien que le dijo qué hacer, cómo hacer y a quien acercarse, le había dado un sujeto de pruebas, le había dado todo. Porque cuando el poder en el pequeño frasco de liberara, sería una nueva era para el infierno, sería el final para el reino de los humanos, los cazadores y todo lo vivo que se pusiera en medio.

-Vete a preparar, Loredas. No querrás ser un mal anfitrión- El demonio no esperó algo que no conseguiría y desapareció. Remigras volvió a su asiento y continuó admirando el trabajo más grande de su existencia.



Era la octava vez que Jarek intentaba comunicarse con su hermano. El teléfono le daba esperanzas en un par de tonos pero luego lo enviaba al buzón de voz. Eso lo odiaba de su gemelo, no estar al pendiente de su teléfono cuando andaba revolcándose por ahí, especialmente si él estaba a punto de dar informe de su misión a su superior y éste esperaba verlos a ambos allí. Para empeorar las cosas, no era la primera vez que Jared dejaba plantado a su superior, tenía el desprecio del hombre bien ganado.

-Maldita sea, Jared, atiende o aparece- susurró luego del noveno intento fallido.

-Tu madre no te lavó la boca con suficiente jabón ¿verdad mocoso?- Jarek sonrió antes de voltear. Sólo una persona lo llamaba así.

-Aún vives, viejo. Me sorprende que tus gastados huesos hayan regresado en su empaque original en lugar de una urna. En mi opinión, hubiese sido una enorme mejora- Ambos hombres se dieron un fraternal abrazo entre risas. Al separarse, Jarek inclinó la cabeza en forma de salud y el viejo hombre puso su mano sobre ella mientras decía un par de oraciones en otra lengua. –Es bueno verte, Maximilián- El anciano de pronunciadas arrugas, larga cabellera blanca y semblante pacificó sonrió. Usaba un hábito de color blanco con detalles en negro.

-A ti también, Jarek. Pero veo que sigues teniendo los mismos problemas que cuando me fui- dijo señalando el teléfono en su mano. Jarek sólo se encogió de hombros.

Jarek y Maximilián eran amigos desde que el joven tenía memoria. Max, que era como lo llamaba cuando no había nadie alrededor para alarmarse por su atrevimiento, era un alto sacerdote. El único que había en su clan, una posición de casi tanto respeto como el de su abuelo, fundador y patriarca. Se decía que los altos sacerdotes se ganaban su titulo luego de haber sido tocados por un ángel, eso les daba una provisión infinita de energía vital, la materia prima de sus conjuros. Un sacerdote normal moría si sus conjuros drenaban toda su energía, para un alto sacerdote eso no era preocupación. De pequeño, Jarek se escurría hasta los aposentos de Max para verlo conjurar animales de luces de colores y que lo hiciera flotar en el aire. No tenía idea de cuantos años tenía Max de vida pero lo prefería así. No se imaginaba no tener a su amigo.

-¡Ross!- Jarek apretó los puños y maldijo en voz baja. Se volteó y afirmó con la cabeza

-Señor- Raeyan, su superior, de cabello negro liso, ojos de un gris intenso y mirada nada amable, lo examinaba de arriba abajo y al espacio vacío a su derecha, obviamente buscando a su gemelo.

-¿Dónde está tu maltrecha fotocopia?- Jarek tragó grueso. Si por algún milagro su hermano no aparecía, estarían limpiando el campo de entrenamiento y los alrededores de la mansión por décadas. Y si eso pasaba, Jarek planeaba convertirse en el único hijo varón de sus padres. Maximilián dio un paso adelante.

-Si me permite interrumpir, cazador Raeyan, estaba aquí para avisarle al joven Ross que su hermano está haciendo unas diligencias en mi nombre, que si podría excusarlo con usted, pero ya que estoy aquí, lo hago yo mismo- Maximilián le sonrió de forma descarada. Era una pobre mentira, Jarek lo sabía y Raeyan aún más, pero el tema con las mentiras no era lo que se dijera sino quien las dijera, y Max estaba en una posición de tanto poder que Raeyan nunca se atrevería a llamarlo mentiroso. Nadie en la casa, sólo su abuelo. Raeyan tenía la mirada cargada de frustración cuando fusiló a Jarek con ella.

-En lo que estés con tu hermano, vengan a rendirme cuentas- Se dio la vuelta y tiró la puerta de su oficina tras él.

-No debiste hacer eso. Raeyan seguro ira con el abuelo- Max se encogió de hombros.

-Debes cuidar de tu hermano, Jarek- Jarek soltó un par de cosas inentendibles en protesta. Maximilián siempre estaba con ese tema, y técnicamente ese no era su trabajo. De los dos, él era el menor por cinco minutos. Si alguien debía cuidar de alguien era su gemelo de él, pero sólo le daba dolores de cabeza.

Los pasos de alguien corriendo resonaban por la escalera principal. Max y Jarek se asomaron. Era Karena que subía a toda prisa. Fue el turno de Maximilián de decir cosas inentendibles en voz baja, se dio la vuelta y se adentró en los pasillos de la mansión. A diferencia de su hermano, a Maximilián de verdad le desagradaba Karena. Nunca había dado una razón y Jarek trataba de que eso no le molestara, no quería que eso interfiriera con su relación con alguno de ellos.

-¡Jarek!- le gritó su novia al verlo, aumentó la velocidad y se paró frente a él con una gran sonrisa.

-¿Qué pasa?-

-Quieren hablar contigo y con Jared… los hermanos, los han llamado- Jarek se quedó en silencio, la sorpresa lo hizo abrir los ojos tanto como pudo y el corazón alcanzó su máxima velocidad en latidos. En ese momento alguien entró por la puerta principal.


Jared entró al vestíbulo y dejó sus cosas en la mesa del recibidor, de pronto sintió que lo veían desde arriba. Y así era. Su gemelo estaba agarrado de la baranda con una expresión en el rostro que le dijo prácticamente todo lo que necesitaba saber. Una de las raras cosas de gemelos entre ellos.

-Maldición- susurro Jared antes de echarse a correr escaleras arriba.



Esa noche había muchas cosas acechando en las sombras, prestando particular atención a la joven que iba caminando por la calle desierta. Su cabello negro estaba recogido en una cola que llegaba casi a la mitad de su espalda, sus manos iban a los lados haciendo extrañas formas con los dedos y girando en ambas direcciones, se cubría del frio con una chaqueta de cuero y calzaba unas largas botas. Cuando pasó cerca del escondite de quienes la vigilaban, una casa en construcción, todas se lanzaron a atacarla. En lugar de correr, la chica sonrió y se quedo donde estaba. Una a una, las criaturas fueron cayendo en el suelo, impactadas por una fuerza invisible. Aún en el suelo, las criaturas se retorcían y buscaban atacar a la chica, que ya había dejado de sonreír y ahora los miraba con asco. Tenían forma humana pero con joroba, piel gris, uñas largas, afiladas, ojos inyectados de sangre y laceraciones por todas partes, pero lo que realmente los delataba era ese olor a piel pudriéndose. 

-Demonios carroñeros- dijo en voz alta con tono cansino. –Con razón no me dijeron qué era lo que íbamos a cazar. Los detesto- Dos jóvenes totalmente idénticos se le unieron. 

-Creo que no les agradas- dijo uno de ellos 

-No, es lo que estoy haciendo lo que no les agrada. Ese ruido que entra en sus cráneos y parece que va a vaciar su contenido por si solo-Respondió ella haciendo una mueca a los seres que se removían en el suelo. La chica dejó de mover las manos y acto seguido los carroñeros se calmaron, todos trataron de ponerse de pie y huir pero ninguno lo consiguió.

-Yo que ustedes no trataría. Lo que tienen dentro son balas de madera bendecidas, y según tengo entendido eso les duele de una manera muy maldita- Los gemelos les enseñaron sus revólveres con silenciadores. Los demonios entonces tomaron la única opción que les quedaba, tratar de luchar.

-Kare, termina con esto para irnos- ordenó uno de los gemelos.

-Sí, Arena, por favor- El otro gemelo se ganó miradas de reproche de su hermano y la chica. El nombre de ella era Karena, la idea de sus padres de honrar a Anna Karenina, la novela que hizo que se conocieran. En su opinión, hubiese preferido que honraran al escritor y la hubiesen nombrado Leona, de esa manera Jared, el gemelo de su novio, Jarek, no la atormentaría con cualquier variación estúpida que se le ocurriera. Luego de poner la palma de su mano contra el suelo y murmurar un conjuro en otra lengua, una puerta surgió de la tierra, al abrirse se tragó a los carroñeros a sus pies y luego volvió a la tierra.

Ellos tres eran cazadores, seres entrenados para acabar con aquello que acechaba en la noche a las personas. Desde espectros hasta demonios, ellos se encargaban de que nada convirtiera al planeta tierra en un espectáculo de sangre y vísceras regadas por todos lados. Ellos eran el tope de la cadena alimenticia sobrenatural. No eran humanos, los humanos no estudiaban conjuros ni tenían entrenamiento de armas blancas y de fuego desde los catorce años, pero tampoco llegaban a ser nada de lo que cazaban.

Jarek le pasó el brazo por encima de los hombros y ella se acurrucó a su lado. Jared hizo un sonido de desagrado y camino en dirección contraria a ellos.

-¿A dónde vas?- le preguntó su hermano

-A poner tanta distancia como pueda de ustedes antes de que me den ganas de comprobar que tan dolorosas son esas balas de madera- Jarek soltó una carcajada y le hizo un gesto de despedida con la mano.

-Hemos discutido esto mucho tiempo, pero ¿estás seguro que tu hermano no me odia?- Jarek sonrió. Su novia era demasiado insegura. Tenían dos años juntos y siempre le hacía la misma pregunta cuando su gemelo hacia algún comentario acerca de sus gestos cariñosos.

-No, Kare. Ya te lo he dicho mil veces, mi hermano no es de los que se enamora, por ende, es de los que repudia todo lo relacionado a eso. Seguro fue a buscarse a una de sus amigas para pasar el rato- Karena le dio una palmada en el pecho.

-Insulto a las mujeres- Jarek le estampó un beso antes de subirse a su auto. Su hermano no creía en el amor pero sí en el sexo. Y seguramente en cinco minutos alguna afortunada comprobaría qué tan creyente era.


El cuarto se llenó con los inconfundibles gritos de orgasmos, los dos participantes luchaban por recuperar el aliento para luego reírse mientras uno salía del otro y ambos caían totalmente cansados al lado del otro. Jared se limpió el sudor de su cara y se volteó hacia su compañero. La luz de la luna que llegaba desde la ventana encima de la cama hacía brillar las gotas de sudor en su cuerpo, su boca estaba entreabierta, sus labios estaban hinchados por los besos que no podía dejar de darle a esos perfectos labios, era adicto a todo él, desde sus besos hasta esa mueca que estaba haciendo al haberlo atrapado contemplándolo ¡por dios! Cómo amaba a ese hombre.

-Se ve cansado, señor Alexander- su amante le dio una enorme sonrisa y se acercó para darle un corto beso.

-Bueno, no que sea de su incumbencia, señor Jared, pero acabo de tener una maratónica y placentera sesión sexual con mi muy, muy, muy apuesto novio-

-¿De verdad? Porque lo he visto, y no parece tan apuesto- Jared extendió su mano y acarició el cabello castaño de Alex –No tanto como tú, al menos- Alex se subió sobre Jared y le dio una intensa y prolongada mirada con sus ojos grises que parecían brillar en la noche y negó con la cabeza. Alexander era su primera relación, él era su tercera, y Alex demostraba una devoción para con él aún mayor que la suya para el hombre que lo había enamorado perdidamente.

Jared lo abrazó por la cintura y los volteó, quedando él sobre Alex. Acerco sus labios a los de su novio hasta que solamente milímetros los separaban.

-Tengo hambre- susurró y luego se alejó para levantarse de la cama. Una almohada chocó contra su espalda mientras se dirigía a la pequeña cocina.

-No eres gracioso-

-¿De verdad? Y yo que pensaba que mi impecable sentido del humor me había conseguido la entrada a tu cama- respondió mientras buscaba ingredientes en la nevera.

-Quisieras tú. Si mal no recuerdo fui yo quien te atrajo hasta mi cama, y si sigues buscando más abajo en mi nevera harás que me levante y encuentre un nuevo uso al mesón y varios de esos instrumentos de cocina- Jared se agachó aún más, su desnudo trasero provocó el efecto deseado. Alex saltó de la cama y lo arrinconó contra la puerta de la nevera.

-Eres imposible- le susurro con la cara enterrada a un lado del cuello de Alex.

-Creí que eso era lo que te gustaba de mí-

-Lo es- Alexander era quien se llevaba el crédito por su noviazgo. Jared le había dado infinidades de negativas a sus coqueteos pero él nunca se rindió. Y Jared agradecía eso cada minuto que pasaba a su lado. –A veces siento que en realidad soy uno de los seres que cazas y estás aquí como carnada para matarme de lujuria- Otra de las ventajas de Alexander era que sabía la verdad acerca de él y de su familia, lo que hacían. Alex había sido testigo de un enfrentamiento de él y su hermano contra un par de hombres lobo que estaban masacrando personas cerca del bar donde trabajaba y seguramente lo hubiesen matado y arrancado el corazón de no ser por él y su gemelo.

Alex pasó la yema de los dedos por las cicatrices en la espalda de Jared, recuerdo del día en que se conocieron. Jared lo resguardó de ser mutilado por las garras de uno de los hombres lobo. Él era su hombre valiente, su caballero de brillante armadura, a su lado se sentía totalmente seguro. Cosa que era muy graciosa considerando que él tenía veintisiete y Jared veintidós. Su amante se alejó de él, fue hasta la cocina y encendió la hornilla. Esa no era una respuesta normal en él, que sucumbiera a sus caricias y se amaran allí mismo en el piso lo era, pero si Jared tenía hambre no había mucho que él pudiera hacer. Después de todo, fue por la comida que él dio el primer paso para entrar en el corazón de Jared Ross.


Varios kilómetros fuera de la ciudad había una mansión que había visto mejores días, el tiempo no la había tratado con gentileza y ahora sólo esperaba que algún demoledor acabara con ella, pero su abandono la hacía perfecta para quien, en su interior, estableció sus dominios. Un demonio con un plan. En el centro de la desolada casa estaba parado, sosteniendo en sus manos una pequeña botella con un sustancia viscosa, de color purpura que desprendía un intenso brillo rojizo. Todos los experimentos, el tiempo cavando en las cuevas más profundas del infierno, todo por fin daría pago. Ahora solamente necesitaba probarlo. Al sonreír, sus dientes se tornaron de color rojo sangre. Desapareció, dejando el mar de cuerpos inconscientes en el piso de la abandonada casa.

¡Hola chicos!

Decir que he estado ocupado es darle "replay" a un disco viejo. Así que me saltaré eso y diré que ya tengo al próxima precuela que ira aquí. Les dejo una imagen para ir calentando su imaginación

 El titulo aún está en trabajo. El que me tiene ahorita en discusión es uno en la onda de "Mi Amiga" pero no creo que vaya. De todas maneras en casi seguro que en lo que elija titulo, el primer capítulo llegué aquí. Lo que si es seguro es que esta historia es de mi terreno predilecto. Nada de dramas humanos, aquí tratamos con cosas para nada humanas. El drama...bueno, creo que de alguna manera de cuela. 

Poquita paciencia. Ya conoceran a Jared y Jarek.