<center>Mi amiga, la fiesta</center>

Gustavo Alcantara estaba sentado en la sala de su casa, como era costumbre con un libro en las manos y un vaso con whiskey en la pequeña mesa a su lado, esa noche sin embargo había algo fuera de lo usual, su esposa Leticia caminaba por toda la casa con su celular a cubierto entre sus manos. Eso le molestaba, no tanto por el sonido de sus pasos que sí interrumpía su lectura sino por lo que sea que la tuviera tan nerviosa. Algo así no podía ser bueno porque a su esposa nada la ponía nerviosa....

<center>Mi amiga, la amistad</center>

-¡ALBERTO! ¡YA LLEGARON TODOS!- Alberto saltó de la cama, tomó la primera franela que tuvo a la mano y se la puso. Era domingo, el mejor domingo, el último domingo del mes. Darío y sus amigos se reunían en casa del doctor a asar carne y pasar el día. A Alberto le gustaba estar con ellos, eran tan buenos como Darío y siempre tenían que ver con él. Era como si lo hubiesen aceptado en su círculo de amistad y entre todos lo cuidaran. Alejandro, el policía, fue el primero en verlo bajar las escaleras....

<center> Mi Amiga, la madre </center>

Leticia Alcantara se acomodó los lentes de sol en el carro y tomó una bocanada de aire antes de salir. Tenía mucho tiempo sin ir a esa parte de la ciudad, la que la vio nacer. Antes de ser la respetable y renombrada en sociedad que todos conocían, había sido Leticia Artiga, niña, de barrio pobre, ingenua y sin nada en la vida. Nada que valiera la pena recordar. La plaga que estaba en la vida de su hijo debía ser eliminada, lo que la empujó a volver a ese sitio, porque pasaba que ella conocía...

<center>Mi Amiga, la loquera</center>

Amanda estaba sentada con las piernas cruzadas y escuchaba atentamente a su paciente. No había nada nuevo para ella trabajar, sólo lo mismo de las últimas dos semanas. Su paciente estaba tratando de no hablar de algo, lo sabía, pero antes de interrumpir el monologo que tenía la alarma de vibración en su bolsillo se disparó indicándole que la hora de terapia había acabado. -Muy bien, Martín. Creo que hemos hecho un poco de progreso hoy, pero quiero que la semana que viene me hables de eso que...

<center>Mi amiga, la promesa</center>

Alberto estaba sentado debajo de un árbol, la luz del sol estaba muriendo y las ramas se movían lentamente al ritmo del viento de la noche que se acercaba. Lloraba en silencio, como siempre lo había hecho cuando se trataba del dolor que llevaba atrapado en su pecho y lo había estado acompañando desde tan temprana edad. La discusión entre el doctor y su madre era su culpa. Era lo que siempre hacía, encontraba algo bueno y lo volvía malo. Su familia, su relación con Ricardo y ahora el desacuerdo...

<center>Muchas disculpas</center>

Me quiero disculpar con ustedes por dejarlos colgados en mitad de la historia de Alberto. Yo también tengo un drama propio llamado Universidad y con apellido Tesis. Les prometo que tan pronto como tenga un tiempito me dedico a darle rienda suelta a la verborrea de Alberto y que les termine de contar esta parte de su historia. Espero que hayan disfrutado de los capítulos que van hasta ahora. Tenganme un poco de paciencia. Muchas gracias por leer...

<center>Mi amiga, la convivencia</center>

Los primeros días en casa de Darío fueron muy incómodos, las primeras semanas fueron mejorando, para mitad de mes ya él y Alberto tenían una rutina, aunque no mucho intercambio de palabras. El único inconveniente pasó estando Darío fuera de la casa. Ana María se apareció en el porche gritando por Darío, Alberto la escuchó, salió y la corrió de ahí. Para Darío eso no había sido inconveniente, lo que ocasionó, sí. Su madre llegó a los dos días. Por suerte, esta vez estaba Darío en casa. Ambos...

<center>Mi amiga, la ayuda</center>

Darío llegó al hospital con una caja cargada de envases con café. A medida que iba recorriendo los pasillos los iba entregando a enfermeras y doctores, la mayoría de ellos había pasado toda la noche allí de guardia. Él también pero en la clínica al otro lado de la ciudad. -Tú deberías estar en tu casa, durmiendo. Ya sacaste a la peste de ahí- Darío rio y le entregó el último café en la caja a Dorotea. –Creí que tú no tomabas café- Dorotea señaló a otro envase en la caja- -No, no...

<center>Mi amiga, la soledad</center>

Darío se subió al carro con una sonrisa en la cara. Acababa de cambiar todas las cerraduras en su casa, cuando Ana María regresara no iba a poder entrar y todas sus cosas las encontraría en el porche. Si no se quería ir por las buenas entonces tendría que ser por las malas. Darío no tenía planeado recurrir a eso pero luego de Ana María se presentara en su trabajo haciendo una escena delante de todo el mundo…eso fue demasiado. Su celular vibró por el mensaje de texto entrante. Está entrando...

<center>Mi amiga, la vergüenza</center>

-¡Ya, mamá! No discutiré más contigo. No voy a ser el güevón de nadie. No me voy a casar con Ana María, ni quiero saber más de ella. Chao- Darío trancó antes de que su madre replicara algo. No lo dejaría en paz, sabía eso pero por el momento tendría paz. Aunque su madre le había confirmado que Ana María seguía en su casa. Tenía que reunir mucha paciencia para sacarla. Eso o dejar que Dorotea fuese a sacarla a patadas como se lo había ofrecido.  -¡FUERA DE AQUÍ, FUERA, NO LA QUIERO AQUÍ!-...

<center> Mi amiga, la extraña</center>

Darío pisó otra vez el acelerador del carro. El motor rugió manifestando como se sentía el doctor por dentro, las gotas de lluvia golpeaban el vidrio delantero con tal fuerza que parecía que lo atravesarían. Esa era la única manera que tenía de drenar la ira que llevaba dentro, la rabia de llegar a su casa y ver a tu prometida en la cama con otro tipo. Darío nunca había sido una persona violenta pero en ese momento se preguntaba cómo había salido de su apartamento sin las manos llenas de sangre...

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